En la lucha contra la enfermedad de Hansen se necesita el empeño de todos

Afirma en un mensaje el presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 27 enero 2012 (ZENIT.org).- “En la lucha contra la enfermedad de Hansen se necesita el empeño de todos” es el título del mensaje firmado por el presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, monseñor Zygmunt Zimowski, con motivo de la 59 Jornada Mundial de los Enfermos de Lepra, que se celebra el próximo domingo 29 de enero.

En su mensaje, monseñor Zimowski afirma que “las personas curadas y sanadas de la lepra pueden y deben expresar toda la riqueza de su dignidad y espiritualidad y, además, una plena solidaridad hacia los otros, sobre todo respecto a quien ha sido igualmente afectado y ha quedado marcado indeleblemente por la infección”.

Señala también que todos los empeñados en la lucha a la enfermedad de Hansen deben “seguir con tenacidad su trabajo para que los éxitos obtenidos se hagan definitivos y mejoren cada vez más, reduciendo lo más posible las recaídas y los nuevos casos.

Explica que el mycobacterium leprae no ha sido todavía erradicado, aunque el número oficial de nuevos contagios sigue decreciendo y actualmente están en torno a los 200.000 según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) relativos a 2010-2011.

El prelado señala que, además de mantener la distribución gratuita de los fármacos necesarios, hay que promover un diagnóstico a tiempo y la perseverancia en someterse a las terapias. También es importante reforzar la sensibilización y formación en la prevención.

El presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud comenta el pasaje del mensaje de Benedicto XVI para la XX Jornada Mundial del Enfermo, en el que comenta el relato evangélico de la curación de los diez leprosos, y cita estas palabras del papa: "La fe de aquel leproso que, a diferencia de los otros, al verse sanado, vuelve enseguida a Jesús lleno de asombro y de alegría para manifestarle su reconocimiento, deja entrever que la salud recuperada es signo de algo más precioso que la simple curación física, es signo de la salvación que Dios nos da a través de Cristo, y que se expresa con las palabras de Jesús: tu fe te ha salvado. Quien invoca al Señor en su sufrimiento y enfermedad, está seguro de que su amor no le abandona nunca, y de que el amor de la Iglesia, que continúa en el tiempo su obra de salvación, nunca le faltará”.

Tal amor, afirma monseñor Zimowski, se expresa también en el compromiso individual y en las realidades eclesiales y de voluntariado, entre las que destaca la Fundación Raoul Follereau y la Orden Soberana de los Caballeros de Malta.

Hace un llamamiento a quien ha sido curado y ha emprendido el difícil camino de la reinserción social y laboral, sugiriendo que puede comunicar su gratitud también “siendo él mismo un testigo, contribuyendo a la divulgación de los criterios de prevención y de identificación a tiempo de la enfermedad, así como al apoyo moral de las personas infectadas”, además de colaborar en las iniciativas para completar las terapias con la reinserción social de los curados.

Y concluye su mensaje afirmando que “será solamente el empeño de todos, y a todos los niveles, el que permitirá transformar la lepra, de amenaza y flagelo, en memoria, aunque tremenda, del pasado”, y confiando a María, Madre de Misericordia y Salud de los Enfermos “a nuestro hermanos y hermanas afectados por la lepra, para que su materna compasión y cercanía les acompañe siempre también en la cotidianeidad de la vida”.