El Vaticano al Consejo de Derechos Humanos: «El primer derecho del niño es el de nacer»

Intervención del Silvano Tomasi, C.S.

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GINEBRA, jueves, 29 marzo 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha tomado la palabra ante el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra para recordar que «el primer derecho del niño es el de nacer».



Portavoz de la posición de la Iglesia fue el 23 de marzo el arzobispo Silvano Tomasi, C.S., observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas y otras Organizaciones Internacionales en Ginebra.

Al dirigirse a la cuarta sesión del Consejo de reciente creación, el representante papal recordó que «la Convención de la ONU sobre los Derechos de los Niños atribuye a los pequeños los derechos fundamentales de una persona; reconoce que son iguales y que tienen la misma dignidad que los adultos».

«En muchos casos, debido a la falta de buena voluntad y de recursos, no se aplican las medidas legales y las políticas sociales, teniendo graves consecuencias para los menores, que a menudo son las primeras víctimas del hambre y de las guerras», afirmó el prelado, según refiere el Vatican Information Service.

Por otra parte, añadió el nuncio apostólico, «a muchos niños se les niega el derecho a la vida; la selección prenatal elimina tanto a los niños que tienen la probabilidad de nacer con alguna discapacidad, como a las niñas por razón de su sexo, negándose así el valor propio e intrínseco de las personas discapacitadas y de las niñas a ser miembros de la familia y de la sociedad».

El arzobispo Tomasi subrayó que «el primer derecho del niño es el de nacer y ser educado en un ambiente familiar acogedor y seguro, donde se garantice su crecimiento físico, psicológico y espiritual, donde desarrolle su capacidad y donde la conciencia de la dignidad personal sea la base de las relaciones con los demás y para afrontar el futuro».

Tras poner de relieve que el Estado y la sociedad deben «sostener a la familia para que pueda desempeñar su propia tarea», el observador permanente recordó que la Iglesia católica, «con sus 300.000 instituciones sociales, caritativas y educativas trabaja diariamente por asegurar una educación de la infancia orientada a la creatividad y a la paz y al desarrollo de sus talentos, y que permita la reintegración de los menores abandonados y de los que han sufrido abusos en sus propias familias y si es posible en la sociedad».

«Defender los derechos de los niños y eliminar todas las formas de violencia contra ellos—concluyó-- sigue siendo un desafío para la comunidad internacional. Los buenos resultados se alcanzarán si se da prioridad al papel natural de la familia y si la cultura pública reconoce que también el niño es una persona humana en plenitud».