El Sínodo afronta la cuestión de la comunión para cristianos de otras confesiones

Intercomunión y hospitalidad eucarística

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 3 octubre 2005 (ZENIT.org).- Entre los temas expuestos para el debate del Sínodo sobre la Eucaristía este lunes, el relator general, el cardenal Angelo Scola, expuso la cuestión de la «intercomunión», es decir, la posibilidad de que cristianos no católicos puedan recibir la comunión eucarística.



En su «relación antes de la discusión» («relatio ante disceptationem»), el patriarca de Venecia reconoció que se trata de «un problema pastoral muy delicado», que permite comprender mejor «el inseparable nexo entre Eucaristía e Iglesia».

«La causalidad de la Eucaristía sobre la Iglesia (la Eucaristía hace la Iglesia) es esencial y prioritaria con respecto a la de la Iglesia sobre la Eucaristía (la Iglesia hace la Eucaristía)», aclaró en este sentido.

Recordando que ya hay numerosos estudios sobre la materia, destacó ante todo «la sustancial comunión de fe entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas sobre el tema Eucaristía y sacerdocio, comunión que, a través de una mayor y recíproca profundización de la Celebración Eucarística y de la Divina Liturgia, está destinada a crecer».

«Se debe además recibir positivamente el nuevo clima a propósito de la Eucaristía en las comunidades eclesiales nacidas a partir de la Reforma. Según diversos grados y con alguna excepción, también tales comunidades subrayan cada vez más el carácter decisivo de la Eucaristía como elemento clave en el diálogo y en la praxis ecuménica», recordó el patriarca.

Por este motivo, indicó, se puede entender que, aún después de los pronunciamientos del Magisterio sobre este tema, «no cesa de presentarse la siguiente cuestión: la “intercomunión” de los fieles pertenecientes a diversas Iglesias y comunidades eclesiales, ¿puede constituir un instrumento adecuado para favorecer el camino hacia la unidad de los cristianos?».

«La respuesta depende de una atenta consideración de la naturaleza de la acción eucarística en toda su plenitud del misterio de la fe. La celebración eucarística, de hecho es por su naturaleza profesión de fe integral de la Iglesia», respondió.

«Sólo cuando vive la plena profesión de fe apostólica en este misterio, la Eucaristía hace la Iglesia. Si es la Eucaristía la que asegura la verdadera unidad de la Iglesia, una celebración o una participación en la Eucaristía que no implique el respeto de todos los factores que llevan a su plenitud, terminaría, más allá de toda buena intención, dividiendo, posteriormente y desde el primer momento, a la comunidad eclesial. La intercomunión, por lo tanto, no parece un medio adecuado para alcanzar la unidad de los cristianos», respondió Scola.

Esta afirmación sobre la intercomunión no excluye que, «en circunstancias totalmente especiales y respetando las condiciones objetivas, se puedan admitir en la comunión eucarística, en cuanto "panis viatorum" [pan de los caminantes, ndr.], individualmente a personas pertenecientes a Iglesias o comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia católica».

«En este caso el necesario rigor eclesial exige que se hable de hospitalidad eucarística --explicó el cardenal--. Estamos en presencia de la solicitud pastoral (histórico-salvífica) de la Iglesia que sale al encuentro de una especial circunstancia de necesidad de un fiel bautizado».

«En estos casos la Iglesia católica admite en la comunión eucarística a un fiel no católico si éste lo pide espontáneamente, si manifiesta su adhesión a la fe católica en lo relativo al sacramento eucarístico y está espiritualmente bien dispuesto», recordó.

Las problemáticas que subyacen a la inadecuada categoría de “intercomunión” y la praxis de la hospitalidad eucarística urgen al Sínodo a realizar una ulterior reflexión, a partir del intrínseco nexo entre Eucaristía e Iglesia, sobre la relación entre comunión eucarística y comunión eclesial, propuso el relator.

El purpurado italiano concluyó explicando que «el no poder acceder a la concelebración eucarística y a la comunión eucarística por parte de los cristianos de diversas Iglesias y comunidades eclesiales y el carácter de excepción de la hospitalidad eucarística, no pueden ser sólo causa de dolor; más bien deben representar un estímulo permanente para la continua y común profundización del misterio de la fe que exige de todos los cristianos la unidad en la integral profesión de la fe».