El Vaticano II es tan actual que hoy no da lugar a un Vaticano III

Monseñor Mullor: entre sus frutos los nuevos movimientos y la diplomacia como puerta para el diálogo

Roma, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1952 hits

El Concilio Vaticano II es talmente actual que es difícil entender “cómo algunos hayan osado sugerir un Vaticano III para completarlo”. Lo dijo hoy el arzobispo español Justo Mullor García, presidente de la Academia Pontifica Eclesiástica, y exnuncio en varios países, en una conferencia que realizó en la embajada de España ante la Santa sede.

Y añadió que el día en que se celebre un nuevo concilio, el Vaticano II no será un “concilio de ayer” sino “aún presente y abierto”. Recordó que no fue solamente pastoral pues tuvo dos constituciones dogmáticas que dieron luz al mismo. Indicó entre sus frutos la transformación de la diplomacia en instrumento de diálogo y los llamados movimientos eclesiales que demostraron entender el mensaje global de Vaticano II “fuera de los esquemas conservadores o progresistas, más aptos a políticas contingentes que a la realidad vinculada a la vida religiosa”.

Monseñor Mullor trajo a la luz diversos recuerdos: “para mi y los otros”, el concilio constituyó “una gracia muy particular y tangible”. Esto porque en los años cincuenta muchos eclesiásticos y laicos “esperabamos de la Iglesia gestos reformadores y más cercanos al evangelio que ciertas viejas tradiciones históricas y sociales”. Existía, indicó, el deseo de una Iglesia purificada, pues el poder mundano fue siempre una tentación: más que la de la carne, la del orgullo.

Planteó los desafíos que surgieron, como indicó por entonces arzobispo de Milán, el cardenal Montini, que se preguntó en público si algunas instituciones como la diplomacia, con la caída del poder temporal de los papas no habrían entrado en desuso. Y la respuesta genial: “La diplomacia eclesiástica en vez de ser un freno a su libertad podrá abrir siempre las puertas al diálogo con todas las sociedades civiles respetuosas de los derechos humanos”.

Precisó que “muchos comentaristas se olvidaron de que las dos constituciones dogmáticas del Vaticano II proyectaron luz clarificadora sobre los otros textos oficiales. Por ello, consideró, el Concilio del siglo XX no fue solamente pastoral.

Y precisó que algunos interpretaron mal las palabras sobre lo pastoral del Concilio, dichas por Juan XXIII, al indicar que no habría emanado condenas, como había sucedido con frecuencia en el Concilio de Trento”.

Al concluir estas consideraciones personales sobre el Vaticano II, indicó la existencia de dos actitudes: una eclesiástica y otra laica.

La primera que impulsó nuevas realidades pastorales en la Iglesia, como la prelatura personal del Opus Dei; el movimiento de los Focolares; Comunión y Liberación; y el Camino Neocatecumenal. Todas ellas nacidas antes del Concilio y que demostraron entender el mensaje global del Vaticano II “fuera de los esquemas conservadores o progresistas, más aptos a políticas contingentes que a la realidad vinculada a la vida religiosa".

Y la segunda, el eco positivo del Vaticano II que generó el aumento de los representantes diplomáticos ante la Santa Sede y nuncios en muchos países, como registran los datos y atestiguaron diversos embajadores y jefes de Estado. De las 19 sedes diplomáticas acreditadas ante la Santa Sede en la época de la Unificación italiana y caída de los Estados Pontificios a las 178 de hoy, a las que se agregan 18 misiones pontificias que junto a las delegaciones internacionales suman unas 40.

Todos efectos positivos del Concilio, que representaron para la Iglesia “un impulso a vivir los valores fundamentales propuestos por el evangelio”, y que son hoy novedad positiva en muchas latitudes. Sin negar por ello situaciones negativas como la caída de las vocaciones religiosas y la insensibilidad en países de tradición cristiana, que entretanto no interrumpieron la dinámica del Vaticano II.

La crisis postconciliar –precisó el arzobispo al concluir-- fue causada sin lugar a dudas por fuertes influencias externas”, y por “sectores de la misma Iglesia dubitativos ante los grandes cambios propuestos por el Concilio”. Cambios indicados en la Lumen Gentium con su clara y doble apertura: la de todos los bautizados a la santidad personal, y la del diálogo con todos los creyentes del Antiguo y Nuevo Testamento.