Enzo, el niño cuyo nacimiento inexplicable ha llevado a los altares a Fray Galvão

Testimonio de su madre, la química brasileña Sandra Grossi de Almeida

| 1752 hits

CIUDAD DEL VATICANO, martes, 8 mayo 2007 (ZENIT.org).- Entre los millones de católicos brasileños que darán la bienvenida a Benedicto XVI se encuentra la mujer que experimentó un milagro atribuido a la intercesión de Fray Antonio de Santa Ana Galvão y que permitirá su canonización el próximo 11 de mayo.



Se trata de la paulista Sandra Grossi de Almeida, licenciada en Química, de 37 años, residente en Brasilia, quien dio a luz a su hijo Enzo, en 1999, ante la sorpresa de médicos y científicos.

Su caso fue reconocido como «científicamente inexplicable en su conjunto, según los actuales conocimientos científicos» por el equipo de expertos médicos, el 18 de enero de 2006, en el proceso de canonización de Fray Antonio de Santa Ana, sacerdote brasileño de la Orden de los Frailes Menores Alcantarinos, que vivió entre 1739 y 1822.

Precedentemente Sandra había sufrido tres abortos naturales a causa de un problema congénito, conocido como «útero bicorde», un cartílago que se forma en medio del útero, separándolo en dos partes, lo que imposibilita el crecimiento del feto por falta de espacio.

Los tres embarazos de Sandra --en uno de los casos fueron mellizos-- llegaron sólo hasta el cuarto mes y acabaron de forma natural entre hemorragias y fuertes dolores.

Sandra se había resignado a la idea de no poder concebir y decidió adoptar a Isabela, que hoy tiene 12 años. Cuando quedó embarazada por cuarta vez, era consciente de las dificultades que enfrentaría, pero quería llevar el embarazo adelante, fiel a sus convicciones católicas.

«La ginecóloga me dijo que no me hiciera ilusiones, pero que haría todo cuanto estuviera a su alcance para ayudarme, y me previno claramente sobre la gran posibilidad de perder a otro niño», testimonia Sandra en la edición italiana de «L’Osservatore Romano».

Una amiga de la familia, ya fallecida, le ofreció las «píldoras de Fray Galvão», unas oraciones para pedir la intercesión de este beato brasileño. Sandra comenzó a rezar las oraciones, aunque no conocía la historia del beato.

Para sorpresa de los médicos (pero no de Sandra) en la primera noche de la primera novena a Fray Galvão, la hemorragia paró y los dolores cesaron. «Fue una señal de la intercesión de Fray Galvao por mí», recuerda Sandra.

En el cuarto mes de gestación la sometieron a una cirugía para cerrar el cuello del útero, un procedimiento delicado que se realizó sin que se presentaran las temidas hemorragias.

Sandra siguió encomendándose a Dios por intercesión de Fray Galvao. En el quinto mes de gestación se dio un riesgo de aborto a causa del tamaño del bebé. «Nuevamente recurrí a Fray Galvão», añade Sandra.

Después de pasar por esa fase crítica, consiguió llegar a la 32ª semana de gestación, algo inimaginable para su caso. «Para los médicos parecía imposible pero no para Dios», reconoce.

También parecía inimaginable la conservación del útero tras el parto, ya que el cartílago imposibilitaría la expulsión de la placenta y la única salida sería una histerectomía (extracción total del útero).

El parto fue cesáreo. Enzo padeció al nacer un problema pulmonar grave, una de las principales causas de muerte entre los prematuros. Su madre volvió a encomendarse al futuro santo. Al pequeño le quitaron los tubos al día siguiente, algo que en casos similares sucede sólo después de varias semanas.

Hoy Enzo es un niño sano, de ocho años. Cuándo se le pregunta quién es Fray Galvão, responde: «He nacido gracias a él».