En África tiene lugar una guerra continental y el mundo no lo sabe

Entrevista a monseñor Monsengwo, presidente del episcopado africano

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ROMA, 16 nov (ZENIT.org).- Africa parece abandonada por el mundo. Hay un conflicto en plena actividad, el de la región de los Grandes Lagos, en el que participan más de siete países. La comunidad internacional no logra enviar ni siquiera las tropas de la ONU para hacer cesar el fuego. Sólo la Iglesia empeñarse en buscar una solución de paz.



Para conocer mejor la situación, Zenit ha entrevistado a monseñor Laurent Pasinya Monsengwo, arzobispo de Kisangani y presidente del SECAM (Simposio de las Conferencias Episcopales
de Africa y Madagascar). El SECAM está compuesto por 35 conferencias episcopales nacionales, divididas en 10 grupos regionales.

--Zenit: ¿Cuál es la situación de esta «guerra continental»?

--Monseñor Monsegngwo: La guerra de los Grandes Lagos involucra a Burundi, República Democrática del Congo, Uganda y Ruanda, de una parte, y los aliados del presidente Laurent Kabila, Angola, Namibia y Zimbabwe, por la otra. El acuerdo alcanzado en 1998, en Kampala, preveía un alto al fuego; el empleo de fuerzas de la ONU para garantizar la paz; el diálogo intercongoleño entre los diversos grupos políticos del país y el retiro de todas las tropas extranjeras.

--Zenit: ¿Qué ha pasado desde entonces?

--Monseñor Monsegngwo: Tales decisiones fueron confirmadas por el acuerdo de Lusaka, firmado por los jefes de Estado el 10 de julio de 1999. Según el acuerdo, las tropas extranjeras tenían que haberse retirado del territorio congoleño el 10 de enero de 2000. En cambio estas tropas siguen allí todavía. La realidad trágica es ésta: el alto al fuego se viola continuamente, y cuando callan las armas las diferentes fuerzas en juego aprovechan para reforzar las posiciones militares. El empleo de tropas de la ONU ha sido continuamente retrasado y hasta ahora sólo han llegado observadores militares. El diálogo intercongoleño encuentra toda una serie de obstáculos y la presencia de las tropas extranjeras está sólo favoreciendo el saqueo de las minas.

--Zenit: ¿Cuál es la solución de esta guerra interminable?

--Monseñor Monsegngwo: El problema fundamental es el de reestablecer el estado de derecho en la República Democrática del Congo. Poniendo en marcha instituciones republicanas garantizadas por un consenso nacional, fruto del diálogo entre los varios componentes de la clase política y de la sociedad civil.

La guerra que está afectando a los países de los Grandes Lagos tiene características políticas y económicas pero es sin duda una crisis del derecho. No se encontrará una solución global y duradera si no se afronta la dimensión jurídica de la crisis. La negligencia con la que se ha buscado la solución a esta crisis ha hecho que esté durando demasiado. Las medidas discutidas y firmadas en el acuerdo de Lusaka son necesarias para poder garantizar la paz en toda la región de los Grandes Lagos. Si no se estabiliza la situación en la República Democrática del Congo, será imposible tener paz en toda la región.

--Zenit: ¿Cuál es el papel y la función de la Iglesia en esta compleja situación?

--Monseñor Monsegngwo: El estado de guerra inútil y atroz en el que yace la región de los Grandes Lagos desafía y compromete a la Iglesia que no quiere abandonar a sus hijos. La Iglesia en Africa es la voz de todos los que son víctimas de los horrores de la guerra. En todas las condiciones, incluso las peores, la Iglesia seguirá proclamando el respeto de la dignidad humana y de los derechos internacionales de las personas.

La Iglesia es mensajera de paz y por esto denuncia y condena todos los conflictos armados, el tráfico de armas y el uso de los niños-soldado. La Iglesia combate todas las ideologías etnocéntricas y todas las políticas que crean división en la comunidad.

Defender el propio país no significa apoyar la cultura del odio. El testimonio de amor y de reconciliación de los cristianos puede abrir el corazón a muchas personas con el fin de impedir los conflictos armados. La Iglesia es mensajera de esperanza. Una Iglesia signo de contradicción que no obstante las condiciones de guerra, odio, y conflictos étnicos, proclama los valores del amor, de la paz, de la fraternidad, de la justicia y de la verdad. Una Iglesia instrumento de paz y esperanza en Africa.