España: Un bellísimo belén napolitano en Madrid

Exposición abierta en el Ayuntamiento de la capital

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Por Nieves San Martín

MADRID, martes 18 diciembre 2012 (ZENIT.org).- España tiene una gran tradición belenista traída a este país por el mejor alcalde de Madrid, el rey Carlos III, que antes había sido rey de Nápoles, Italia. En aquél reino era costumbre de los habitantes armar el belén, y vestir a sus figuritas –verdaderas obras del arte barroco- con telas, más ricas cuanto más lo era su propietario. Una tradición que perdura.

El Ayuntamiento de Madrid presenta un nacimiento napolitano del siglo XVIII, que expone gratuitamente. La muestra viene acompañada de un excelente catálogo. Son más de 600 piezas que se podrán admirar en hasta el 3 de febrero.

Lo peor, en un Madrid invernal, es hacer esperar fuera de la casa consistorial, el enorme y frío palacio de Comunicaciones frente a la Cibeles, a los aficionados belenistas y turistas de paso. Una larga cola espera que le toque el turno, pues entramos por grupos. La mayoría del público son señoras respetables, familias, y algún que otro turista. Protestamos por el frío y al fin nos hacen pasar, después de casi una hora de espera pero ha merecido la pena. Lo comentamos en la cola. Dos señoras y yo. Luego me entero que una de ellas tiene una relación indirecta, casada con un periodista de la antigua cadena desaparecida de los diarios fundados por el siervo de Dios Herrera Oria. Al final, acabamos en un local del centro, que los madrileños y los de adopción, ella es gallega, conocen. Espero que las dos se hayan abonado a ZENIT.

Menos mal que, aunque haya que buscarla dentro del palacio de Comunicaciones, queda algo de imaginería cristiana en la insípida ornamentación navideña de la capital de España de este año. Parecen los adornos de unas fiestas de invierno, como las llaman ahora quienes combaten la Navidad, renegando de su origen pero no de las vacaciones y toda la parafernalia postcristiana que comportan.

El belén napolitano del siglo XVIII, aparte de reflejar escenas que acompañan a la central del Misterio, es un fiel retrato detallista hasta lo inimaginable del Nápoles de la época. Están representadas todas las clases sociales, gran cantidad de oficios, los vestidos típicos, los ángeles casi flotando en el aire, por la impresión de movimiento que les confieren las ricas vestiduras ondulantes –multitud de ellos al cual más bello--, en una costumbre que acerca el nacimiento de Jesús al presente. En Nápoles, Jesús nacía y nace cada año en sus belenes. Y seguramente reflejaba a personajes del momento, como siguen haciéndolo hoy sus artesanos, y sucede en otros como los catalanes y andaluces. Se introducen figuritas con los famosos o famosillos.

El catálogo ha sido elaborado por dos reconocidos especialistas, los hermanos Carmelo y Emilio García de Castro Márquez. La suerte es que es una ocasión única no sólo para tener las excelentes fotografías de Joaquín Cortés y Celia De Coca, sino la documentada introducción, que incluye las representaciones encantadoras en su ingenuidad de los primeros cristianos en las Catacumbas de Priscila, en Roma, donde ya se pinta a tres Magos, en colores diferentes como para representar a toda la humanidad que viene a rendir homenaje al Niño y a su Madre, sentada como una matrona.

Se cuenta también en sus páginas la tradición franciscana de la que provienen precisamente los dichosos animalitos que tanto han dado que hablar últimamente. San Francisco imaginó que en un lugar donde se resguardaban los animales tendrían que estar estos presentes, que además le encantaban, como toda la naturaleza. Pidió a su amigo Giovanni que le prestara una mula y un buey y allí que los plantó, dando calor al recién nacido. Este primer belén viviente gustó tanto que la escena se repetía cada año y de ahí pasó a las figuritas. Fue san Francisco el que introdujo el asno y el buey. Y a nadie se le ocurre quitarlos, son símbolo de la creación que adora el Misterio.

Hay que verlo. Si pasa por Madrid no deje de acercarse al Ayuntamiento. O acérquese a la colección de belenes napolitanos que tenga más cerca de casa. Es algo digno de ver y disfrutar.

Lo mejor es ir temprano por la mañana aunque haya que pasar un poco de frío, para hacer menos cola. Es casi lo único que queda de la Navidad en un Madrid cada vez más frío en su ornamentación, hasta un poco chabacana. Claro, hay que ahorrar y se contrata la oferta más barata. El caso es que con poco dinero se podía hacer una iluminación más bella. Que se lo digan a los napolitanos.