El sacerdote debe vivir con la mirada fija en Pedro

El cardenal Piacenza en el Colegio Sacerdotal Tiberino

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ROMA, martes 25 de octubre de 2011 (ZENIT.org).- El pasado sábado 22 de octubre, el cardenal Mauro Piacenza inauguró con una solemne eucaristía el año académico en el Colegio Sacerdotal Tiberino de Roma, una residencia confiada a la prelatura del Opus Dei donde estudian sacerdotes de todo el mundo. El prefecto de la Congregación para el Clero animó a los residentes a “vivir con la mirada fija en Pedro”, en medio de un mundo donde los sacerdotes son “extranjeros”.

Partiendo de la primera lectura del domingo, el cardenal Piacenza afirmó en su homilía que no sólo los judíos fueron extranjeros durante un tiempo en Egipto, sino que hoy el sacerdote “es necesariamente extranjero en un mundo que no reconoce a Dios y que está inmerso en la cultura de la muerte y del placer, donde sólo hay lugar para el poder y el dinero”.

El sacerdote, sin embargo, no debe lamentarse porque esto constituye la esencia de su ministerio, la razón de ser sacerdote en el mundo, “el indicador de su fidelidad a Cristo y a la Iglesia”.

Para este objetivo son necesarios años de estudio en la Ciudad Eterna, para “ampliar la mirada sacerdotal hasta los confines del mundo, de manera que todos los hombres se puedan encontrar con Cristo”.

Un objetivo que el cardenal ha llevado siempre en el corazón y que siempre ha deseado para todos los sacerdotes desde los primeros años de su ministerio y ahora como Prefecto de la Congregación para el Clero ha afirmado: “Pedí a la Virgen de la Guardia, patrona de Génova cuando era joven, que me dejase hacer algo por los sacerdotes y he aquí que toda mi vida me he encargado de alguna manera de ellos. ¡La Virgen es muy lista!”.

Después de la eucaristía la jornada continuó con una cena y con una pequeña fiesta en la que no faltaron cantos y espectáculos teatrales interpretados por residentes del Colegio.

Actualmente en el Tiberino residen 37 sacerdotes de más de veinte naciones de los cinco continentes.

Todos ellos estudian en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, y han sido enviados por sus obispos para formarse en la Ciudad Eterna y así poder servir mejor en sus diócesis en el futuro.