El Vaticano no necesita abolir la pena de muerte, pues lo hizo hace décadas

Nueva Constitución para el Estado de la Ciudad del Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, 26 enero 2001 (ZENIT.org).- El Estado de la ciudad del Vaticano no necesita abolir la pena de muerte pues lo hizo hace ya décadas. Lo afirma una declaración del portavoz de la Santa Sede en respuesta a filtraciones de la prensa italiana.



Joaquín Navarro-Valls, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, publicó esta mañana una nota en la que confirmaba que en los próximos días se publicará la nueva Constitución (su nombre exacto es «Ley Fundamental») del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Ahora bien, aclara, a diferencia de lo que afirmaban esta mañana los periódicos en Italia la nueva Constitución no «hace mención alguna de la pena de muerte, pues ya había sido abolida por Pablo VI con ley n.50 del 21 de junio de 1969».

«El nuevo texto actualiza la ley precedente --añade el portavoz vaticano-- estableciendo una distinción más clara entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, sanciona una relación más cercana entre Gobernación [de esta ciudad Estado] y la Secretaría de Estado», el organismo de la Santa Sede que asesora más de cerca al Papa en el gobierno de la Iglesia universal.

De hecho, son dos cosas diferentes el Estado de la Ciudad del Vaticano, personalidad jurídica alcanzada

De hecho, explica Navarro-Valls, es la Secretaría de Estado y no la Gobernación vaticana quien mantiene las relaciones internacionales del Estado de la Ciudad del Vaticano.

La Ley, que según la prensa italiana debería ser publicado el próximo 22 de febrero, un día después de que tenga lugar el consistorio de nuevos cardenales, reconoce los derechos fundamentales propios de todo Estado de derecho a los ciudadanos y trabajadores del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Este Estado, surgido como tal en 1929, a raíz del Tratado de Letrán, tiene una extensión de 0,44 kilómetros cuadrados, y en 1998 tenía una población de 860 habitantes. Su lengua oficial es el italiano (aunque el latín es el idioma que se usa en buena parte de sus ceremonias). Según los anuarios estadísticos, el 100 por ciento de su población es católica.

La Ciudad del Vaticano tiene su propia moneda, la lira vaticana, que es equivalente a la italiana, aunque ya ha adoptado el euro, que pronto comenzará a circular. Cuenta además con sus propios servicios postales, telegráficos y telefónicos, así como con un helipuerto y una estación ferroviaria propia (el ferrocarril recorre 862 m dentro del Estado). Cuenta, además, con una emisora de radio y una editorial, que publica libros, revistas y el diario oficial del Vaticano. Tiene unos 2000 teléfonos.

En cuanto a la articulación política del Estado, hay que reseñar el hecho de que el Papa es soberano absoluto y máxima autoridad ejecutiva, legislativa y judicial. El cardenal Secretario de Estado representa al Papa en el gobierno civil del Estado y las relaciones internacionales. Pertenece en calidad de observador a las organizaciones internacionales más importantes, incluidas las Naciones Unidas y mantiene relaciones diplomáticas con 175 países.

El Estado cuenta con un cuerpo diplomático propio (los nuncios apostólicos) y recibe a representantes (todos menos tres son «embajadores») de otros países.

Hay una fuerza de seguridad, la Guardia Suiza, que es un pequeño cuerpo de soldados cuya misión es velar por la seguridad interna y proteger al Papa. Es llamada así por estar compuesta de católicos suizos rigurosamente seleccionados (la plaza de San Pedro es protegida por la policía italiana).

Como anécdota, cabe destacar que tiene uno de los índices de natalidad más bajos del mundo, a causa del celibato que profesa la inmensa mayoría de sus habitantes.