El Vaticano II, un evento de luz que irradia hasta hoy

Palabras de Benedicto XVI en la audiencia general de hoy

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 10 octubre 2012 (ZENIT.org).- La audiencia general de esta mañana tuvo lugar a las 10,30 en la plaza de San Pedro, donde Benedicto XVI se encontró con peregrinos y fieles de Italia y de otros países.

En vísperas de la celebración de los cincuenta años del Concilio Vaticano II, el papa centró su meditación en los documentos conciliares.

Un pasaje en especial hay que destacar de su meditación, el recuerdo personal de quien entonces era el joven profesor Joseph Ratzinger: “Recuerdo bien aquél periodo: era un joven profesor de teología fundamental en la Universidad de Bonn, y fue el arzobispo de Colonia, el cardenal Frings, para mí punto de referencia humana y sacerdotal, quien me trajo consigo a Roma como consultor teólogo; luego fui también nombrado perito conciliar. Para mí fue una experiencia única: después de todo el fervor y el entusiasmo de la preparación, pude ver una Iglesia viva --casi tres mil Padres conciliares de todas las partes del mundo reunidos bajo la guía del Sucesor del Apóstol Pedro--, que acude a la escuela del Espíritu Santo, el verdadero motor del Concilio. Raras veces en la historia se pudo, como entonces, casi 'tocar' concretamente la universalidad de la Iglesia, en un momento de la gran realización de su misión de llevar el Evangelio en todo tiempo a los confines de la tierra”.

Benedicto XVI ha dicho a los asistentes que si vuelven a ver las imágenes de la apertura de esta gran cumbre eclesial, a través de la televión o de otros medios de comunicación, podrán también ellos “percibir” “la alegría, la esperanza y el impulso que nos dió a todos nosotros participar en este evento de luz, que irradia hasta hoy”.

Luego, tras su meditación en italiano, dirigiéndose al público de habla española, Benedicto XVI ha resumido así sus anteriores palabras: “En la vigilia en que celebramos los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano Segundo y el inicio del Año de la fe deseo hablar de este gran evento eclesial. Los documentos conciliares son una brújula que permite a la barca de la Iglesia navegar en mar abierto, en medio de las tempestades o de la calma, para llegar a la meta. Debemos aprender las lecciones más simples y fundamentales del Concilio, a saber: que el cristianismo en su esencia consiste en la fe en Dios y en el encuentro con Cristo, que orienta y guía la vida. Lo más importante hoy, como era el deseo de los Padres conciliares, es que se vea, de nuevo, con claridad, que Dios está presente, nos mira, nos responde; y que, por el contrario, cuando falta la fe en Él, cae lo que es esencial, porque el hombre pierde su dignidad. El Concilio recuerda que la Iglesia tiene el mandato de transmitir la palabra del amor de Dios que salva, para que sea escuchada y acogida aquella llamada divina que contiene en sí las bienaventuranzas eternas. El Concilio es una fuerte invitación a redescubrir cada día la belleza de la fe y a conocerla de modo profundo, para una más intensa relación con el Señor y a vivir auténticamente la vocación cristiana”.

Y el santo padre ha dirigido un especial saludo a todos los peregrinos de lengua española, y en particular a los fieles provenientes de España, México, Costa Rica, Argentina, Paraguay, Perú, Guatemala, Colombia, Chile y otros países latinoamericanos.

“Que la Virgen María, Madre de Cristo y de toda la Iglesia, nos ayude a llevar a plenitud el deseo de los Padres conciliares: que todos puedan conocer el Evangelio y encontrar al Señor Jesús como Camino, Verdad y Vida”, ha concluído sus palabras en castellano el pontífice.

Por N.S.M.