El Vaticano II es una brújula pero la vuelta a casa de los lefebvristas alegra

Habla el obispo Pier Giacomo Grampa de Lugano

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LUGANO, miércoles, 4 febrero 2009 (ZENIT.org).- El Concilio Vaticano II es una brújula imprescindible pero hay que alegrarse de que los lefebvristas vuelvan a casa, explica en esta entrevista concedida a ZENIT el obispo Pier Giacomo Grampa de Lugano, Suiza.

--El decreto de revocación de la excomunión de los obispos lefebvristas levantó una gran polvareda. En su opinión, ¿cómo hay que entender el gesto del Papa?

--Monseñor Grampa: He invitado a los fieles a leer el decreto de revocación de la excomunión con espíritu positivo, a comprenderlo en su justo significado, a vivirlo con el trasfondo de la parábola del Padre Misericordioso. Este gesto de benevolencia del Santo Padre no significa aún --como ya ha sido aclarado-- la completa reconciliación y la plena comunión con quienes no reconocen la doctrina del Concilio Vaticano II, sino que es una etapa importante del camino, en el que se debe avanzar por etapas, y nos auguramos que sea incluso en tiempos razonables, hacia la completa reconciliación y la plena comunión de toda la Fraternidad de San Pío X.

El Papa espera que no se ahorre ningún esfuerzo en profundizar, mediante los necesarios coloquios con las autoridades de la Santa Sede, sobre las cuestiones todavía abiertas, de manera que se pueda llegar a una plena y satisfactoria solución del problema.

--El mayor obstáculo parece ser precisamente la aceptación del Concilio Vaticano II. ¿Qué posibilidades o alternativas ve en este sentido?

--Monseñor Grampa: La doctrina del Concilio no es ciertamente algo optativo, sino una "brújula" para orientarnos en el camino del siglo XXI que acaba de empezar. Si queremos evitar peligrosos integrismos, dañinos fundamentalismos, o anacrónicos retornos al pasado, para realizar el necesario discernimiento de los tiempos que cambian, no podemos desoír la orientación profética que el Concilio Vaticano II, bajo la guía del Espíritu Santo, con la aprobación del Papa, supo señalar para la difusión del Evangelio hoy, según la voluntad del Señor.

--¿Qué diría a aquellos católicos que parecen no ver con buenos ojos esta magnanimidad del Papa?

--Monseñor Grampa: Invitaría a quien siempre ha permanecido fiel a la Casa paterna común, a compartir la benevolencia del Padre misericordioso de la parábola evangélica del Hijo Pródigo, y no la actitud del hermano mayor que recrimina, critica, no quiere perdonar y no se alegra del regreso de su hermano, se enfada y no quiere participar en la fiesta. 

Se nos dirigen a nosotros las palabras que la parábola dedica al hermano mayor: "Hijo, tú estás siempre conmigo y lo que es mío es tuyo; pero había que hacer fiesta y alegrarse porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado" (Lucas 15,31-32).

 Traducido del italiano por Nieves San Martín