El Vaticano no condena el diálogo entre las religiones, pide claridad

Habla el experto en religiones orientales, Gaetano Favaro

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ROMA, 1 oct (ZENIT.org).- «Tras la publicación de este documento, la Iglesia sigue siendo sacramento universal de salvación y "mendicante de sabiduría". Subraya el carácter definitivo y completo y la originalidad de la revelación de Jesucristo, único salvador, pero tiene muy en cuenta el bien que el Espíritu Santo obra en el corazón de los hombres y en las diversas tradiciones religiosas». El padre Gaetano Favaro, misionero del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras (PIME), experto en religiones orientales, profesor en los institutos de Ciencias Religiosas de Milán y Brescia y en la Facultad de Teología de Lugano, no ve en la reciente declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, «Dominus Iesus», un obstáculo al verdadero diálogo «que no puede prescindir de la verdad», según ha declarado hoy al diario italiano «Avvenire» (30 de septiembre), órgano de la Conferencia Episcopal Italiana.



«Mire, lo ha subrayado el mismo Juan Pablo II en el mensaje al Congreso "Hombres y Religiones" celebrado en Lisboa (cf. Juan Pablo II: El diálogo entre las religiones tiene que continuar): no debemos ralentizar los pasos del diálogo «que no ignora las reales diferencias, pero tampoco cancela la común condición de peregrinos... Debemos todos ser más audaces en este camino».

«En todo el reciente magisterio, quedan abiertos los espacios de búsqueda y se reafirma el empeño por la inculturación del Evangelio. Ciertamente --reconoce el teólogo-- la relación con las filosofías orientales y con el mismo pensamiento relativista postmoderno es un aspecto complicado...».

--¿Por qué no existe posibilidad de aceptación del relativismo o de esas filosofías orientales de las que habla.

--La postura relativista respecto a la verdad vacía matafísicamente el acontecimiento de la encarnación histórica del Logos eterno, reduciéndolo a mera aparición de Dios en la historia. Por otra parte, una cierta convergencia entre mentalidad racionalista occidental y pensamiento simbólico oriental llevan a la convicción, cada vez más difundida, de la imposibilidad de expresar y comunicar la verdad divina, incluso por parte de la revelación cristiana. Son posiciones que caracterizan el pensamiento postmoderno y el llamado «pensamiento débil», pero que están también difundidas en el pensamiento oriental. El mismo cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha sido claro. En la rueda de prensa apunto contra la filosofía relativista que se encuentra en la base tanto del pensamiento postmetafísico de Occidente como de la teología negativa de Asia.

--De aquí el riesgo concreto de un peligroso sincretismo...

--Sobre todo de la negación de la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, muerto y resucitado. No faltan teólogos que quieren dialogar con el mundo asiático, que están comprometidos con la inculturación del Evangelio, y que usan a menudo las categorías de la teología negativa, bebiendo de la gran tradición hindú, que no ha separado nunca la religión y la filosofía de la mística. Para algunas corrientes de esta tradición religiosa, el mundo tiende a ser pura ilusión, y lo mismo sucede con todo lo que pertenece a la historia. Se ve enseguida cuáles son las consecuencias de esta posición a propósito del nacimiento y de la muerte de Cristo. La declaración «Dominus Iesus» no bloquea la investigación teológica y no se atiene exclusivamente a una teología en perjuicio de otras, pero quiere poner a estas teologías en guardia para que no entren en un callejón sin salida.

Luego está la cuestión del budismo, con el problema del silencio de Dios y sobre Dios. Parece que, para algunas corrientes budistas, no se puede ni siquiera hacer una pregunta sobre Dios..., pues la pregunta implica ya la respuesta. Pero si el Absoluto no puede ser configurado o representado, entonces se deriva la imposibilidad de expresarse sobre la realidad de Dios.

--En nombre del diálogo, se devaluaría por tanto el valor de la revelación y de la Encarnación de Cristo...

--El riesgo existe. Y junto a él el peligro de que se ponga en duda la unidad imprescindible del proyecto salvífico de Dios que entra la historia. Es lo que el mismo Ratzinger señala como «ideología del diálogo». Como consecuencia se corre el riesgo de poner sobre el mismo plano la fe revelada y las otras tradiciones religiosas, envileciendo el carácter único y universal de la salvación en Cristo.

--Hay quien sostiene que justamente, cuando se cree en Cristo único salvador, se impide el diálogo.

--El documento hay que verlo en un contexto histórico dinámico y teniendo en cuenta su finalidad específica: un texto dirigido a la Iglesia católica que quiere reafirmar las verdades sobre Cristo contra ciertas degeneraciones. No quiere afirmar de manera simplona la exclusividad del cristianismo histórico, sino más bien reafirmar la exclusividad de la salvación por medio de Cristo, único y verdadero Hijo de Dios. Esta unicidad de mediación actúa también en las otras religiones, en las que se reconoce de todos modos la obra del Espíritu Santo. Un hindú se salva no tanto por su religión sino únicamente por medio de Cristo. Es lo que la «Redemptoris Missio», a la que se refiere el documento, define con el nombre de «mediaciones participadas». El diálogo se debe construir a partir de estas «mediaciones», valorando el bien que existe en las tradiciones religiosas.