El Vaticano ratifica el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra

Primer acuerdo internacional multilateral del pontificado de Benedicto XVI

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 18 diciembre 2005 (ZENIT.org).- La Santa Sede ha ratificado el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra (ERW, por sus siglas en inglés), anexo a la Convención sobre prohibiciones o restricciones del empleo de ciertas armas convencionales que puedan considerarse excesivamente nocivas o de efectos indiscriminados.



El protocolo fue adoptado al final de la reunión de los Estados partes de la Convención. Se trata del primer acuerdo jurídico internacional de carácter multilateral ratificado por la Santa Sede en el pontificado de Benedicto XVI.

El arzobispo Celestino Migliore, observador permanente ante las Naciones Unidas, depositó el 13 de diciembre de 2005 el instrumento de adhesión ante la Oficina del Secretario General de la ONU.

En esa ocasión, el representante papal explicó en una declaración que, al ratificar el Protocolo sobre los Restos Explosivos de Guerra, la Santa Sede «pretende renovar su aliento a la Comunidad Internacional en la senda tomada hacia la reducción de los sufrimientos humanos causados por los conflictos armados».

Según el Vaticano, la Convención se confirma como «un instrumento vivo del derecho humanitario internacional, de amplias miras, que busca afrontar los problemas que surgen de los conflictos armados modernos».

«Si bien se hubiera podido desear una mayor fuerza en el Protocolo para responder a los problemas causados por los residuos explosivos de guerra --reconoce el representante vaticano--, su adopción representa un importante instrumento multilateral para el control de armas por razones humanitarias, capaz de interpelar a la responsabilidad de los Estados ante los residuos explosivos de guerra y ante los daños que provocan».

«Manteniendo el propio compromiso a alentar el desarrollo y la implementación del derecho humanitario internacional por parte de todos los Estados y en todas las circunstancias, la Santa Sede está convencida de que este protocolo implica un paso más en el camino de la comunidad internacional hacia la promoción concreta de la cultura de la vida y de la paz, basada en la dignidad de la persona humana y en la primacía de la ley, a través de una cooperación responsable, honesta y consistente de todos los miembros de la comunidad de las naciones», concluye la declaración de monseñor Migliore.