El Sínodo trae esperanza para África y para la pastoral de la salud

Entrevista a monseñor Jean-Marie Mpendawatu, subsecretario del Consejo Pontificio para la Salud

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo 26 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Después de veinte años de trabajar como oficial del Consejo Pontificio para la salud, monseñor Jean-Marie Mpendawatu, nacido en República Democrática del Congo, recibió el pasado mes de septiembre una llamada inesperada mientras se encontraba de visita en su continente. “Usted ha sido nombrado subsecretario del Pontifico Consejo para la salud”. Confiesa que el hecho le cogió de sorpresa.

Durante su vida sacerdotal, monseñor Mpendawatu se ha encaminado siempre a la pastoral en los hospitales, trabajando como capellán en varios centros de salud, tanto en su país como en otras naciones de Europa y Canadá.

ZENIT habló con el nuevo subsecretario del Pontificio Consejo para la Salud sobre su recién estrenado cargo, y sobre las esperanzas que trae el Sínodo de África, tanto para su continente como para la pastoral de la salud.

-¿Cómo recibe su nombramiento como subsecretario del Pontificio Consejo para la Salud?

Monseñor Mpendawatu: En mi diócesis, el nombramiento ha sido recibido como una de las gracias de este Sínodo. Incluso alguien ha dicho que, después del viaje del Papa, se ha visto la situación de los pobres y los enfermos africanos, y que este nombramiento quiere mostrar que África está en el corazón de la Iglesia.

-¿Participó de algunas discusiones del Sinodo? ¿cómo vio su desarrollo?

Monseñor Mpendawatu: El nuevo presidente de este dicasterio monseñor Zygmunt Zimowski sí ha participado. Yo me he encontrado con algunos obispos y he ido a dos sesiones.

Creo que la experiencia ha sido positiva porque el Sínodo es un momento fuerte de comunión episcopal y de fraternidad. De compartir la responsabilidad de la Iglesia.

Pienso que la presencia del Papa, el sucesor de Pedro, que hace la comunión con todas las iglesias y las diócesis, así como el poder orar juntos, discutir y buscar soluciones, son elementos que refuerzan la colegialidad episcopal, que de afectiva, pasa a ser efectiva.

Ha sido una oportunidad para tener presente las alegrías, las luces, las esperanzas de una Iglesia como la de África que, a pesar de todos sus problemas, avanza desde el punto de vista de la profundización de la fe.

La Iglesia está muy comprometida para que haya más personas que se adhieran a Cristo. No olvidemos que en África hay nuevos catecúmenos. Muchos ex paganos que se bautizan. Se hace así un trabajo misionero que continúa.

-¿Y qué piensa del contenido de las discusiones en cuanto a la pastoral de la salud?

Monseñor Mpendawatu: En muchos países africanos, alrededor del 60% de las estructuras hospitalarias son de la Iglesia o de comunidades religiosas. Prestan servicios de salud a pacientes de todas las religiones.

La cuestión de la salud no es una opción. Es un deber, un mandato del Señor. Es un binomio que comprende también la catequesis. Hacer conocer el nombre del Señor. En su nombre está la salvación. Jesucristo es verdaderamente médico de cuerpos y almas. La Iglesia cuando hace misiones busca curar los cuerpos y las almas. También en los países desarrollados la Iglesia debe humanizar y evangelizar la salud.

-Háblenos de la educación sexual en África: en Uganda hay un plan educativo sobre Abstinencia, fidelidad y el preservativo como última vía. ¿Cómo lo ve usted, como africano y como subsecretario del Pontificio Consejo para la Salud?

Monseñor Mpendawatu: Se ha hablado mucho de la experiencia tanto de Uganda como de otras comunidades donde hay programas de lucha contra el sida. Están centrados en la prevención, la información correcta, el virus y el contagio. Luego les hablan sobre la fidelidad conyugal permanente, la abstinencia y la castidad. Esto se da también con la ayuda de las comunidades eclesiales de base. Hay pues una educación que tiene en cuenta la fe, la moral y sobre todo, la educación para madurar de manera responsable.

Otro aspecto es el del valor de la familia, que forma parte de nuestro genotipo cultural y antropológico. Pero a nosotros nos llegan los “residuos tóxicos” de los que nos ha hablado Benedicto XVI.

-¿Cómo desarrollar estos programas cuando se vive tanto la poligamia?

Monseñor Mpendawatu: Hablando personalmente, yo he visto que las generaciones de mis padres, de mis abuelos que están entre los primeros bautizados, no han conocido nunca la poligamia. Antes de la generación de mi abuelo, cuando no habíamos sido evangelizados, sí había mucha poligamia pero ya hay tres generaciones donde no encuentro polígamos. El cristianismo nos ha ayudado.

-¿Qué espera de este Sínodo tanto para su continente como para la pastoral de la salud?

Monseñor Mpendawatu: En África hay, por varias razones, guerras y conflictos. El tema de la paz es fundamental. Hay divisiones, separaciones entre grupos, etnias y políticas. Las familias que han perdido los suyos, permanecen con este sufrimiento. Además nuestros países son jóvenes. Tienen 40 ó 50 años desde la independencia. El tema de este Sínodo es justicia, paz y reconciliación.

A través de la sanidad, el apostolado de la misericordia, la Iglesia ayuda a sanar algunas de estas dificultades.

En lo que tiene que ver con el sida, hay varios institutos y asociaciones – de diversas confesiones - que trabajan en este sector. Creo que podemos luchar juntos y tener así más fuerza para pedir a los gobiernos que ayuden a la población y que atiendan los problemas de primera necesidad.

Pienso que puede ser una gran esperanza, que debe salir al final del Sínodo y que, a través de la sanidad, podemos contribuir a la reconciliación en África. Con Dios y con los demás. Para que en este continente haya siempre más justicia. Sin justicia, es difícil acceder a la salud. Hay derechos que no se pueden hacer esperar.

[Por Carmen Elena Villa]