El Vaticano solicita en un documento más protección a migrantes y refugiados

Preparado por dos dicasterios, actualiza la pastoral sobre las migraciones de hoy más diversas y complejas

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 978 hits

“Acoger a Cristo en los refugiados y en las personas forzadamente desplazadas. Orientaciones pastorales”. Este es título del documento que solicita una particular atención al problema actual de las migraciones, que configuran un cuadro muy diverso del de los años 90 y en el cual urge intervenir para desactivar lo que puede ser “una bomba de tiempo”. Teniendo sobre todo presente que unos 100 millones de personas desplazadas por motivos sociales, económicos, políticos, religiosos y climáticos, tienen derecho a una vida digna y que la Iglesia por fidelidad a su labor pastoral debe asumir su defensa y ver a Cristo en el refugiado y en el inmigrante.

El documento fue presentado hoy en la Sala de Prensa de la Santa Sede, por diversos conferencistas: el cardenal Antonio María Veglió, presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral para los Migrantes e Itinerantes; el cardenal Robert Sarah, presidente del Pontificio Consejo Cor Unum; el secretario general de la Comisión Internacional Católica para las Migraciones (CICM) Johan Ketelers; y la vicedirectora del Servicio Jesuita al Refugiado en Malta, Katerine Camilleri, y premio Nansen 2007 del Alto Comisariado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

El cardenal Veglió indicó que el documento “que es una guía pastoral”, parte de una premisa fundamental: “cada política, iniciativa, o intervención en este ámbito tiene que inspirarse al principio de la centralidad de la dignidad de la persona humana”. Una iniciativa que ve a dos dicasterios del Vaticano en una alianza estratégica sobre un tema puntual

Indicó que el documento “responde a los cambios de la naturaleza de la migración forzada que se registraron en los últimos años”, lo que requiere una actualización del documento de 1992 “Refugiados, un desafío en la solidaridad”. Añadió que hoy se multiplicaron “las razones que obligan a los hombres y mujeres a dejar sus casas” y que se suma la dificultad creada por “la radicalización de las normas de muchos gobiernos en tal materia” además de un cierto “endurecimiento de la opinión pública”.

Los números expuestos son impresionantes: 16 millones entre los cuales los palestinos, relacionados con la protección de la Agencia de socorro y trabajo de las Naciones Unidas; 28,8 millones de desplazados por conflictos internos; 15 millones de prófugos por peligros ambientales; 15 millones más debido a proyectos de desarrollo; además de los apátridas, y 12 millones de 'invisibles' sin documentación en los países en los que inmigraron”.

Se trata de garantizar, dijo, “al menos los derechos enumerados por la Convención sobre los Refugiados de 1951” y sobre todo “dar nueva vida al espíritu de 1951”.

El documento condena el tráfico de seres humanos, “que debe ser debelado por las sociedades que quieran llamarse civilizadas”, y los tristes fenómenos que se presentan como las personas privadas de decidir su destino; la industria del sexo; los trabajos forzados en varios sectores; el tráfico para transplante de órganos; la reducción a esclavitud en trabajos míseros y el reclutamiento de niños en los conflictos armados.

El cardenal subrayó que “el servicio pastoral de la Iglesia es la expresión tangible de su fe”, y por ello a partir de las parroquias y a través de todos sus componentes, incluso a nivel global, la Iglesia no debe tener miedo de asumir la defensa de los inmigrantes, refugiados, desplazados, y víctimas del trafico de seres humanos en todas las áreas del mundo”.

“Todos en la comunidad cristiana están llamados --reiteró el cardenal Veglió-- a escuchar la llamada de Cristo de acoger al extranjero, que hoy se presenta con el rostro del prófugo, del refugiado, de quien es víctima del despreciable tráfico de seres humanos, como lo afirmo el papa Francisco”.

Reivindicó para quienes viven situaciones de migración forzada que los Gobiernos respeten sus derechos, desde el permiso de estancia a la ciudadanía para los apátridas.

El documento relaciona la dignidad humana con diversos puntos: el retorno a casa; el empeño de la comunidad internacional para la reconstrucción post-conflicto; la protección de la propia población de las violaciones de los derechos humanos; la protección de las víctimas del tráfico de seres humanos; el derecho de la protección religiosa, el derecho de expresión; la cooperación en la pastoral para el bienestar y desarrollo. Responder a quienes sufren e incentivar las ocasiones de sensibilización.

Y concluyó indicando la convicción de la Iglesia de que “sea responsabilidad colectiva y de cada individuo creyente, la atención pastoral hacia todas las personas que de alguna manera están involucradas en las migraciones forzadas”. Recordó que quienes viven “en condiciones de movilidad humana no son solamente destinatarios, pero también pueden ser testimonios del evangelio”.

El cardenal Robert Sarah por su parte entró directamente con la frase del evangelista Mateo: “Porque tuve hambre me diste de comer, porque tuve sed...” y señaló: “Este es el rostro de nuestros hermanos y hermanas refugiados, desplazados o golpeados por las emergencias humanitarias”. Habló entre otros temas de la dramática situación en Siria, con 4 millones de desplazados internos a demás de los que cruzaron las fronteras a países limítrofes y de los 80 mil muertos en dos años.

El rostro del que nos habla el evangelista –prosiguió el purpurado-- es el de las poblaciones de Sahel, que esperan una lluvia que no llega; de las víctimas del tornado de Oklahoma City, de las catástrofes naturales. Pero también de los desempleados de tantos países europeos que se encuentran atrapados en una 'pobreza estructural' y que pagan en primera persona el precio de las políticas que hicieron vivir largo tiempo a muchos Estados por encima de sus posibilidades.

Esas personas, aseveró el cardenal Sarah “nos piden un empeño de amor que les restituya antes de todo la dignidad de personas, hechas a imagen y semejanza de Dios”.

Por ello la necesidad de líneas guías pastorales preparadas por ambos Pontificios Consejos, de manera que “refuercen a los operadores y voluntarios de los organismos caritativos católicos un estilo de presencia, de atención y acción bien preciso”.

El secretario general de la Comisión Internacional Católica para las Migraciones (CICM) Johan Ketelers precisó que la complejidad de las migraciones, en un mundo globalizado, es muy superior a la que existía en los años 90. Inmigraciones que van desde los conflictos armados hasta las migraciones por motivos económicos, pasando por una serie de diversas tipologías.

Categorías que entre tanto "han sufrido un ensanchamiento y que no encuentran una adecuada respuesta internacional y cada vez menos espacios humanitarios”. Además porque se registra una “perdida de la solidaridad como punto de referencia de la cohesión social y el aumento de las políticas que ven en el extranjero un obstáculo al desarrollo”.

Ketelers ejemplificó: todas estas cosas “son una bomba de tiempo que hacen 'tic tac' en nuestra sociedad y hay muy pocas herramientas o poca buena voluntad para detener el 'tic tac'.

Invitó por ello a desplazar la atención de las causas a la vulnerabilidad y costos de la inmigración, porque la persona humana es la primera cosa, en particular de las sociedades que se consideran desarrolladas.

La vicedirectora del Servicio Jesuita al Refugiado, Katerine Camilleri, concluyó recordando que su experiencia le indica que “los refugiados no necesitan solamente protección de la persecución, sino también estar con sus familias, ser apoyados por la comunidad y ser recibidos en condiciones dignas”.