Entre los muros del alma

La historia de quien pensaba llevar a Jesús a las cárceles y ha descubierto a Cristo en el rostro de los presos y las víctimas

Roma, (Zenit.org) Antonio Gaspari | 856 hits

Prison Fellowship International es una asociación presente en 132 países y en todos los continentes, en la que sus miembros visitan las cárceles para promover lo que llaman "justicia restauradora", tratando de aliviar el sufrimiento de las víctimas y recuperar la humanidad de los culpables.

La sección italiana se llama Prison Fellowship Italia Onlus y está dirigida por Marcella Clara Reni. Y para contar esta experiencia de quien ha pensado llevar a Jesús en las cárceles y ha descubierto que Cristo se encontraba en los rostros y en los sufrimientos de los encarcelados y las víctimas, Marcella Reni y Carlo Paris han escrito el libro "Entre los muros del alma" (Tra le mura dell’anima) de la editorial Sabbiarossa.

Para saber más ZENIT ha entrevistado a Marcella Clara Reni. Una mujer valiente, casada, madre de tres hijos, de profesión notaria, directora nacional de la Renovación Carismática Católica en Italia, presidente de Prison Fellowsìhip Italia Onlus y de Victim Fellowship Italia Onlus

¿Por qué ha comenzado este trabajo con los encarcelados?

--Marcella C. Reni: Sucedió de una forma muy casual. Yo soy notaria y mi padre es sargento de los Carabinieri. Como se puede imaginar tengo una formación y una mentalidad muy legalista. Un día se me acercó un paisano y me dijo: "Querida notaria, mi hermano es un joven médico, está encarcelado esperando al juicio, pero él es inocente, no ha hecho nada. Sería necesario ir a la cárcel para recibir un poder general suyo". Fui a recibir este poder con grandes prejuicios. Pensaba "todos dicen los mismo, son todos inocentes, pero quien sabe..." Encontré a este joven. De forma fría y distante leí el poder. Intenté darme cuenta si él entendía lo que estaba leyendo. Cuando terminé de leer le invité a firmar, y me di cuenta que era como si estuviese físicamente y emotivamente muerto. Me sentí incómoda. Yo ya estaba en un camino espiritual y me ha conmovido ver a un joven que no tenía ya ganas de vivir. Le  miré a los ojos y le dije: "ánimo, desde hoy rezaré por ti, cada día rezaré un Padre Nuestro por ti". Recogí mis papeles y me fui y comencé a rezar por este hombre.

Me preguntaba "¿y si realmente es inocente? ¿por qué tanto dolor?" Después la vida frenética me distrajo y no recé más por él. Después de un par de años llegó al estudio un hombre que no reconocía y me dijo: "Buenas tardes notaria, soy el de la cárcel. Quería darle las gracias por haberme salvado la vida. En estos dos años he intentado suicidarme tres veces. Y las tres veces he escuchado en el corazón una voz que decía: 'fuera hay alguien que reza por ti'. Y las tres veces me detuve en el último instante".

En realidad yo me había olvidado de rezar por él, pero Dios no lo ha olvidado nunca y se acordaba de él. De aquí nace mi interés por los encarcelados. Después de este hecho tuve la posibilidad de encontrar en Italia algunos miembros de Prison Fellowship International que no conocía. Se trata de una asociación que está presente en los cinco continente y habían venido a Italia  para pedir abrir una sección.

Buscaban un grupo de católicos. Habían preguntado en el Vaticano a Juan Pablo II, les dirigió a la Renovación Carismática porque "solo gente apasionada y entusiasta de Dios podía desarrollar un trabajo de este tipo".

Así, después de varios encuentros, en el 2009 nace y comienza y trabajar Prison Fellonwship Italia Onlus.

Por razones profesionales y visto que soy licenciada en derecho, los de la RCC me propusieron dirigir la asociación. Tomé este proyecto con mucha soberbia, pensaba ir a las cárceles a llevar a Jesús y sin embargo, lo que más tocó mi corazón y que me ha convertido es que cuando entraba en la cárcel he encontrado a Jesús vivo que me venía al encuentro. No he llevado nada más que mi pobreza.

¿Cómo nace Prison Fellowship International y de qué forma se ha desarrollado la sección italiana?

--Marcella C. Reni: Prison nace en el mundo porque en 1976 el senador democrático Charles Colson, brazo derecho de Nixon, fue acusado de Watergate informático. Fue condenado a trece años de cárcel. Allí se convirtió y cuando salió de la cárcel vendió todo lo que tenía para dedicarse a ayudar a los detenidos en el mundo. Existen lugares en el mundo donde la detención es inhumana y Colson decía: "con Jesús la cárcel, incluso la peor, se convierte en un lugar más humano, sin Jesús es un lugar inhumano"

En este contexto que es una especia de "compañía de los amigos de los detenidos", la intuición, que por ahora es solo italiana, ha dado un paso más con el proyecto Sicomoro que es un encuentro entre detenidos y víctimas. Así hemos fundado en Italia también la Victim Fellowship, porque nos damos cuenta que las víctimas sufren no menos que los detenidos y que también necesitan ser restaurados, y de alguna manera compensados por los detenidos en una relación de reparación.

Hablando con un preso condenado por al menos treinta y cinco homicidios, Mario Congiusta, cuyo hijo había sido asesinado por oponerse a una petición de 'pizzo [impuesto que pide la mafia] en Calabria’, le dijo 'para ti antes o después la pena termina. Mi pena sin embargo no terminará nunca".

Hoy Mario Congiusta explica que "va del dolor al compromiso para que no le suceda a otros" y ha encontrado su serenidad después de haber trabajado para el proyecto Sicomoro. Como él son tantas las víctimas que encuentran la paz después de trabajar para proyecto de Prison y Victin Fellowship.

El primer proyecto 'Sicomoro' nació en la cárcel de Opera. Todos condenados a cadena perpetua. Gente que tenía las manos empapadas de sangre. Lo hicimos pidiendo que nos confiaran a los presos más buenos para ver si funcionaba. Los expertos nos dieron sin embargo a los peores porque dijeron "si funciona con estos funcionará con todos" ¡Y ha funcionado!

Pero ¿quién os lo pide?

--Marcella C. Reni: Es algo que nos piden todos. Es una forma de restituir y reconquistar al bien personas, para que se den cuenta de que muchas de ellas, también los más criminales, son ellos mismo víctimas, en el sentido de que mucho vienen de situaciones familiares desesperadas, de pobreza social y moral y nosotros tenemos el deber de reparar el daño.

Y después asistimos a muchas historias de conversión. Uno que encontramos en el primer proyecto Sicomoro era un testigo de Jehová. Nacido y crecido en una familia de testigos de Jehová. Al final del proyecto pidió recibir los sacramentos católicos. Hoy está bautizado y cuando le he preguntado porqué había tomado esta decisión me contestó: "el Dios que me habían presentado (Jehová) siempre me había juzgado, vosotros me habéis presentado un Jesús que me perdona y yo quiero este Dios".

¿Qué se puede hacer para apoyar vuestro trabajo?

--Marcella C. Reni: Nosotros somo muy pobres, no tenemos ni financiación ni sponsor, pero todos los ingresos del libro van para el proyecto Sicomoro.

Lo que sería útil es que las víctimas que tienen el deseo de sanar las heridas por el daño, nos contacten en seguida. Hemos visto que el encuentro entre víctimas y detenidos crea beneficios a ambos.

Nosotros ayudamos a las personas acompañándolas con la oración y asistimos a cambios milagrosos. Al inicio teníamos dificultad para que nos dejaran acceder a las cárceles, ahora nos buscan, porque han entendido la potencia del proyecto. Son al menos diez las cárceles que nos han pedido intervención.

Al entrar en la cárcel hacemos una presentación a los detenidos explicando el proyecto. Los que deciden participar son seleccionados. En base al tipo de crimen nosotros buscamos a las víctimas. Los que vienen a la cárcel, echan en cara al preso su dolor. Esta experiencia hace tomar conciencia y consciencia a los presos que no pueden hacer otra cosa que no sea entender el sufrimiento que han creado. Esto les empuja a intentar reparar el daño. Son encuentros de gran carga emotiva que toca el corazón también de los que organizamos el encuentro. En ese punto se inicia una relación con arrepentimiento y perdón. Los resultados son increíbles, con la recuperación de vidas manchadas por el crimen y víctimas liberadas del sufrimiento.

Traducido del italiano por Rocío Lancho