El Sermón de las Siete Palabras en la radio estatal de Cuba

Por primera vez en cincuenta años

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HOLGUIN, sábado 30 de abril de 2011 (ZENIT.org).- Este viernes santo, y por primera vez en más de cincuenta años, se transmitió, por las ondas de radio estatales cubanas una reflexión sobre las Siete Palabras de Jesús desde la Cruz.

El predicador fue el obispo de la diócesis Holguín las Tunas Emilio Aranguren Echeverría y su voz fue escuchada a través de las emisoras de Holguín y Tunas, Radio Angulo y Radio Victoria, en la zona nororiental de la Isla.

La emisión se inició con un comentario de la locutora de Radio Angulo, seguido de una cortina musical con una canción que usa palabras del poeta cubano José Martí: “En la cruz murió el hombre un día; pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días".

Al finalizar la transmisión, el mismo obispo quedó “sorprendido por la cantidad de personas que han llamado al Obispado para dar las gracias, felicitar, expresar su contentura por las Siete Palabras. Incluso, en algún caso, añadieron comentarios a frases específicas que yo había comentado”, declaró a ZENIT monseñor Aranguren.

El prelado cubano inició su reflexión identificándose como el obispo de la Iglesia Católica en las dos provincias, y recordó que se celebraba el viernes santo, “día en el que Jesucristo entregó su vida en la Cruz para restaurar el daño que el pecado del hombre había ocasionado a la creación”.

Comentó que las siete palabras de Jesús fueron dichas desde el dolor y el sufrimiento “para aliviar y consolar. Son palabras de amor y de vida. Palabras que nos abren el camino a la Resurrección”.

Dirigiéndose familiarmente a cada radioyente les habló al corazón: “Queridos hermanos, bien sabemos que no hay nada mejor que una palabra oportuna. Esa palabra que recibimos en el justo momento, en la hora que más lo necesitamos. Es cuando uno dice: 'eso era lo que yo necesitaba escuchar'”.

Recordó que vivimos en el siglo de las comunicaciones y de la velocidad de los medios de información, y diariamente nos llega un caudal de mensajes llenos de muchas palabras con las que tratamos de comprender lo que pasa en nuestro entorno; también solemos decir:¡Mira que se dicen tantas cosas… como si el mundo cambiara con esto!".

Pero subrayó que, durante la Semana Santa, los cristianos tienen la oportunidad de escuchar una vez más la Palabra de Dios, y en especial, las palabras de Jesús en su Pasión y Muerte. Y se preguntó: "¿Qué tienen las últimas palabras de Jesús desde la Cruz, que no se las lleva el viento? Son palabras tan bien dichas y tan acertadas que nos hacen esperar en la vida y la resurrección, por lo tanto, son palabras de vida y esperanza que tanto nos hacen falta”.

Al hilo de cada una de las palabras de Jesús, el obispo se refirió a situaciones concretas que vive el pueblo cubano: Habló de la necesidad del perdón, como camino que da vida y esperanza. Les invitó a escuchar la palabra de Jesús: 'Hoy estarás conmigo en el paraíso'”.

Preguntándole a cada oyente "¿A qué te invita, qué camino te muestra, qué esperanza te da?", les recordó que “Jesús nos dejó una comunidad de vida y esperanza junto a su madre María. A buena hora, en medio de la desolación, cuando todos habían huido, Jesús dice al discípulo: 'Ahí tienes a tu Madre'. Jesús nos quiere hermanos y desea que permanezcamos unidos".

Y en esta palabra sobre María recordó el paso de la imagen de la Virgen de la Caridad por toda Cuba, con la oración ¿la Caridad nos une?”. Ante la palabra de Jesús: "Tengo sed", el obispo recordó la sequía en el campo cubano. “La tierra pide a gritos el agua. En otros lugares hay desastres por inundaciones…”

Señaló la fe como única fuente de donde brota todo porque, sin fe, la sequía espiritual de la persona se convierte en un desierto de valores.

“Necesitamos refrescar un poco, encontrar fuentes de vida y esperanza. La sed de Jesús en la cruz fue la sed de Dios. Como cubanos necesitamos a Dios. ¡Qué refrescante es Dios en el duro vivir de cada día, en medio de todo lo que tenemos que afrontar en la vida diaria de la familia y del trabajo. Señor, tenemos sed… sed de Dios. Refréscanos en esta hora que vivimos. ¡Danos vida y esperanza!”, pidió el prelado cubano.

Monseñor Aranguren se refirió a los momentos de desesperación que pueden llegarle al ser humano que se siente abandonado: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué?".

“¡Qué sincera y conveniente esta palabra para tantas personas que tímidamente se están preguntando por Dios! --comentó, al tiempo que oraba en voz alta--: “Señor Jesús, que sentiste el abandono en lo que humanamente era imposible y que llamaste a Dios Padre en esa hora, enséñanos a acudir a Ti en nuestros momentos difíciles en los que no vemos la luz de la vida y la esperanza”.

Ante la palabra de Jesús “Todo está cumplido”, invitó a los oyentes a pensar en su propia vida. “Es la hora de Dios en nuestras vidas… Es ver cumplido que, todos los cubanos somos hermanos. Es ver cumplido el sueño de Dios en que nos reconciliamos unos con otros, nos perdonamos y somos mejores cada día", dijo.

"Qué bueno que cada uno de nosotros al llegar la noche y antes de dormirnos podamos decir: 'Todo está cumplido', hoy todo lo hice bien… Siento vida y esperanza para vivir mañana. Señor, enséñanos a decir contigo desde la cruz: 'Todo está cumplido'”.

Comentando la última palabra, el obispo subrayó: “Necesitamos ponernos en manos de Dios Padre”. Lo que equivale  a “poner toda nuestra vida y esperanza en El y decirle: “'Padre, en tus manos pongo mi espíritu'”.

Invitó a confiar “en la fuerza de Cristo que, desde la Cruz nos salva, y, al entregar su vida por nosotros, nos permite que nosotros tengamos vida en abundancia. Y concluyó invitando a rezar el padrenuestro y a recordar que el día de viernes santo, decimos: "¡Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo!".

Por Araceli Cantero Guibert