El Vaticano advierte sobre algunos miembros del “Opus Angelorum”

Carta a los presidentes de los episcopados de todo el mundo

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 4 de noviembre 2010 (ZENIT.org).- La asociación Opus Angelorum ha recibido el pleno reconocimiento canónico después de un largo proceso de purificación de errores y desviaciones.

Sin embargo, la Santa Sede advierte que algunos miembros, en desobediencia a las normas dictadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe, intentan volver a las teorías y usos que motivaron la intervención de la asociación hace treinta años.

Así lo afirma una Carta circular a los presidentes de todos los episcopados del mundo, que ha sido hecha pública hoy por la Santa Sede, para advertir a los obispos sobre esta situación.

La Carta lleva fecha del 2 de octubre pasado, y está firmada por el prefecto de la Congregación, cardenal William Levada, y por el secretario, monseñor Luis Ladaria.

Sobre ella ha informado también el director de la Oficina de Prensa vaticana, padre Federico Lombardi, en una breve nota en la que aclara que la intención de esta carta es “poner al día a los obispos sobre la actual situación doctrinal y canónica de esta asociación”.

En la misiva se recuerdan todas las diposiciones tomadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe desde 1983, tras examinarse las costumbres y enseñanzas de Opus Angelorum y de la orden de los “Canónigos Regulares de la Santa Cruz”.

Opus Angelorum

Básicamente, el motivo de la investigación fue la difusión, por parte de esta asociación, de las supuestas visiones privadas de Gabriele Bitterlich (1896-1978), laica alemana de origen austríaco, revelaciones no conformes con las enseñanzas de la Iglesia, sino consideradas más bien cercanas al gnosticismo.

Según explica la Congregación en esta carta a los obispos, se intimó a los miembros de Opus Angelorum a “conformarse a la doctrina de la Iglesia y a la enseñanza de los santos Padres y Doctores”.

Concretamente, se les prohibía “usar los 'nombres' conocidos por las presuntas revelaciones privadas, atribuidas a la señora Gabriele Bitterlich, ni enseñar, difundir o utilizar en modo alguno las teorías procedentes de estas presuntas revelaciones”.

Otro de los puntos controvertidos consistía en el uso no permitido de añadidos litúrgicos.

En 1992, la Congregación confió a un delegado, el dominico Benoît Duroux, la tarea de encauzar al Opus Angelorum y vigilar que se llevasen a cabo las disposiciones de la Santa Sede.

“En el curso de los años transcurridos desde entonces, dicho Delegado, P. Benoît Duroux, o.p., consiguió llevar a término las tareas que se le habían confiado, y se puede considerar que hoy, gracias a la obediencia demostrada por sus miembros, Opus Angelorum vive leal y serenamente en conformidad a la doctrina de la Iglesia y a las normas litúrgicas y canónicas”, afirma la Carta.

De hecho, el 31 de mayo de 2000, “esta Congregación aprobó la fórmula de una consagración a los SS. Ángeles para el Opus Angelorum”. Posteriormente, se aprobaron los Estatutos de este Opus Sanctorum Angelorum, dándole forma de asociación pública.

También la Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz, vinculada a esta asociación, ha recibido la aprobación de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica

A día de hoy, en el Opus Angelorum “no subsiste obstáculo alguno de orden doctrinal o disciplinario a que los Ordinarios locales acojan en sus diócesis tal asociación y favorezcan su desarrollo”.

Desobediencia

Sin embargo, la Congregación para la Doctrina de la Fe advierte a los obispos sobre “un cierto número de miembros del Opus Angelorum, entre ellos incluso diversos sacerdotes” que “no han aceptado las normas dadas por este Dicasterio y aspiran y trabajan para restaurar lo que según ellos sería el 'autentico Opus Angelorum'”.

Lo grave es que su difusión, sigue advirtiendo el dicasterio, “se hace de forma muy discreta y se presenta como si estuviese en plena comunión con la Iglesia católica”.

Por ello invita a los obispos “a la vigilancia respecto a tales actividades disgregadoras de la comunión eclesial y, en el caso de que las hayan identificado en la propia diócesis, a una prohibición de las mismas”.