Este es un sínodo sobre todo "para la transmisión de la fe"

Entrevista al arzobispo Héctor Rubén Aguer, arzobispo de La Plata y padre sinodal

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Por H. Sergio Mora

ROMA, viernes 5 octubre 2012 (ZENIT.org).- Este domingo se abre en el Vaticano el Sínodo de los Obispos sobre La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana, con una solemne misa en San Pedro. Varios cientos de personas, entre los cuales cardenales, obispos, sacerdotes y expertos participarán del mismo hasta el 28 de octubre. Durante su celebración, el próximo domingo 11 de octubre inicia el Año de la Fe.

ZENIT ha entrevistado a uno de los padres sinodales, el arzobispo argentino de la ciudad de La Plata, Héctor Aguer*, sobre este evento eclesial, que no es un concilio ni un consejo deliberante, el cual presentará una serie de propuestas a Benedicto XVI para que oriente a la Iglesia a través de una exhortación postsinodal.

¿Cuáles son las expectativas sobre este sínodo?

--Mons. Aguer: El sínodo ha sido convocado para tratar sobre la nueva evangelización para la trasmisión de la fe, y creo que no habría que disociar esos dos elementos.

¿El concepto de nueva evangelización cómo nace?

--El concepto de nueva evangelización ha sufrido una transformación. Lo utilizó por primera vez en 1983 el beato Juan Pablo II referido a la evangelización que la Iglesia debía emprender ante la perspectiva de los 500 años. Luego fue aplicado a la situación de los países de vieja tradición católica, en la cual la fe se vino socavando por diversas circunstancias en particular por los embates del secularismo.

¿Con qué se identifica la nueva evangelización?

--Mons. Aguer: Se identifica con la renovación profunda y permanente de la pastoral ordinaria de la Iglesia y la finalidad es siempre transmitir la fe, en circunstancias a veces difíciles.

¿Entre la nueva y la primera evangelización, hay diferencias?

--Mons. Aguer: Suelo hacer una comparación entre nuestros tiempos y los primeros siglos de la difusión del cristianismo. En esos tiempos el cristianismo se abrió paso en medio de una cultura pagana en decadencia y que al parecer esperaba algo nuevo. Hoy en día el contexto sería de un paganismo postcristiano, los países donde la fe y la cultura cristiana ha sido menoscabada, y allí hay que presentar la novedad permanente de Jesucristo y su mensaje.

¿Cual es la novedad para el hombre pagano postcristiano?

--Mons. Aguer: Hay dificultades específicas pues en ese gran despliegue de la modernidad el hombre se ha ido sintiendo más orgulloso de si mismo. Se encuentra desnudo en un desierto porque ha perdido el sentido de su origen y de su fin, por lo tanto el sentido de su existencia y allí es necesario presentar la novedad permanente de Jesucristo resucitado.

Bien, entonces ¿Cómo trasmitir esa 'novedad permanente'?

--Mons. Aguer: Cada generación cristiana tiene que transmitir la fe, y esa es la obra principal de la Iglesia. La Iglesia, decía Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi, vive el evangelio. Cada uno de sus miembros debe sentir como una misión personal transmitir la fe, en la familia, en los distintos ambientes de presencia eclesial, en los ámbitos hoy en día alejados, o refractarios. Yo subrayo fuertemente, "para la trasmisión de la fe".

De una generación a otra parecería que la fe tiende a perderse

--Mons. Aguer: No creo que haya que aplicar ese esquema. En la Iglesia ha habido renacimientos, de la cultura cristiana, de la teología, de la acción misionera. Hay que ver al sínodo como una gran oportunidad.

¿Y por dónde retomar?

--Mons. Aguer: Por la vida de la Iglesia en las comunidades cristianas. ¿Cómo inició todo? Esas comunidades vivían intensamente el espíritu del Señor y por ello la difusión del cristianismo era connatural con ellas. Se trata de recuperar a una plena vida de fe y de pertenencia eclesial a las multitudes de los bautizados.

¿Es necesario hacer sentir la presencia de Dios, crear un contexto cultural?

--Mons. Aguer: Los signos de la presencia de Dios, por supuesto se dan en la vida de la Iglesia en la liturgia y en las manifestaciones culturales de la fe. El papa ha insistido mucho en el camino de la belleza, que para muchos puede ser el itinerario hacia el encuentro con Cristo, o el testimonio de los cristianos, o la vida de santidad de los fieles. Recordemos el asombro de los paganos en las primeras comunidades cristianas ante el amor fraterno de los fieles.

¿Es suficiente la emoción religiosa?

--Mons. Aguer: Hay que insistir que la fe no es una mera emoción subjetiva, un sentimiento, o una vaga aspiración religiosa, sino que es un encuentro con Jesucristo y una adhesión plena a Él, a la Iglesia, se articula en convicciones y verdades. En la carta Porta Fidei el papa habla de los contenidos de la Fe e indica el Catecismo de la Iglesia Católica del cual se cumplen 20 años, como instrumentos que están a nuestra disposición para transmitir la fe.

--Usted habló antes de pastoral ordinaria de la Iglesia

--Mons. Aguer: El instrumento de trabajo del sínodo hace referencia a la parroquia como centro de la nueva evangelización, pensada no como un sitio al cual se dirigen algunas personas que buscan servicios religiosos, pero como un centro integral de evangelización. Eso supone un trabajo fuerte de los pastores para ofrecer a los fieles oportunidades de formación integral, incorporándolos a la acción misionera apostólica y caritativa.

¿Qué proponen los padres sinodales?

--Mons. Aguer: El sínodo no es un concilio, ni una asamblea deliberativa, su finalidad es presentar al santo padre una serie de proposiciones con las cuales orientará a la Iglesia a través de una exhortación postsinodal.

También hay un lado importante de oración.

--Mons. Aguer: Como toda asamblea eclesial, si no tuviera esto no lo sería, evidentemente se trata de invocar al Espíritu del Señor y estar abiertos a su influjo. Sería una paradoja si nos reuniéramos como expertos que estudian un tema.

¿Podría parecer curioso que una iniciativa de reevangelización parta de un papa teólogo?

--Mons. Aguer: En el caso del santo padre uno ve cómo, además de su obra teológica, es admirable a pesar de toda la carga que la Iglesia supone, pueda seguir profundizando sobre el misterio de Cristo, con las últimas obras que nos ha dado. Uno ve al santo padre en sus homilías con que sencillez se dirige a los fieles. Es abstruso pensar que el teólogo habla para unos pocos. El hecho que el papa sea teólogo nos asegura una convicción muy iluminada y una inspiración continua para renovar las verdades de la fe.

*Monseñor Hécto Rubén Aguer, nació el 24 de mayo de 1943, en el barrio porteño de Mataderos, realizó sus estudios superiores en Humanidades y Filosofía en el Seminario Metropolitano de Buenos Aires (1964-1968), lengua hebrea en el Departamento de Estudios Bíblicos del Instituto de Cultura Religiosa Superior (1965-1967) y Teología en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina (1968-1972). Es Licenciado en Teología.

Ordenado presbítero para la Archidiócesis de Buenos Aires, en 1972 por el cardenal Juan Carlos Aramburu, ejerció diversos cargos dentro del ministerio sacerdotal y la docencia, así como en el campo de la investigación sobre Doctrinas Medievales, san Agustín y santo Tomás de Aquino.

En 1978, trabajó en la diócesis de San Miguel, con diversos cargos hasta que 1980 se le confió la organización del Seminario Diocesano, del cual el obispo lo nombró rector. En 1989 fue designado Prelado de Honor de Su Santidad.

En 1992, Juan Pablo II lo designó obispo titular de Lamdia y obispo auxiliar de Buenos Aires. En 1998, Juan Pablo II lo designó obispo coadjutor de la archidiócesis de La Plata y en 2000 se convirtió en su arzobispo.

En la Conferencia Episcopal Argentina, fue miembro de la Comisión de Fe y Cultura (1993-1999) y luego de las Comisiones de Catequesis y de Educación Católica. Fue delegado del Episcopado Argentino para los Bienes Culturales de la Iglesia (1992-1999).

Más tarde fue miembro de la Región de Pastoral platense, miembro de la Comisión Permanente del Episcopado y de la Comisión Episcopal de Educación Católica. Gran Prior para la Argentina de la Orden del Santo Sepulcro de Jerusalén, Capellán Conventual de la Soberana Orden Militar de Malta y Gran Canciller de la Universidad Católica de La Plata (UCALP).

En la Santa Sede fue consultor de la Pontificia Comisión para América Latina (CAL), miembro de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia y del Consejo Internacional para la Catequesis; socio honorario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino.

En 2007, Benedicto XVI lo nombró nuevo miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz. En 2009, se dio a conocer la designación --junto a varios otros prelados- la designación de monseñor Aguer, como miembro del Consejo Pontificio para la Cultura.