España: Selección de embriones en hospital participado por la Iglesia

En el Hospital San Pablo de Barcelona se hacen prácticas contrarias a la ética cristiana

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BARCELONA, jueves 7 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Después de que el Vaticano mostrara su preocupación por la situación de algunos hospitales de Cataluña vinculados a la Iglesia en relación al aborto, algunas voces han alertado sobre otras prácticas contarias a la vida en su estado embrionario en estos centros.

El sacerdote barcelonés que denunció la situación ante la Santa Sede el pasado mes de mayo, Custodio Ballester, afirmó además que en el Hospital San Pablo de Barcelona “también se practica la experimentación genética y la selección de embriones humanos”.

En la cartera de servicios de ese hospital –en cuyo patronato se encuentran a partes iguales el arzobispado y el ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña-, se incluye efectivamente el de “Esterilidad y reproducción asistida”.

Casos públicos

De hecho, especialistas del Hospital San Pablo y de la Fundación Puigvert  fueron los que expusieron públicamente en Barcelona el pasado mes de marzo el proceso que siguieron para lograr el nacimiento de un bebé libre de una mutación genética que le predisponía a sufrir cáncer de mama.

Los grandes medios de comunicación españoles se hicieron eco de la noticia dada la novedad de que el sistema público hubiera sufragado los gastos, con la autorización de la Generalitat y de la Comisión Nacional de Reproducción Humana Asistida.

Celebraron que el bebé, gestado in vitro en el marco de un proceso preimplantacional, naciera sano el pasado mes de diciembre.

Varios embriones candidatos no resultaron escogidos para desarrollarse y nacer, y otro llegó a implantarse en el útero, junto al elegido para no heredar la enfermedad.

El director del Programa de Reproducción Asistida y Jefe de Ginecología del hospital San Pablo, Joaquim Calaf, explicó entonces que el otro embrión libre de la carga genética seleccionado había sido sometido a técnicas de congelación por decisión de la pareja.

También dijo que los otros portadores del gen iban a ser desechados o entregados a investigación.

Tras someter a la mujer a un tratamiento hormonalde estimulación ovárica, se le extrajeron los óvulos en el quirófano y fueron fecundados con el semen de su marido in vitro.

Después se llevó a cabo la técnica de diagnóstico preimplantacional con el objetivo de seleccionar los embriones libres de los genes hereditarios que predisponen a sufrir la enfermedad.

Otro de los programas que especialistas del Hospital San Pablo y la Fundación Puigvert expusieron públicamente, en junio de 2009 en un congreso en Barcelona, fue el de “ovodonación altruista”.

Este programa trataba de responder “a la necesidad de un grupo importante de nuestras pacientes que necesitan de la recepción de ovocitos donados para cumplir su deseo de maternidad”, indicaron.

Para ello. se seleccionó un primer grupo de pacientes de su consulta de esterilidad y se solicitó “la colaboración de aquellas pacientes de nuestro programa de FIV” que cumplían unos requisitos.

Entre mayo de 2007 y diciembre de 2008, 16 pacientes aceptaron donar de manera altruista algunos ovocitos a condición de que al menos 10 ovocitos maduros fueran para ellas.

“Se beneficiaron 17 receptoras, con una media de 4,5 ± 0.8 ovocitos por receptora –explicaron los expertos-. En todos los ciclos excepto en uno se consiguieron embriones aptos para transferir”.

“Se lograron 8 gestaciones evolutivas más allá de la semana 10 de gestación (47%) y una gestación bioquímica –añadieron-. La tasa de gestación en las donantes fue del 62,5%, con criopreservación de embriones excedentes en 9 de los ciclos”.

Moral católica

Respecto al tratamiento de la infertilidad, la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunas cuestiones de bioética titulada Dignitas personae (1995) indica la necesidad de que las nuevas técnicas médicas respeten, entre otras cosas, el derecho a la vida de cada ser humano desde su concepción.

La Instrucción Donum Vitae puso en evidencia ya en el año 1987 que la fecundación in vitro comporta muy frecuentemente la eliminación voluntaria de embriones.

Ese documento señala que “la inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio no se puede admitir, salvo en el caso en que el medio técnico no sustituya al acto conyugal, sino que sea una facilitación y una ayuda para que aquél alcance su finalidad natural”.

A la necesidad de respetar la vida humana desde su concepción, reiterada en los documentos vaticano y en las intervenciones públicas del Papa, introduce matices el Instituto Borja de Bioética, asesor del Hospital San Juan de Dios de Esplugues de Llobregat y cuya sede se encuentra en su mismo recinto.

En un monográfico sobre el embrión humano de su revista Bioètica & Debat publicado en 2009, el Instituto Borja ve difícil considerar individuo al embrión antes de su implantación.

El texto indica que “antes de la implantación, en ningún caso se puede hablar de aborto porque aún no se ha iniciado la gestación”.

Con esta misma premisa, por ejemplo, el capellán del Hospital materno-infanti San Juan de Dios de Esplugues justifica que la Píldora del día después no es abortiva.

El Instituto Borja de Bioética, de la Universidad Ramon Llull y presidido por un padre jesuita, fue amonestado públicamente por los obispos de Cataluña en 2005 por la publicación de su Declaración Hacia una posible despenalización de la eutanasia.

La línea roja

Según elcoordinador del secretariado interdiocesano de pastoral de la salud de la conferencia episcopal tarraconense, Alfons Gea, “la selección de embriones está contra la vida y eso no se puede tolerar”.

“¿Qué se hace con los otros embriones que no llegan a nacer? Sencillamente los matan o los manipulan, y son embriones que están fecundados”, denunció.

Para Gea, la Iglesia puede incidir positivamente en los hospitales con la humanización de la salud, los cuidados paliativos, el final de la vida,... pero hay una línea roja que no se debe traspasar y se refiere al respeto a la vida humana.

“Esta manipulación no se puede admitir, se encuentra en lo que es pasar la línea roja –añadió- y si el hospital no quiere dejar de hacer estas prácticas, la Iglesia debe plantearse la única alternativa de abandonar su responsabilidad directiva allí”.

En la carta de respuesta a las denuncias de Ballester, el Pontificio Consejo para los Agentes Sanitarios afirma ser “consciente del desafío que se presenta sobre todo para los hospitales católicos, pues están llamados a tutelar y defender la vida humana en medio de una cultura de muerte” (Cf. ZENIT 23 de junio de 2011).