Entre patología psiquiátrica y satanismo cultural (I)

Entrevista al presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos

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ROMA, lunes 23 febrero 2009 (ZENIT.org).- Al día de hoy, entre las diversas formas de desviación juvenil, se asiste a la expansión del cada vez más preocupante fenómeno del satanismo cultural, con la complicidad de la fácil disponibilidad de contenidos esotéricos en internet y la falta de valores fuertes en la familia. 


Está convencido de ello el doctor Tonino Cantelmi, psiquiatra y presidente de la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos (www.aippc.net), coautor con la psicoterapeuta Cristina Cacace del libro en italiano "El libro negro del satanismo" ("Il libro nero del satanismo", editorial San Paolo), que habla de una verdadera invasión de los llamamientos a la cultura satánica a través de libros, revistas pero sobre todo la blogosfera y el cine.


Cantelmi pone en guardia en concreto sobre los nuevos dramáticos escenarios que esperan al hombre en el próximo decenio, y que no serán ya paraísos opiáceos sino temáticos: Second Life, los 'chat', internet, facebook, etc proyectan una perspectiva de humanidad deprimidida, más compulsiva.


En esta entrevista concedida a ZENIT, Cantelmi explora el confín entre posesiones demoníacas y psicopatologías.



--¿Nuestra sociedad hipertecnológica está de verdad tan fascinada por el satanismo?

--Cantelmi: La verdadera cuestión es: ¿nos encontramos ante crueles aduladores de Satanás o ante frágiles hijos de los tiempos actuales? Según nuestros cálculos, en Italia hay unas cinco mil personas que están afectadas directamente con un tema satanista, pero estamos asistiendo a un satanismo cultural y al desarrollo de un satanismo ateo, en el que Satanás es la ocasión para un ulterior encubrimiento, es una evolución.



Si hasta el otro día el satanismo se escondía tras las sombras de las ciudades o en pueblos, hoy, en red, el satanismo ha adquirido pleno derecho de ciudadanía: se ha convertido en un producto de consumo. 



Nuestros jóvenes son atraídos por una serie de creencias, sectas, religiones diferentes.  En el muestrario examinado, en el 76% de los casos, se interesan por la magia, cartomancia, ritualismo, iniciación, esoterismo; mientras que el contacto con material satánico es facilísimo en el 78%, sobre todo a través de la música, cinematografía, libros e internet.

Respondiendo a preguntas más específicas, más de la mitad de los jóvenes confiesa que tiene curiosidad por el satanismo; un joven de cada tres declara sentirse atraído; el 10% dice que si Satanás le asegurase la felicidad no tendría dificultad para seguirle. Signo este de infelicidad y del sufrimiento que hay en el mundo actual. Una frase muy difundida en la red, en todas las páginas introductorias de sitios satánicos, es de John Milton extraída de "Paraíso Perdido": "Mejor soberanos en el infierno que siervos en el paraíso".

--¿Se puede hablar por un lado de fenómenos sobrenaturales y por otro de patologías psiquiátricas? ¿Existe una zona gris de confín en la que estos elementos se confunden?



--Cantelmi: En un estudio llevado a cabo entre una decena de personas, entre las cuales --según exorcistas-- había seguramente fenómenos sobrenaturales, emergieron también problemas psiquiátricos. La tarea se complica muchísimo si el problema es distinguir entre personas que sufren enfermedades psiquiátricas y las que viven experiencias sobrenaturales. Lamentablemente la fragilidad psíquica es un modo de entrada extraordinario de sufrimientos de todo tipo.

Esto indica que psiquiatras y exorcistas deben colaborar. Muchos psiquiatras son indiferentes, relegan el mundo del exorcismo al de la superstición; la psiquiatría y la psicología son ciencias relativamente jóvenes que han tenido que luchar para definir sus propios estatutos epistemológicos y que tienen muchas áreas fronterizas. Ya sólo establecer lo que es normal y lo que es patológico exige aportaciones de la antropología y de la filosofía.

Freud, que para nosotros es como prehistórico, categoriza el fenómeno religioso dentro de los problemas neuróticos; tiende a no ver en ellos consistencia, realidad; tiende a ver su aspecto de vivencia neurótica. Precisamente en estos momentos estoy denunciando la discriminación que los pacientes creyentes sufren en las psicoterapias porque sus valores son a menudo ridiculizados por muchos terapeutas o en la mayoría de las veces ignorados.

En 1999, fundamos la Asociación Italiana de Psicólogos y Psiquiatras Católicos con el objetivo de ayudar a la psicología y a la psiquiatría dialogar con otras ciencias, con la antropología y con la teología, convencidos de que una psicología honesta puede enriquecerse con aportaciones diferentes.



Una cosa que hay que combatir son los sincretismos, es decir los "psicosantones", los psiquiatras, los psicólogos que bendicen, que rezan con sus pacientes. ¡El psiquiatra debe ser psiquiatra!

Creo, además, que nosotros los psiquiatras no podemos explicar toda la realidad humana. He descubierto que los exorcistas son personas muy avanzadas. Logran señalar el sufrimiento psíquico y a encomendar con confianza sus pacientes al tratamiento del psiquiatra. Los exorcistas están absolutamente abiertos a la aportación de los psiquiatras.



--¿Qué tipo de problemas psíquicos puede simular la posesión demoníaca?



--Cantelmi: Entrando en lo especifico de la psiquiatría, se abren ante nosotros dos grandes ámbitos: el delirio y las alucinaciones. Llamamos delirio al trastorno del pensamiento, mientras que las alucinaciones son un trastorno de las percepciones. Son dos áreas psicopatológicas desde el punto de vista psíquico: el pensamiento es un proceso mental que comporta la manipulación de símbolos; se da a través de la formación de conceptos, de mecanismos de abstracción, de generalización, del razonamiento, procesos elaborados que usan reglas para llegar a resultados concretos.

Los psiquiatras distinguen dos grandes áreas de síntomas en lo que se refiere a los trastornos del pensamiento: los de contenido que se refieren a las ideas y empeñan toda el área del delirio, y los formales que se refieren al modo en el que estas ideas se unen.


¿Cómo se identifica el delirio? Ante todo hay que decir que el delirio es inmodificable, no se puede superponer a la crítica, se caracteriza por un contenido no coherente con la realidad. Hay delirios fácilmente detectables y otros en cambio mucho más consistentes y mucho más difícilmente detectables.



El delirio puede ser estrambótico, privado de lógica, o sistemático, y por tanto con una lógica interna. El delirio puede ser de varios tipos: de influencia, de referencia, de persecución, de grandeza, de celos -- el cónyuge es un traidor--, erotomaníaco --una persona importante está enamorada de mí-- , hipocondríaco, somático --siento que mi hígado es de cristal--, místico, de culpa, de ruina, nihilismo --el paciente está convencido de que está muerto--.



El delirio es un síntoma de varias patologías, por ejemplo, a la excitación maníaca y aquí las cosas se complican porque el paciente en este estado es un paciente inteligente, activo, propositivo, que quizá tiene un delirio de grandeza y que quizá tiene incluso alucinaciones, ve cosas, oye voces, se construye una realidad, la articula y la explica bien. Puede ser convincente y puede resultar muy difícil captar estos aspectos. En un delirio de influencia, el sujeto siente que en su cabeza se meten pensamientos, está convencido se ser teledirigido.



Gran parte de los delirios son de persecución: el sujeto interpreta que acontecimientos y hechos tienen lugar contra él. Otra característica es que este contenido es siempre interpretado como autorreferencial: pasa un coche y toca la bocina, para mí, si estoy delirando, es una señal, confirma lo que estoy pensando, es decir refiero a mí mismo una serie de experiencias casuales.



Algunos delitos se esconden, hay gente que delira y se lo guarda. Hoy la sociedad competitiva desarrolla más delirios de persecución, de amenaza, de agresión, pero el punto importante es que el delirio no está sólo, se acompaña con trastornos de las percepciones, que en general confirman el delirio. Por ejemplo, en el delirio de envenenamiento (hay alguien que me está envenenando), cuando pruebo cierto alimento noto el sabor del veneno, tengo una alucinación gustativa, percibo su olor. Tuve un paciente que echó abajo una pared porque tenía una alucinación olfativa, olía a azufre y estaba convencido de que en aquella pared estaba el demonio. 


Las alucinaciones visivas pueden ser de dos tipos: veo que se me aparece la Virgen o no la veo, pero mi cerebro construye una imagen, tiene alucinaciones olfativas, gustativas, visuales, táctiles...


Los más frecuentes son los delirios auditivos, es decir, cuando oigo voces que comentan mi actuación, que me ofenden, que me agreden, que no me dejan en paz, que me mandan hacer algo, voces teológicas que me dan el sentido de lo que estoy haciendo, voces que interpretan a los demás, voces que indican un comportamiento. Entonces, puedo sentirme perseguido por una persona, siento que su mirada me está diciendo muchas cosas, oigo que es una voz varonil, es la voz de Dios.

Entre las perturbaciones del pensamiento está también la ensalada de palabras, el hablar asociando ideas y conceptos por asonancia, sin ni siquiera conocer su sentido. En la esquizofrenia, el sujeto inventa palabras, neologismos, habla con ritmo y parece que verdaderamente habla otra lengua, aún no teniendo ninguna pertinencia con otra lengua.


Los trastornos formales del pensamiento pueden también ser positivos: el sujeto habla mucho, de manera detallada; se da también el fenómeno de la fuga de las ideas, es decir, se bloquea porque las palabras no logran ya seguir su pensamiento, que va velocísimo. O la incapacidad para hacer asociaciones mentales (el sujeto parte de un punto y no llega nunca a decir lo que tiene que decir). Está luego la glosolalia, es decir la expresión de mensajes reveladores, con palabras incomprensibles, típico de los esquizofrénicos, cuando el sujeto está convencido de tener un anuncio para la humanidad. O la ecolalia, es decir la imposibilidad de hablar si no es repitiendo lo que otros dicen. Se da también un eco de los gestos, cuando las personas no hacen otra cosa que repetir los gestos que ven hacer.

Luego están los trastornos negativos, como el bloqueo de las ideas: el sujeto responde siempre del mismo modo, tiene pobreza de elocución. El punto álgido de los trastornos formales del pensamiento es el trastorno obsesivo que se caracteriza por pensamientos, impulsos, imágenes que yo siento como extraños y trato de alejar, pero sin lograrlo, y para hacerlo tengo que recurrir a ritos, compulsiones. Tengo un paciente obsesivo que mientras recita Laudes por la mañana, empieza a pensar en una persona. El pensamiento obsesivo, que es un pensamiento incluso mágico, se le insinúa y le dice: "Aquella persona hoy morirá", "soy responsable de la muerte de esa persona", "si me sucede en este salmo, lo repetiré nueve veces", piensa mi paciente.


Muchas personas obsesivas sienten a menudo el impulso de reír en un funeral y blasfemar en una iglesia. En realidad, el paciente obsesivo no lo hace nunca, no cede, pero sufre por ello y lo combate. porque luego su vida está hecha de impulsos que son la cara comportamental de las obsesiones. La vida de un obsesivo se transformará con el tiempo en una vida terrible y dolorosa de compulsiones. Desde siempre este tipo de psique que ya Freud definía como "parásita" ha penetrado en la humanidad y desde siempre la obsesividad ha sido considerada una locura lúcida pero de gran sufrimiento.


Por Mirko Testa, traducido del italiano por Nieves San Martín

[El 25 de febrero publicaremos la segunda parte de esta entrevista dedicada a los trastornos de las percepciones y la fragilidad del hombre contemporáneo]