El testimonio veraz de la autoconciencia de la Iglesia

Catequesis para la familia, semana del 17 de noviembre de 2013

Toledo, (Zenit.org) Luis Javier Moxó Soto | 592 hits

El testimonio veraz de la autoconciencia de la Iglesia hasta el final de los tiempos podría ser el tema principal de la “catequesis bíblica” que nos sugieren el Evangelio (Lc 21, 5-19) y las demás lecturas (Mal 3, 19-20ª; Sal 97; 2 Tes 3, 7-12) del domingo de esta XXXIII semana de Tiempo Ordinario, que hemos celebrado en España la Jornada de la Iglesia diocesana con el lema “La Iglesia con todos, al servicio de todos”como apoyo a los más de 19.000 sacerdotes que ayudan en ciudades y ámbito rural a todos.

Desde esta autoconciencia, como expresa el Papa Francisco, el verdadero poder es el servicio humilde de quien se sabe elegido por Cristo. En la basílica de San Pedro (siervo de los siervos de Dios), su cúpula, la más alta del mundo (136,57 m.), tiene grabado en su perímetro interior -en latín- el ministerio petrino, con letras de dos metros de altura, tomado de Mt 16, 18-19a: “TV ES PETRVS ET SVPER HANC PETRAM ÆDIFICABO ECCLESIAM MEAM ET TIBI DABO CLAVES REGNI CÆLORUM” (“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y te daré las llaves del Reino de los cielos”). Con el sucesor de Pedro, roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia, somos piedras vivas y miembros de su Cuerpo. El lunes 18 celebramos la dedicación de esta basílica junto con la de San Pablo Extramuros. Un dato: en la cita latina anterior se omite la importante afirmación conclusiva del versículo 18: “portæ inferi non prævalebunt adversus eam” (las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” [contra la Iglesia]). Es importante contar con esta certeza para siempre, de los labios de Nuestro Señor. Con esta promesa y esperanza podemos crecer, seguir caminando, más seguros y sin miedo.

Nuestra identidad se manifiesta en una conciencia nueva, en una experiencia nueva dentro de nosotros, en la forma de vivir las circunstancias y los desafíos de la realidad y entre nosotros. He aquí el verdadero hombre nuevo. Es el corazón de otro que empieza a latir en nuestra vida (L. Giussani). En España, la Iglesia doméstica, la familia, se ha manifestado por cuarta vez -al comienzo de esta semana y a pesar del frío en la calle- a favor de la vida, con el eslogan “España por el aborto cero. Por una vida sin recortes”, pidiendo al gobierno cumplir con su promesa electoral de protección de la vida del concebido no nacido y que derogue la ley del aborto. Es importante reconocer positivamente en las leyes lo que es un derecho para todos, porque nadie es dueño total de su propia vida y menos que pueda nadie disponer de la de los demás. Solamente es sagrada la vida, no la libertad omnímoda que procura la muerte de los más indefensos. En este mismo sentido estuvo la declaración final del XXII Encuentro Internacional católico-judío de hace unos días cuando proclamaba que en esta cultura de muerte, en medio de tanta violencia, terrorismo, extremismo, discriminación, pobreza, antisemitismo, persecución de los cristianos,… los judíos y católicos además de tener un legado espiritual común, compartimos la responsabilidad en la defensa de la dignidad humana, para que los derechos humanos sean reconocidos y respetados y todos los pueblos puedan florecer en paz y libertad.

Por último, tenemos otro motivo en la semana para orar y reflexionar acerca de la Iglesia como comunidad donde se construye nuestra persona, donde se generan adultos en la fe. Comienza la CII Asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Española, entre cuyos asuntos estará la elección del nuevo Secretario General de la misma para el quinquenio 2013-2018. Manifestemos un verdadero afecto a nuestras diócesis y a nuestros pastores. Hagamos experiencia auténtica de nuestro afecto a Cristo y al misterio de la Iglesia, a nuestra unidad, sin separar nunca ambos. Seamos una presencia original, conscientes de llevar lo que salva al hombre, la esperanza de la construcción de una humanidad nueva. Pidamos esta autoconciencia y que nuestra alegría (que nada nos la puede arrancar) fecunde un mundo distinto para generar un acontecimiento nuevo.