Eritrea: Creyentes en peligro

Entrevista sobre la persecución religiosa en el país africano

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CINCINNATI, domingo 6 de febrero de 2011 (ZENIT.org). – Según un profesor africano en los Estados Unidos, el terrible azote que sufre Eritrea recibe poca atención internacional debido a que es un país pequeño, pobre y con relativamente poca población.

Pero Eritrea, apunta Habtu Ghebre-Ab, es uno de los peores lugares del planeta para ser creyente – musulmán o cristiano.

Ghebre-Ab nació y creció en Etiopía de padres eritreos y vivió en Etiopía hasta los 18 años. Ahora en Estados Unidos, ha fundado una organización sin ánimo del lucro In Chains for Christ (En cadenas por Cristo). Enseña historia en la Universidad de Cincinnati.

En esta entrevista revela detalles poco conocidos de la dura política antirreligiosa de Eritrea.

- ¿Cuándo conoció por primera vez a Cristo?

Ghebre-Ab: Llegué a conocer a Cristo cuando era niño. Nací y crecí en la Iglesia ortodoxa de mis verdaderamente piadosos padres, así que mi exposición al cristianismo y al Evangelio se remonta a los primeros años de mi vida. (…) Hace ocho o nueve años, volví a la fe de mis padres, a la Iglesia ortodoxa en la que hoy sirvo como diácono.

- Aunque es difícil hacer estimaciones en las que se pueda confiar, ¿nos puede hablar un poco sobre el panorama religioso actual en Eritrea?

Ghebre-Ab: El pueblo eritreo es muy religioso. La religión es parte integral de la vida de la gente y el cristianismo y el islam han coexistido libremente durante siglos. Hoy, de los 4 millones de habitantes más o menos el 50% es cristiano y la otra mitad pertenece al islam. La Iglesia ortodoxa es, por supuesto, la confesión cristiana mayor de Eritrea y Etiopía, y suma casi el 95% de la población cristiana.

- Un informe de Freedom House dice: “Eritrea es una nación en perpetuo estado de emergencia, bajo asedio por sus propios líderes con una población a la que se le niega las libertades más básicas de expresión, asamblea, prensa y práctica religiosa”. ¿Qué significa esto para los cristianos de Etiopía de hoy?

Ghebre-Ab: Lo que significa para los cristianos es que, aunque las así llamadas iglesias minoritarias están proscritas, desde mayo de 2002, se les ha convertido literalmente en criminales, sus miembros y sus líderes arrojados a las cárceles y no se permite en culto en Eritrea. A principios de los noventa hubo indicios de la política antirreligiosa del Gobierno en cuanto a los Testigos de Jehová y también a la comunidad musulmana en Eritrea. En cuanto a las Iglesia ortodoxa eritrea, hubo actos de quema de Biblias ya en 1996 y 1995. Fue en mayo de 2002, sin embargo, cuando el Gobierno eritreo puso en práctica su política antirreligiosa.

Hoy, dentro de las fuerzas armadas todavía hay confiscaciones de Biblias y se castiga a la gente a la que se descubre rezando. Desde el 2005, la Iglesia ortodoxa eritrea ha sido el principal objetivo; su patriarca, Su Santidad Abune Antonios, ha sido puesto bajo arresto domiciliario. Aunque el Patriarca Antonios tiene diabetes y problemas de tensión, no recibe cuidados médicos ni recibe visitas de nadie. Así que los líderes religiosos de las Iglesias ortodoxas, así como los de las protestantes, han sido encarcelados – algunos de ellos desde el 2004.

- Querría centrarme en la persecución de la jerarquía ortodoxa, pero antes, ¿querría saber que provoca esta persecución del Gobierno?

Ghebre-Ab: El trasfondo de esta política antirreligiosa es, por supuesto, un sistema marxista de creencias que el adoptó el Gobierno eritreo durante la lucha armada por la independencia. Si se mira a cierta literatura que se remonta a los años setenta, se hacía el elenco entonces del número y el nombre de las religiones que eliminarían una vez que Eritrea fuera independiente.

- ¿Así que estaba planeado?

Ghebre-Ab: Estaba planeado desde el principio, pero después de la independencia hubo una tendencia entre los eritreos a volver a su fe. Sus años de sufrimiento habían terminado; Eritrea había logrado su independencia y muchos jóvenes se volvieron más religiosos, más espirituales. Creo que el Gobierno, que tenía ese trasfondo marxista, siempre se sintió incómodo con el hecho de que los jóvenes – con independencia de su nivel de politización – volvieran aún a su fe.

- No se atrevieron entonces a atacar a los cristianos y tuvieron que esperar hasta hace poco.

Ghebre-Ab: Exactamente. Con respecto a la Iglesia ortodoxa eritrea llegaron hasta el punto de nacionalizarla porque es la mayor institución religiosa y la más antigua. Creo que pensaban que al nacionalizarla y tener el control total de la Iglesia, tendrían el control total de un gran segmento de la población eritrea.

- ¿Casi como la Asociación de la Iglesia Patriótica China, que está intentando crear una iglesia estatal?

Ghebre-Ab: Exactamente, o quizá para ser más correcto como en la revolución bolchevique en la Unión Soviética cuando el partido bolchevique quiso controlar las iglesias que se permitían existir en aquella época. Ese es el estado de la iglesia cristiana en Eritrea hoy – eliminando las religiones más pequeñas y controlando a las que quedan. Algunos han hecho una gran labor al resistirse.

(…)

- ¿Cuál es la agenda del Gobierno?

Ghebre-Ab: Desearía poder decir que tienen una agenda – el mundo parece estar totalmente pasmado porque este Gobierno no parece saber cuáles son sus propios intereses. No parece saber adónde va porque muchas de las acciones que lleva a cabo son arbitrarias. Aquellos de nosotros que conocemos este régimen, volviendo a tiempos de antes de la independencia, sabemos al menos una cosa: que no tiene una disposición favorable hacia la religión.

- En mayo de 2002, otra ola de grave persecución comenzó contra los cristianos. ¿Qué provocó esto y de qué tipo de persecución estamos hablando?

Ghebre-Ab: En aquella época el Gobierno dijo a los líderes de las iglesias que debían cerrarse. El pretexto utilizado por el Gobierno fue que no se habían registrado de modo correcto. Es necesario registrarse para convertirse en una religión reconocida. Este era el pretexto, esta era la pantalla de humo. Algunas Iglesias en aquella época buscaron cumplir hasta con el más pequeño de los requisitos del Gobierno: dieron los nombres de los miembros de la iglesia, dónde trabajaban, qué hacían y cuál era su situación económica. El trabajo interno de la Iglesia por así decir, si sabemos lo que ocurre dentro será más fácil eliminarlos. El Gobierno busca la eliminación gradual de la fe en Eritrea en general, y considerando el desarrollo de la última década, esto es más seguro que nunca.

- ¿Cuál es la respuesta por parte de los cristianos? ¿Se han ocultado en la clandestinidad? ¿Han emigrado?

Ghebre-Ab: Las iglesias evangélicas fueron las primeras que pasaron a la clandestinidad, aunque el Gobierno lo hizo imposible a través de su aparato de seguridad – fueron perseguidos. Así que lo único que pudieron hacer fue escapar del país, y miles de jóvenes – no sólo creyentes – también miles de personas que no son religiosas están ahora abandonando el país y pidiendo asilo político en otros países. Hay campos de refugiados en el norte de Etiopía así como en Sudán que acogen a este número creciente de refugiados que salen en masa de Eritrea.

- ¿Y esto a pesar de la orden de disparar a matar a cualquier que sea descubierto huyendo de la frontera eritrea?

Ghebre-Ab: Exacto. Esto no parece haber afectado al número, sobre todo de jóvenes eritreos, que huyen del país.

(…)

- ¿Qué ha ocurrido con las instituciones y tradiciones reconocidas: el islam, la Iglesia católica romana y la Iglesia ortodoxa eritrea? ¿Cómo se enfrenta e intenta limitar el Gobierno la actividad religiosa de estas tradiciones mayores?

Ghebre-Ab: No pretendo hablar por los musulmanes, pero puedo decir que ellos también han sufrido bajo este régimen. A este respecto el Gobierno eritreo es verdaderamente igualitario a la hora de perseguir. Con respecto a las así llamadas Iglesias reconocidas – aunque los medios independientes se abolieron en el 2001, los principales órganos de las organizaciones reconocidas, es decir, el periódico de la Iglesia católica, el floreciente periódico de la ortodoxa eritrea, y también el de otras organizaciones cristianas que supuestamente estaban reconocidas – todos estos periódicos se cerraron incluso antes de que se cerraran los medios laicos independientes.

Otra cosa que ordenó el Gobierno, especialmente a la Iglesia ortodoxa y a la católica, es que los sacerdotes de una cierta edad deberían informar sobre su servicio militar. Alabo a la eparquía católica por haber adoptado una postura inamovible a este respecto diciendo que no había forma alguna de que sus sacerdotes pudieran hacer el servicio militar, pero, dado que la Iglesia ortodoxa estaba controlada por una persona política nombrada, no pudieron resistir y los sacerdotes fueron obligados a ir al ejército.

- Estados Unidos ha colocado a Eritrea en la lista del Departamento de Estado de “Países de Especial Preocupación”. ¿Por qué no oímos hablar de ello? ¿Por qué se calla sobre esto la comunidad internacional?

Ghebre-Ab: Esa es una buena pregunta. Eritrea es un país muy pequeño, con una población de menos de 4 millones de personas (otros informes colocan la población en 5,7 millones). Una gran parte de la población ha estado huyendo desde que puedo recordar. Ha habido oleadas de éxodos fuera de Eritrea por una razón u otra, pero Eritrea, al contrario de muchos de sus vecinos, no tiene petróleo, ni una gran población.

Debido a esto, mientras que otros países de alrededor de Eritrea y el sufrimiento de sus pueblos reciben una gran cantidad de atención, el pueblo eritreo nunca ha recibido de verdad ese tipo de atención, incluso durante la época en que lucharon por la independencia contra la Unión Soviética. Así que hasta que el país no deje de ser considerado insignificante por el resto del mundo, creo que seguirá siendo dejado de lado.

- ¿Qué podemos hacer?

Ghebre-Ab: Diría que sobre todo debemos rezar por el pueblo eritreo, pero también que todo creyente debería ponerse en contacto con sus representantes elegidos para lograr que el sufrimiento del pueblo de Eritrea recibe la atención que sea necesaria.

Ahora hay, como he dicho, miles de jóvenes que abandonan el país. Están sufriendo de modo tremendo. Los campos de refugiados están en el norte de Etiopía y en Sudán. Se debería dar a estos refugiados los derechos propios de los refugiados y darles asilo en estos países.

Tenemos información reciente del número de eritreos que se ahogan en el Mar Mediterráneo intentando cruzar desde Libia a Italia o Malta y muchos de estos países repatrían a estos eritreos. En Egipto hay actualmente cientos de refugiados sin reconocimiento alguno o ayuda de nadie.

- ¿Qué sucede con los que son repatriados?

Ghebre-Ab: Los relatos de quienes han escapado por segunda vez después de ser repatriados… la clase de tortura es casi inimaginable. El Gobierno intenta presentar su mejor cara diciendo: nos haremos cargo de ellos. Los relatos, sin embargo, revelan una historia diferente. Han sufrido torturas horribles y el destino de muchos es desconocido hasta hoy.

- ¿A qué restricciones hacen frente las Iglesias establecidas en términos de publicaciones y permisos de construcción?

Ghebre-Ab: Las Iglesias establecidas no han podido actuar como venían haciendo siempre. Los permisos para obras o cosas parecidas son algo en lo que no se puede ni pensar. Tienen dificultades para mantener los edificios que ya tienen. Por ejemplo, la Iglesia católica tenía algunos colegios buenos y, durante el anterior régimen, antes de la independencia de Eritrea, los colegios fueron nacionalizados. Yo creo que existía la esperanza, y la mayoría de los católicos eritreos y la gente de buena voluntad así lo esperaban, de que estos colegios volvieran a la Iglesia católica y esa fue la petición de la Iglesia católica, y esto no se ha cumplido hasta ahora.

(…)

- He leído que más de 3.200 cristianos están actualmente en prisión por diversas actividades. ¿Cuál es la situación de estos cristianos?

Ghebre-Ab: Nadie lo sabe. De hecho decimos 3.200 porque es una estimación dada por el Departamento de Estado norteamericano. Mi propia estimación personal es mayor porque todo campo militar tiene su propio centro de detención. Hay muchas prisiones no oficiales en las que nadie ha llegado a juicio y nunca ha sido acusado de nada ante un tribunal legalmente constituido. Así que lo mejor que podemos hacer es presentar una estimación de cuán gente hay en prisión. Si cuentas a todos los presos de conciencia podrían ser más de 3.200 y, si hablas de cristianos, de nuevo será un número mayor. Déjeme aclararle algo: hay un montón de gente que ha muerto en prisión por su fe.

- ¿Cómo son estas prisiones?

Ghebre-Ab: Estas prisiones fueron diseñadas para castigar y son sádicas. Hay informes de que la gente ha sido metida en subterráneos sin ver la luz del sol durante años. No los alimentan bien. Han mantenido a gente en contenedores metálicos de transporte marítimo. Hay que recordar el calor que hace en esa zona del mundo y el frío de noche y esa gente metida en los contenedores. Si el Gobierno de Eritrea dejara a las organizaciones humanitarias internacionales o a la Cruz Roja visitar estos centros de detención o a estos presos, el mundo podría ver el tipo de condiciones bajo las que están retenidas estas personas. Pero nadie ha podido ver a estas personas.

- ¿Abriga usted esperanzas?

Ghebre-Ab: Tengo esperanzas. El pueblo eritreo es un pueblo de recursos. No van a tolerar esta injusticia durante mucho más tiempo. El pueblo eritreo ha pagado un gran sacrificio por la libertad. Perdí a dos hermanos y a doce miembros de mi familia en la guerra por la independencia de Eritrea. Puede parecer que mi historia es única pero no lo es – todo eritreo contará una historia similar. El pueblo eritreo no ha pagado todos estos sacrificios y ha sufrido estas indignidades para que se le nieguen los derechos por los que ha luchado y los derechos que se merece.

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Esta entrevista fue realizada por Mark Riedemann para “Dios llora en la Tierra”, un programa semanal radiotelevisivo producido por la Catholic Radio and Television Network en colaboración con la organización católica Ayuda a la Iglesia Necesitada.

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