Episcopado colombiano celebra la liberación de los secuestrados

La guerrilla de las FARC puso en libertad a diez policías y militares

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BOGOTÁ, martes 3 abril 2012 (ZENIT.org).- El presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, en nombre todos los obispos del país, ha hecho público un comunicado expresando su alegría por la liberación, por parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), de diez policías y militares, algunos de los cuales llevaban más de doce años secuestrados.

Los últimos diez policías y militares rehenes de las FARC fueron liberados este lunes en un solo operativo, y no en dos como estaba previsto, informó el delegado en Colombia del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Jordi Raich. El mismo confirmó que los liberados llegaron al aeropuerto militar de Catam, en la localidad de Villavicencio, en el helicóptero prestado por el Gobierno de Brasil para esta misión. Desde allí viajaron a Bogotá para recibir atención médica.

Ante esta liberación, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá, hizo público un comunicado en el que expresa su alegría en nombre de los obispos colombianos.

"En el contexto de la celebración de la Pascua, que es la fiesta de la vida, los obispos de Colombia nos unimos a la alegría que invade hoy a quienes han sido liberados de su cautiverio y a sus familiares y amigos, y a los colombianos que no perdemos la esperanza del retorno a la libertad de todos los secuestrados", dice el comunicado.

"Exhortamos a los grupos que mantienen todavía a algunas personas secuestradas --añade--, a que las liberen cuanto antes para que desaparezca definitivamente de nuestra patria el crimen atroz del secuestro y se consolide el respeto profundo a los derechos de todos y cada uno de los colombianos, base indispensable para la construcción de una sociedad justa y fraterna".

Así mismo considera que "la liberación unilateral de todos los secuestrados es un primer paso necesario para iniciar procesos de diálogo y concertación que permitan a Colombia terminar con el flagelo de la guerra fratricida y avanzar por los senderos de la paz, anhelo permanente de todos los colombianos".

Y concluye invitando "a los católicos de Colombia a vivir intensamente la celebración del misterio de la Pascua como un paso de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, de la enemistad a la hermandad, de la división a la unidad".