El terrorismo exige de los católicos una cultura de diálogo; dice el Papa

Discurso a los miembros del Centro Cultural Juan Pablo II, Washington

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CIUDAD DEL VATICANO, 7 noviembre 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II está convencido de que la ola de terrorismo que sacude a Estados Unidos hace más importante todavía la tradición de diálogo y respeto entre culturas y religiones que caracteriza a los católicos de ese país.



Este fue el mensaje que ofreció el pontífice, en la tarde de este martes, al recibir a unos noventa miembros, administradores y bienhechores del Centro Cultural Juan Pablo II, inaugurado en el campus de la Universidad Católica de América, en Washington, el pasado mes de marzo.

El Centro [ http://www.jp2cc.org], considerado por el Washington Post (11 de noviembre de 2000) como una de las obras arquitectónicas más «imponentes» de la capital estadounidense en los últimos años, ofrece un museo con exposiciones interactivas, así como conferencias sobre el Magisterio papal.

«Los trágicos acontecimientos que han sacudido a la comunidad internacional en los últimos dos meses nos han hecho conscientes una vez más de la fragilidad de la paz y de la necesidad de construir una cultura de diálogo respetuoso y de cooperación entre los miembros de la familia humana», constató el Papa en su encuentro con los católicos estadounidenses.

Por eso, añadió, «confío en que la comunidad católica en Estados Unidos siga manteniendo el valor del entendimiento y del diálogo entre los seguidores de las religiones del mundo».

«Como sabéis, el compromiso de la Iglesia con este diálogo se inspira en último sentido en su convicción de que el mensaje del Evangelio tiene el poder para iluminar todas las culturas y ser levadura de unidad y paz para toda la humanidad», aseguró.

«En un mundo de creciente pluralismo cultural y religioso --aclaró el obispo de Roma--, este diálogo es esencial para superar trágicos conflictos heredados del pasado, y para asegurar el nombre del único Dios sea cada vez más, como ya es de por sí, un nombre de paz y un imperativo de paz».

Este es, concluyó, un desafío decisivo que debe afrontar el Centro Cultural Juan Pablo II.