Embajador israelí propone al Papa una campaña de educación contra los prejuicios

Habla Ben-Hur Oded, representante ante la Santa Sede

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ROMA, lunes, 20 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Considerando que en el fundamento de los conflictos y guerras hay un abismo de ignorancia entre las religiones y las culturas, el embajador de Israel ante la Santa Sede, Ben-Hur Oded, propone una campaña mundial de educación para abatir los muros de los prejuicios.



Ben-Hur Oded es embajador ante el Vaticano desde junio de 2003. Nacido en Israel, en 1951, emprendió la carrera diplomática en 1977. Ha sido ministro plenipotenciario en el «Policy Planning Bureau» (septiembre de 2000-junio de 2003) y embajador en los Países Bálticos (septiembre de 1996-septiembre 1999).

En esta entrevista concedida a Zenit, el embajador explica su propuesta y pide a la Santa Sede que lance un llamamiento para que «los cristianos vuelvan a vivir en Oriente Medio, en particular en el Líbano y en los Territorios palestinos», pues «son un factor esencial para la paz».

--Señor embajador, la situación en Tierra Santa y en las áreas limítrofes ha tenido una evolución nueva y dramática. ¿Cómo es la situación?

--Embajador Ben-Hur Oded: Es un tema muy complejo, que no se pude agotar con pocas palabras. Estamos asistiendo a un conflicto que tiene lugar dentro del pueblo palestino, y lo mismo está sucediendo en el Líbano. Es de desear que de estos conflictos nazcan nuevas salidas en dirección de las negociaciones, y no amenazas de los extremistas.

Hay que recordar que en las décadas posteriores a la fundación del Estado de Israel, en 1948, el conflicto árabe-israelí se caracterizó por el odio de los árabes por Israel, que desde su punto de vista, fue creado para limpiar la conciencia de Europa después de la Shoah.

A mitad de los años noventa, sin embargo, asistimos a un cambio sustancial, con el crecimiento del integrismo islámico que ha introducido en nuestra región la «cultura de la muerte» en nombre de Alá.

Tanto Hamas como Hizbulá impiden todo intento de diálogo, negando la misma existencia del Estado de Israel, y son manifestaciones locales de un peligro global llamado islam extremista.

Mientras muchos consideran en el mundo que el conflicto árabe-israelí constituye la «madre de todos los conflictos» y, por tanto, una vez resuelto, el mundo se encontrará a mitad de camino hacia la paz, la verdad es muy diferente. Basta constatar que el 85% de los últimos atentados terroristas en el mundo han sido perpetrados por extremistas islámicos contra países y ciudadanos musulmanes moderados (Jordania, Turquía, Túnez, Indonesia, etc.) precisamente con el objetivo de desalentarles en el diálogo con occidente.

La prueba más preocupante de este peligro creciente está representada por Irán, que sigue exportando la idea de la revolución islámica de carácter chií, amenazando la existencia de Israel, negando la Shoá, expresando la voluntad de que todo el mundo viva bajo el dominio islámico. Considero que es un motivo de gran preocupación para el mundo cristiano.

Precisamente gracias a Hizbulá y a los «buenos oficios» de Siria, Irán ha provocado la última guerra en el Líbano.

--¿Ve usted un posible salida a esta situación?

--Embajador Ben-Hur Oded: Considero que en la base de estas fricciones y de todas las hostilidades se da un abismo de ignorancia entre las religiones y las culturas, a causa de siglos de prejuicios, odio y guerras. La única manera de salir de este círculo vicioso, desde mi punto de vista, es reavivar una campaña infinita de educación y formación para ayudar a la gente de todo el mundo a construir puentes de comprensión y conocimiento con el objetivo de abatir los muros de los prejuicios y de la oposición entre las religiones, que han dado origen a la «demonización» de unos y otros.

--Pero, ¿quién podría lanzar esta campaña?

--Embajador Ben-Hur Oded: Esta campaña debería tener una amplitud universal y basarse en tres medios principales: fuentes financieras, programas escolares y, lo que es más importante, maestros adecuados.

Lógicamente, a los gobiernos y a los políticos les corresponde emprender esta iniciativa. Ahora bien, dada la naturaleza de su encargo, muy pocas veces pueden comprometerse más allá de los cuatro o cinco años de su mandato, y por tanto los promotores y el eje de este «maratón educativo» tienen que ser los líderes de las diferentes religiones del mundo: éstos no tienen que ser reelegidos, tienen amplitud de miras y una gran motivación.

Siguiendo esta lógica, es indispensable que quien promueva esta iniciativa sea un líder religioso del máximo nivel. En el islam no hay un único líder; el pequeño mundo judío, por motivos obvios, puede dejarse guiar, pero no puede abrir el camino. Por tanto, el más adecuado para afrontar este desafío importantísimo es el Papa, sobre todo a la luz de las recientes fricciones dentro del diálogo interreligioso.

--¿Cuál es el futuro de los cristianos en Oriente Medio?

--Embajador Ben-Hur Oded: Creo que es totalmente necesario que la Santa Sede lance un llamamiento para que los cristianos vuelvan a vivir en Oriente Medio, en particular en el Líbano y en los Territorios palestinos. Las comunidades cristianas han sido siempre un factor esencial para la paz. Es necesario que regresen para formar parte integrante del tejido social de esas áreas.

Las aspiraciones al diálogo interreligioso e intercultural sólo pueden tener éxito si los cristianos pueden volver a convivir de manera consensuada junto a sus hermanos árabes musulmanes. De este modo, por ejemplo, Belén volvería a ser una ciudad de paz y de convivencia como lo era en décadas pasadas.

--¿Qué papel tienen los peregrinos en el desarrollo político y social del área?

--Embajador Ben-Hur Oded: La Santa Sede también debería lanzar un llamamiento al mundo cristiano y motivar a los propios obispos para que alienten las peregrinaciones a Tierra Santa y a los países vecinos.

Si sólo el uno por mil de los católicos del mundo, es decir, unas 1.200.000 personas, visitara Tierra Santa cada año, se generaría un movimiento que podría influir positivamente en el conflicto árabe-israelí, alterando profundamente la situación psicológica, atrayendo inversiones, favoreciendo un renacimiento económico de las industrias turísticas en apoyo del pueblo palestino, de las comunidades cristianas de Israel, el Líbano, Jordania, Egipto, etc.

Indudablemente los peregrinos tienen que emprender el papel de «mensajeros de paz».

--¿Cómo se están desarrollando las relaciones entre Israel y la Santa Sede?

--Embajador Ben-Hur Oded: Estamos entrando en nuestro decimotercer año de relaciones oficiales, que en hebreo se llamaría el «año de Bar Mitzvah», un rito tradicional que simboliza el paso de niño a adulto, es decir, asumir responsabilidades y hacerse maduro. Deseo que suceda esto.

La historia milenaria de judíos y cristianos hace complejas y no fáciles las relaciones entre Israel y la Santa Sede, y dado que las reglas de la entrevista conceden un espacio más bien limitado, mencionaré sólo dos puntos importantes para explicar el estado actual de las relaciones.

El primero es el acuerdo financiero y económico que debería establecer los derechos y los deberes de las comunidades católicas en Israel con respecto a cuestiones de impuestos, propiedades, lugares santos, acceso al sistema judicial del país, etc. A finales de noviembre está prevista la visita al Vaticano de una delegación israelí de alto nivel par discutir propuestas orientadas a superar los obstáculos que todavía perduran y concluir el acuerdo.

El segundo punto es la necesidad de promover un salto de calidad en nuestras relaciones emprendiendo un verdadero diálogo político Con este objetivo, hay que planear una agenda compartida de temas e intereses comunes que estará acompañada por las visitas recíprocas entre las máximas autoridades de los dos Estados.

Por último, aunque no menos importante, quisiera recordar nuestro deseo de que el Papa quiera visitar Israel en el transcurso del próximo año.

--¿Ve señales de optimismo?

--Embajador Ben-Hur Oded: Yo soy optimista por dos motivos.

El primero, porque he nacido en el seno de una familia de padres optimistas que, a pesar de todas las dificultades, junto a sus compañeros supervivientes a la Shoá, lograron construir un país democrático, fuerte y moderno, que se encuentra incluso en la cuarta fase de desarrollo en la aplicación de las biotecnologías y nanotecnologías.

El segundo motivo es el simple hecho de que, en Israel, no podemos permitirnos el lujo de ser pesimistas: no podemos encerrarnos con llave y tirarla al Mediterráneo.

Tenemos que tender la mano a cualquier disponibilidad de los árabes al diálogo con nosotros y tratar de promover toda iniciativa a favor de la paz, en la que creemos profundamente.