El satanismo, expresión de la precariedad de la sociedad

Afirma el padre Arboleda experto del Observatorio Pastoal del CELAM

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BOGOTÁ, lunes, 21 julio 2008 (ZENIT.org).- En los últimos años, el fenómeno del satanismo ha reaparecido en formas llamativas. El padre Carlos Arboleda, experto del Observatorio Pastoral del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en estos temas, explica este fenómeno se ha convertido en una expresión de la precariedad de la sociedad.

Para comprender mejor este satanismo activo lo clasifica en tres categorías: satanismo de adolescentes, satanismo ácido y satanismo racionalista.

El satanismo de adolescentes, explica el Observatorio Pastoral del CELAM, es propio de personas pre o adolescentes, que forman grupos satánicos, aunque no conocen nada de satanismo.

Lo hacen llevados por curiosidad y movidos por una búsqueda de identidad y de autoafirmación frente a los adultos. Generalmente van en búsqueda de afectividad y de socialización. Sus costumbres son reunirse los viernes por la noche, tomar licor, escuchar música rock, y con algún iniciado en el satanismo, van profundizando el conocimiento de la filosofía del grupo. A veces, si hay un adulto, es él quien los inicia en actos inmorales; este adulto generalmente tiene dificultades psicológicas o éticas.

El satanismo ácido reúne a personas que ya ejecutan actos más graves como consumo de drogas, realización de actos sexuales y orgías, y posiblemente actos delictivos. Generalmente son jóvenes, en alguna manera de conducta desviada, que escogen ese comportamiento como manera de agregarse y de expresar poder ante sus coetáneos o el grupo social. Generalmente no conocen la teoría del movimiento satanista, sino que utilizan el nombre para crear temor o miedo entre las demás personas.

El satanismo racionalista es propio de personas cultivadas intelectualmente, que generalmente han leído obras de Nietzsche y Crowley. Su satanismo es fruto de una opción personal y de una filosofía de vida. Son personas comunes y corrientes, no realizan necesariamente rituales y no entran en conflicto con el grupo social en el que se mueven. Simplemente no están de acuerdo con los convencionalismos culturales, religiosos o legales de la sociedad actual. Este sería el auténtico satanismo con motivaciones filosóficas.

Ante esta realidad, se presentan dos interpretaciones. Una, antisatánica, que cree que el satanismo es como una mafia que está organizando un complot contra las buenas costumbres, contra la iglesia y contra las religiones. Se crea el rumor-pánico que produce noticias alarmantes. En otras palabras, sería el flagelo apocalíptico del Anticristo hecho realidad.

Se trata de una exageración, llevada a cabo dentro por grupos fundamentalistas cristianos, aunque sí hay actos cometidos por grupos satánicos, pero no en la proporción que ellos calculan.

La otra interpretación lleva a una actitud más crítica y más real. El satanismo no es la obra maestra de la multinacional del mal, sino la expresión de la precariedad de la sociedad.

La falta de afecto en la familia y la destrucción de la misma, la marginalidad y la exclusión sociales, y el vacío espiritual de una sociedad competitiva, consumista e individualista, son el caldo de cultivo del satanismo.

"Los adolescentes que crecen sin la presencia de los padres, los jóvenes que no han tenido oportunidades en la vida, y la falta de una genuina experiencia religiosa en un medio voraz, crean las bases para la aparición de la ideología satánica como medio compensador de carencias o expresión de esa carencia", concluye el Observatorio Pastoral del CELAM.