El Vaticano exige un compromiso internacional a favor de los sin techo

Intervención del representante de la Santa Sede en «Habitat+5»

| 526 hits

NUEVA YORK, 11 junio 2001 (ZENIT.org).- Una casa digna y una vida humana para todos los pobres del mundo. Esta es la reivindicación que presentó la Santa Sede en la Sesión especial de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos, celebrada la semana pasada en Nueva York, con el nombre en código «Habitat+5».



El encuentro, en el que participaron durante tres días más de 170 países, tenía el objetivo de analizar y relanzar los compromisos tomados hace cinco años por la comunidad internacional en la Conferencia Hábitat celebrada en Estambul.

Al tomar la palabra ante la Asamblea, el jefe de la delegación vaticana, monseñor Francis Assisi Chullikatt, explicó que la Santa Sede ve con favor la adopción de una «Declaración sobre las ciudades y sobre los demás asentamientos humanos en el nuevo milenio» en la que se afirme el papel central de la familia, como célula fundamental de la sociedad, así como el compromiso en la lucha contra la pobreza, en la salvaguarda del ambiente, en el respeto de la dignidad humana y en la promoción de los derechos humanos.

El representante vaticano, en su intervención, que tuvo lugar el viernes pasado, insistió en que la comunidad internacional no puede olvidarse de tantas personas sin casa o víctimas de conflictos, de desastres naturales, crisis económicas, obligados a dejar sus propias casas, sus propios ambientes de vida, y a separarse de sus propias familias.

La Santa Sede se hizo, por último, portavoz de los millones de personas que viven en pobreza total y privadas de los servicios sociales esenciales, como el agua potable, la educación, la asistencia sanitaria, y una alimentación adecuada, necesarios para llevar una vida digna.

La Sesión especial de la ONU, por tanto, según la Santa Sede, debería estimular un renovado compromiso mundial a favor de la solidaridad, el bien común, la dignidad de todo miembro de la familia humana.

Como suele suceder en estas ocasiones, la Conferencia concluyó con las proclamas de los «optimistas», convencidos de haber hecho progresos, pues en ella se confirmó la necesidad garantizar el desarrollo sostenible en las ciudades y un alojamiento decente para todos.

Los «pesimistas», sin embargo, como el representante de la Comisión de la ONU para los derechos humanos, Milon Kotari, consideran que se ha dado un paso atrás. El documento final, de hecho, ya no describe la vivienda como un derecho humano y, por tanto, no compromete legalmente a los países para garantizarlo.

Según Paolo Mastrolilli, quien ha cubierto informativamente el evento para «Radio Vaticano», uno de los países que más se han opuesto a la adopción de este compromiso ha sido Estados Unidos, «que no quiere asumirse a nivel internacional las responsabilidades por las personas sin techo que se encuentran en sus ciudades».

«Además, muchos países en vías de desarrollo en Asía, en América Latina, pero sobre todo en África --añade-- no cuentan con los instrumentos para ofrecer bienes elementales como agua corriente», continúa informando el corresponsal de «Radio Vaticano» desde Nueva York.

Según los estudios de la ONU, más o menos la mitad de la población mundial vive en centros urbanos y este número está destinado a crecer. Además, casi mil millones de personas vive en ghettos o en zonas degradadas y cien millones no tienen casa.