Europa: un año después del asunto Lautsi

Sobre la sentencia acerca del crucifijo en las escuelas públicas de Italia

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ROMA, martes 20 marzo 2012 (ZENIT.org).- Hace un año, la Corte europea de derechos humanos daba su sentencia definitiva en le famoso asunto de los crucifijos italiano (asunto Lautsi). Volvemos sobre un asunto que ha marcado profundamente a la Corte europea y su concepto de los derechos humanos con motivo de la publicación de un estudio de síntesis por uno de los actores de este asunto, Grégor Puppinck.

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Por Grégor Puppinck

Este estudio mira a proponer una síntesis de las principales enseñanzas del asunto Lautsi desde los puntos de vista institucional, jurídico, filosófico, político y religioso. Desde la publicación de la primera sentencia de la Corte europea, el 3 de noviembre de 2009, el asunto Lautsi se ha convertido en materia de debates y un reto a la sociedad a través de Europa. Por esta sentencia, la Corte condenaba a Italia por la violación de la libertad negativa de religión del hecho de la presencia de crucifijos en las aulas de las escuelas públicas. Más allá de la letra y del espíritu original de la Convención, la Corte enunció entonces como norma la asociación del secularismo y la democracia.

Ampliamente chocada por esta sentencia, la sociedad europea se interrogó sobre el papel de la Corte, la relación entre los derechos humanos y la cultura, el significado de la libertad negativa, de la neutralidad y de la laicidad, y sobre el lugar del cristianismo en la identidad europea. Esta reflexión prosigue.

Políticamente, la sentencia de 2009 hacía bascular a la Corte hacia una época nueva, separando a la Corte de la cultura de la modernidad demócratacristiana que había inspirado su creación. De hecho, esta sentencia ha sido a menudo percibida como un abuso de la Corte, y como marcando el triunfo del ateísmo individual sobre la religiosidad social. En otros términos, esta sentencia ha sido juzgada como marcando un doble exceso de poder: el de una Corte internacional sobre la política nacional, y el del individuo sobre la cultura nacional. Finalmente, la sociedad en su dimensión política y cultural se encontraba deslegitimada, como presa en tenaza entre el nivel individual y el nivel internacional que se afirman como las únicas y últimas fuentes de la legitimidad política.

La sentencia definitiva finalmente emitida por la Gran Sala de la Corte europea, el 18 de marzo de 2011, corrige la sentencia de 2009 y aporta respuestas a los interrogantes que había causado. Mientras que la sentencia de 2009 dejaba un vacío entre la autoridad supranacional de los derechos humanos y el individuo, la sentencia de 2011 restituye a la cultura y a la sociedad nacional su cualidad y legitimidad de bienes comunes intermediarios.

El asunto Lautsi ha tenido lugar mientras que las ideologías modernas están en un impasse; Europa se interroga cada vez más abiertamente sobre su proyecto de civilización. La cuestión presentada por el asunto Lautsi era saber si el cristianismo tiene todavía un lugar en este nuevo proceso de civilización, o debe ser desterrado de la identidad occidental futura. La Corte finalmente ha reafirmado la legitimidad social del cristianismo, ha considerado como justificado el hecho de que “la reglamentación conceda a la religión mayoritaria del país una visibilidad preponderante en el ambiente escolar (…) visto el lugar que ocupa el cristianismo en la historia y la tradición del estado”. Esta afirmación toma todo su alcance cuando se nota que la Corte simultáneamente ha relativizado el laicismo denegándole toda neutralidad; no es el modelo obligatorio de la futura Europa.

Las consecuencias perceptibles de este asunto son muy numerosas: religiosas, geopolíticas, jurídicas, institucionales. Este asunto ha contribuido mucho al proceso actual de reforma de la Corte europea. La intervención de una veintena de países contra la sentencia de 2009 ha permitido a la Corte aprender a dudar de sí misma, ¡lo que es bueno y necesario cuando se tiene tanto poder!

Después, la Corte ha empezado a tomar distancia de la ideología liberal posmoderna. Esto es visible en una serie de asuntos relativos al aborto, la bioética o la homosexualidad. Esta ideología poco razonable, culturalmente ultraminoritaria en Europa, es todavía intelectualmente dominante en los medios internacionales cercanos a la Corte. Es este desfase el que, espero por la Corte, está a punto de reabsorberse: es una vuelta a más razón y realismo, lo que es bueno y necesario para toda jurisdicción.

Traducido del francés por Nieves San Martín