Estados Unidos: Recordando el 11 de septiembre

Justicia y perdón en el aniversario del ataque a las Torres Gemelas

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Por Ann Schneible

ROMA, miércoles 12 septiembre 2012 (ZENIT.org). – Mientras que el mundo recordó ayer a las víctimas de los mortales ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, los cristianos se sitúan ante una profunda responsabilidad apostólica, no solo en el deber de perdonar a los que realizaron el atentado, sino también en la promoción de un espíritu de evangelización frente a los musulmanes.

Estas son las reflexiones del padre John Wauck, profesor de la facultad de Comunicación Institucional de la Iglesia en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz en Roma. El padre Wauck habló con ZENIT en el undécimo aniversario de los atentados en Nueva York, Washington y Pennsylvania, donde cerca de tres mil personas murieron en un solo día.

En un nivel espiritual, sin embargo, los ataques han llevado a los estadounidenses por primera vez a analizar el modo de responder a un acto de terrorismo a una escala así de grande. "Para la mayoría de los estadounidenses antes del 11de septiembre --dice el padre Wauck--, esta era una cuestión que no se planteaba”. La mayoría de los estadounidenses nunca han experimentado personalmente los efectos del terrorismo. Hoy en día, incluso para los que no viven en Nueva York, todo se percibe de modo personal por la mayoría de los habitantes de los Estados Unidos".

Frente a tanta violencia y tanto odio, los cristianos en particular, tienen que lidiar con el "asunto moral y el desafío del perdón, junto con el interés necesario en ver que se haga justicia. Ha habido una llamada al perdón y una llamada a la justicia al mismo tiempo, y un desafío para no sucumbir en un espíritu de odio", acotó el académico.

Los acontecimientos del 11 de septiembre, además, brindan una atención primordial a los "retos apostólicos del mundo de hoy y a las consecuencias de una cierta pasividad en la evangelización. La verdadera respuesta cristiana al fundamentalismo islámico o al terrorismo, en última instancia, es la evangelización. No hay lugar para el odio, ni para el contraataque: estamos llamados a amar a los fundamentalistas islámicos y orar por su conversión, verlos como posibles cristianos convertidos: este es el desafío más grande".

"Es bueno que el Año de la Fe y el Sínodo de la Nueva Evangelización comiencen ahora --dice el padre Wauck--. La idea de que tenemos que tomar en serio la evangelización es la mejor respuesta a este desafío. Tenemos que ser de los mejores cristianos y apóstoles".