El Vaticano atrae la atención de INTERPOL sobre el crimen en Oriente Medio

Monseñor Viganò ve necesaria una mayor cooperación para luchar contra la violencia

| 1471 hits

DOHA, martes 9 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- El secretario general de Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, monseñor Carlo Maria Viganò, destacó, este lunes en la 79ª Asamblea General de la INTERPOL, la violencia que sufren los cristianos en Oriente Medio.

Lo hizo ante unos mil policías y delegados de 188 países que participan en las sesiones, que se están celebrando en la capital de Qatar del lunes al jueves de esta semana.

En su intervención, publicada este martes por la Oficina de Información de la Santa Sede, el representante vaticano puso sobre la mesa el gravísimo atentado del pasado 31 de octubre contra la catedral siro-católica de Bagdad, el mayor lugar de culto de la comunidad católica de Irak.

Lo calificó como “un acto de una ferocidad sin precedentes contra personas indefensas, reunidas en oración”.

Y destacó que « desde hace años en Irak, los cristianos se han convertido en objeto de ataques atroces y la situación del país ha sido en sí siempre difícil » y muchos se ven obligados a huir.

Monseñor Viganò destacó la necesidad de combatir los atentados que sufren cristianos y también musulmanes en Oriente Medio, « pero hay que hacerlo todos juntos ».

Citando el mensaje de pésame que el Papa envió tras el atentado contra la catedral de Bagdad al arzobispo de los siro-católicos, monseñor Athanase Matti Shaba Matoka, señaló que «la paz es un don de Dios, pero también es el resultado de los esfuerzos de los hobmres de buena voluntad, de las instituciones nacionales e internacionales».

En su intervención, también expresó el aprecio de la Santa Sede por la cooperación entre la INTERPOL y el Departamento de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.

En referencia a un acuerdo existente entre ambas entidades, destacó la importancia de la praparación de las fuerzas policiales en las operaciones militares de paz.

Dirigiéndose a la asamblea de la INTERPOL, constató: «Nosotros estamos hoy aquí para renovar, en una área específica, nuestro compromiso para cooperar en la eliminación del mal del mundo ».

« Éste es un enorme compromiso si pensamos en las fuerzas en juego, pero debemos permanecer impávidos -exhortó-. En efecto, deberíamos comprometernos en una cooperación aún mayor ».

Para el representante vaticano, «si cada Estado no está en condiciones de garantizar una protección adecuada, la comunidad internacional debe intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y por los demás instrumentos internacionales».

Reflexiones sobre el crimen

La intervención del representante vaticano tenía como objetivo, como él mismo explicó, “contribuir a profundizar en la reflexión sobre la cuestión de fondo de los debates de esta sesión de la asamblea general de la INTERPOL: el crimen en sí, o más exactamente, el comportamiento criminal basado en varias motivaciones, a veces incluso atribuido a convicciones religiosas”.

Por ello, ofreció algunas reflexiones. En primer lugar, afirmó que “el comportamiento criminal es una parte intrínseca de la experiencia humana, así como el conflicto entre el bien y el mal es parte de la historia del mundo, y para los cristianos, una parte del plan de salvación de Dios”.

“Es esto lo que inspira a la Santa Sede a participar, como miembro y observador, en los encuentros y conferencias promovidos por organizaciones internacionales”, explicó.

Después señaló la importancia de la misión de la ONU “en un momento en que experimentamos la evidente paradoja de un consenso multilateral que continúa estando en crisis porque todavía está subordinado a las decisiones de unos pocos, mientras los problemas del mundo piden intervenciones bajo la forma de acciones colectivas de la comunidad internacional”.

También indicó la necesidad de afrontar el aumento de la pobreza y el hambre que puede causar la globalización, las cuales, “a su vez pueden desencadenar reacciones que a menudo conducen a formas muy dispares de violencia”.

“Tampoco podemos subestimar el hecho de que los frutos del progreso tecnológico y científico pueden, con todos sus enormes beneficios a la humanidad, ser usados de una manera que viola claramente el orden de la creación, hasta el punto de negar el carácter sagrado de la vida y despojar a la persona humana y a la familia de su identidad natural”, añadió, ofreciendo otro elemento de reflexión.

Y concluyó con una pregunta y una conclusión: “En esta situación compleja, la humanidad se encuentra en situación de riesgo. ¿Cuál es el camino para avanzar?. La Iglesia nunca deja de insistir en que sólo es posible respetando 'los imperativos éticos'”.

Por eso, explicó, “la Santa Sede continúa pidiendo la promoción y la protección de los derechos tal y como están aprobados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ante todo el derecho a la vida y, no menos importante, el derecho a la libertad religiosa”.

El representante vaticano afirmó que «la promoción de los derechos humanos en su conjunto continúa siendo la estrategia más eficaz para eliminar las desigualdades entre países y entre grupos sociales ».

Y alertó que «las víctimas de la miseria y la desesperación -en las que la dignidad humana es violada impunemente- se convierten en presa fácil de la llamada a la violencia y pueden convertirse directamente en personas que violan la paz. Y aquí nacen los peligros de las guerras y el terrorismo».

Aprecio por la INTERPOL

Monseñor Veginò destacó el aprecio de la Santa Sede por la INTERPOL y su «función decisiva especialmente en la actividad eficaz de prevención».

En este sentido, valoró el «sistema que permite el intercambio de informaciones en tiempo real y la coordinación inmediata y conjunta de las diversas acciones de la polícia para luchar contra estos crímenes transnacionales».

En concreto, de la INTERPOL, monseñor Veginò apreció la asistencia que ha dado a la policía local y a los trabajadores de emergencia en las graves catástrofes naturales; el apoyo concreto a la Iglesia para el mantenimiento del orden, la asistencia a las poblaciones afectadas por desastres y la identificación de las víctimas; y su información y apoyo logístico en numerosos viajes apostólicos del Papa.