Equilibrio entre familia y trabajo, un reto cada vez mayor

Presentación en Roma de la carta de Benedicto XVI sobre la Familia

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 27 de septiembre de 2010 (ZENIT.org) La carta del Papa Benedicto XVI en ocasión del VII Encuentro Mundial de las Familias que se realizará en Milán en el año 2012 ofrece elementos “preciosos” para “orientar la reflexión en las Iglesias locales” sobre la importancia de la conciliación entre vida familiar y trabajo.

Así lo expresó el pasado viernes el cardenal Ennio Antonelli, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, durante una rueda de prensa que se realizó en la Santa Sede, en ocasión de la presentación de este documento pontificio.

La carta, dijo el purpurado, “presenta la familia, el trabajo y los días de fiesta como bendiciones y dones de Dios, íntimamente unidos y necesarios para el desarrollo humano e integral”.

El cardenal Antonelli aseguró que el hombre, para vivir y desarrollarse, tiene necesidad, por un lado de bienes instrumentales que son queridos en vista de algo más. Y por otro lado “de bienes gratuitos que son queridos por sí mismos”.

“La comprensión de lo útil y de lo gratuito, como felizmente subrayó la reciente encíclica Caritas in Veritate, es indispensable para las personas, la sociedad y para la misma eficiencia económica”. señaló el purpurado.

Amenazas

Sin embargo, cada vez más “la lógica del máximo rendimiento tiende a aumentar la producción y el consumo, en detrimento de las relaciones humanas y de los valores espirituales”,  advirtió.

El purpurado manifestó su preocupación por el hecho de que, en ocasiones, el empleado se vea sometido a trabajar los siete días de la semana o que el día de descanso sea dedicado solamente a la evasión, y no a actividades que eleven el espíritu y propicien los lazos familiares.

También señaló su desconcierto por el hecho de que, en algunos casos los jefes consideren más productivas a las personas solteras, debido a que no tienen responsabilidades familiares. Igualmente subrayó que en muchas ocasiones, la familia “no recibe adecuadamente el sostenimiento cultural, jurídico, económico y político; se somete un pesado condicionamiento de complejas dinámicas disgregadoras”.

El trabajador siempre debe ver su productividad dentro de la empresa, “no para el máximo rendimiento a cualquier costo para el justo rendimiento, compatible con las exigencias de los trabajos, de las familias, de la sociedad, de la protección del ambiente, ofreciendo en las relaciones de trabajo una flexibilidad a medida de la familia, tema que dista mucho de la precariedad”, dijo el cardenal.

Exhortó también a que en el ámbito familiar se puedan distribuir las labores domésticas con un acuerdo común de parte de los miembros de la familia.

También invitó a los esposos a asumir un estilo de vida  “inspirado en la sobriedad, el cuidado de las relaciones personales, la apertura hacia la comunidad eclesial y las necesidades del prójimo”.

Dijo además que el día de descanso debe celebrarse “de manera que se pueda iluminar el sentido de la vida y del trabajo mismo, reforzando la concesión de la familia y su inserción en la comunidad, reviviendo la relación con la persona de Cristo, Señor y Salvador, quien nos acompaña en nuestro camino diario”.

Por su parte, monseñor Erminio de Scalzi, obispo titular de Arbano y obispo auxiliar de Milán y delegado para la organización del VII Encuentro Mundial de las Familias, agradeció al Pontífice por haber elegido esta ciudad del norte de Italia como sede de este certamen y dijo que el tema “está particularmente lleno de significado”.

Refiriéndose a la cuestión del trabajo y del día feriado, dijo que resultan: “dimensiones necesarias y estrechamente unidas hasta el punto que se dan un significado recíproco”.

El obispo auxiliar de Milán dijo que esta ciudad “se siente particularmente interpelada por el tema del Encuentro, también porque la laboriosidad tradicional ambrosiana puede correr el riesgo de trasladar el trabajo y la profesión al centro de la vida, sacrificando los días de descanso” a pesar de que el Papa los considere “dones y bendiciones de Dios para ayudarnos a vivir una existencia plenamente humana”.

Por Carmen Elena Villa