Eritrea recluta seminaristas para llevarlos al frente

Llamamiento a la paz de todos los líderes religiosos del país

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ASMARA, 7 junio (ZENIT.org).- La guerra está cerrando las escuelas en Eritrea y las escuelas católicas no son la excepción. En días pasados se vio obligada a cerrar sus puertas la Escuela Técnica Don Bosco de Dekemare . Los alumnos de más de 18 años, informa la Agencia de Noticias salesianas (ANS), han sido convocados por el gobierno a participar en un curso militar intensivo para ir después al frente. También han sido reclutados los aspirantes y prenovicios salesianos.



En estos momentos la guerra entre estos dos países tremendamente pobres ha causado el desplazamiento de 750.000 personas. Han huido de las ciudades ocupadas con las modalidades típicas del vandalismo de todas las guerras.

Los desplazados están en campamentos improvisados. Los Religiosos y la Iglesia local han formado el Comité de Emergencia de la Iglesia Católica para ayudar a estos prófugos. Se trata de darles agua, alimentos, galletas a los niños, y algo de dinero para que organicen su supervivencia. De esta manera se evita que la gente muera de hambre.

En estos momentos continúa la guerra entre Etiopía y Eritrea, mientras representantes de los dos gobiernos tratan de encontrar un acuerdo en Argel. Tras el avance de los días pasados de Etiopía en Eritrea, las divisiones de Etiopía fueron derrotadas en Tesseni, a 370 kilómetros de Asmara.

La Iglesia católica, ortodoxa, el Gran Mufti islámico y la comunidad evangélica, las principales confesiones religiosas de Eritrea se han unido para lanzar una desconsolada llamada a la paz.

«Estamos profundamente afligidos por el hecho de que la guerra de fronteras entre Etiopía y Eritrea prosiga desde hace semanas, causando el sufrimiento de millones de personas», se puede leer en el breve pero sustancial documento firmado por el patriarca ortodoxo Filipos, el mufti Alamin Usman, el eparca católico de Asmara Zekarias Yohannes y el reverendo Ogbarebi Hibties por los evangélicos.

Además de insistir en que la violencia no puede llevar a la paz, los firmantes se preguntan el porqué del culpable «silencio» de la comunidad internacional: silencio que de hecho se traduce en tácita aceptación de cuanto sucede. Como representantes de las distintas confesiones del país, los líderes religiosos se ofrecen a las partes en conflicto como mediadores, para que --concluyen-- «la crisis en curso termine y la justicia prevalezca con una solución pacífica, que es necesario alcanzar sin dilación».