El Vaticano exige proteger a mujeres y menores inmigrantes del abuso sexual

Petición en la conferencia de ministros europeos de Justicia

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 8 noviembre 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha alzado la voz para exigir que se proteja jurídicamente a los inmigrantes, en particular a las mujeres, y a los menores de edad, que con frecuencia se convierten en víctimas impotentes de abusos sexuales o de redes de la prostitución.



Esta reivindicación fue expuesta por el jefe de la delegación vaticana, el arzobispo Manuel Monteiro de Castro, nuncio apostólico en España, en la conferencia de los ministros europeos de Justicia que se celebró del 25 al 26 de octubre en la isla de Lanzarote en el archipiélago canario.

El representante papal, en su intervención, publicada este jueves por la Oficina de Información de la Santa Sede, pidió que se garantice el acceso a la justicia de los inmigrantes y los menores de edad «para que se respeten sus derechos y se puedan prevenir o hacer desaparecer eventuales formas de discriminación».

El nuncio denunció que, en Europa, «estas personas, de una u otra manera, sufren formas de exclusión, de desigualdad de trato, tanto en el mundo del trabajo, como en el de la educación y la formación, o en la asistencia sanitaria».

Según monseñor Monteiro, «los abusos, incluidos los sexuales, que afectan a los menores y a los inmigrantes, especialmente a las mujeres, plantean numerosos problemas de carácter moral y jurídico».

«Se trata de circunstancias particularmente penosas si se tiene en cuenta que afectan a personas sin defensa, los más débiles y que viven lejos de su país, casi siempre sin haberlo escogido», constató.

En particular, siguió denunciando, «el tráfico de seres humanos afecta sobre todo a las mujeres y está aumentando allí donde son débiles o prescritas las posibilidades de reagrupación familiar, de mejora de las condiciones de vida o simplemente de supervivencia».

«Estas situaciones facilitan la acción criminal de traficantes que ofrecen falsas esperanzas a víctimas que ignoran lo que les espera, destinando a mujeres y muchachas jóvenes a ser explotadas prácticamente como esclavas y ofreciendo al mismo tiempo una expresión concreta a la cultura hedonista que promueve la explotación sistemática de la sexualidad», afirmó.