Espaldarazo del Papa los Cursillos de Cristiandad, hoy en 60 países

«Seguid con confianza el camino que habéis emprendido»

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CIUDAD DEL VATICANO, 6 mayo 2002 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ofreció este sábado su aliento al servicio que ofrecen los Cursillos de Cristiandad, nuevo movimiento eclesial presente en 60 países de todos los continentes y en 800 diócesis.



«La pequeña semilla arrojada en España hace más de cincuenta años se ha convertido en un gran árbol rico de frutos del Espíritu», reconoció el pontífice aludiendo a los orígenes de esta experiencia eclesial.

La idea-base de su camino espiritual es el cursillo: un retiro de tres días en el que se invita a quienes están en búsqueda de Dios para anunciarles las verdades fundamentales de la fe cristiana. Una idea experimentada por primera vez en 1948 con una peregrinación de jóvenes a Santiago de Compostela.

La experiencia se ha propagado por todos los continentes, y hoy día ha sido vivida por más de ocho millones de personas en todo el mundo.

Juan Pablo II recordó junto a los representantes del movimiento la reflexión que lanzó al reunirse con los nuevos movimientos en Pentecostés de 1998: la necesidad de «crecer en la conciencia y en la identidad eclesial».

En esta perspectiva, los Cursillos de Cristiandad han dado recientemente un paso importante: la petición del reconocimiento canónico y de la aprobación de los propios estatutos por parte de la Santa Sede.

Juan Pablo II recordó en el encuentro de esta sábado otra importante etapa que vivió este movimiento en el año 2000: la tercera «Ultreya» mundial, encuentro mundial de sus representantes que saca su nombre del grito (significa «adelante») que animaba a los peregrinos que iban a Santiago.

Ante el sorprendente crecimiento de esta realidad eclesial, el obispo de Roma invitó a sus miembros a ser «testigos valientes de la "diaconía de la verdad" y a actuar con la "fuerza de la comunión"».

Indicó que el anuncio kerigmático que constituye el corazón del movimiento no es otra cosa que «fijar la mirada en el rostro de Cristo» como ha invitado él mismo en la carta apostólica «Novo Millennio Ineunte».

Y recordó que esta mirada comporta «fiarse del primado de la gracia para emprender un camino de catequesis y de oración, de conversión y de santidad de vida», cuyos frutos serán «un sólido sentido de pertenencia a la Iglesia y un renovado impulso de evangelización en los ambientes de la vida y la actividad cotidiana».

«¡Queridísimos cursillistas! --concluyó--. Seguid con confianza el camino de formación y de vida cristiana que habéis emprendido con tanta generosidad. ¡Duc in altum!».