Exponentes de las religiones ante la declaración «Dominus Iesus»

Critican la teología católica, pero agradecen la claridad

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CIUDAD DEL VATICANO, 6 septiembre (ZENIT.org).- Perplejidad, críticas, y reconocimiento de que la Iglesia católica, al declarar su identidad, relanzará el diálogo ecuménico y entre los creyentes de las demás religiones. Estas han sido las reacciones a la declaración «Dominus Iesus», redactada por la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el carácter único y universal de la salvación en Cristo, que fue presentada ayer a la prensa por el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de ese organismo vaticano.



Desde Gran Bretaña, mientras la reina Isabel está preparando su visita al Papa, prevista para el próximo 17 de octubre, el arzobispo de Canterbury, George Carey, ha afirmado que: «La idea de que la Iglesia anglicana y otras Iglesias no sean Iglesias en el sentido propio de la palabra parece poner en duda los considerables pasos ecuménicos que se han dado». El documento, añade, no refleja el profundo entendimiento que se ha alcanzado, a través del diálogo ecuménico y la cooperación en los últimos 30 años.

La declaración dice en el número 17: «las Comunidades eclesiales que no han conservado el Episcopado válido y la genuina e íntegra sustancia del misterio eucarístico, no son Iglesia en sentido propio; sin embargo, los bautizados en estas Comunidades, por el Bautismo han sido incorporados a Cristo y, por lo tanto, están en una cierta comunión, si bien imperfecta, con la Iglesia».

El primado católico, monseñor Cormac Murphy-O´Connor ha negado, sin embargo, que el documento pueda afectar negativamente al acercamiento ecuménico y asegura que «el objetivo principal de la declaración vaticana consiste en alertar ante la tendencia a considerar como equivalentes todas las religiones».

El reverendo Manfred Kock, presidente del Consejo de la Iglesia evangélica de Alemania, quien recientemente había hablado de la necesidad de reconocer al Papa como figura simbólica unitaria de la cristiandad, afirmó que el documento «Dominus Iesus» representa «un paso atrás para las relaciones ecuménicas».

Kock ha reconocido al mismo tiempo que «la declaración contiene muchas afirmaciones que las Iglesias reformadas podrían aprobar sin reservas, comenzando por la universalidad salvífica de Cristo»

El patriarcado ortodoxo de Moscú, no ha hecho comentarios, pues quiere estudiar antes el documento. Un portavoz del patriarcado se ha limitado a decir que «católicos y ortodoxos tienen una concepción diferente de la universalidad de la Iglesia y este sigue siendo el meollo de la cuestión».

Para el Islam, el problema se presenta de manera idéntica y opuesta. A la primacía de Cristo se contrapone la primacía de Alá. «Para nosotros --afirma Hamza Piccardo, exponente de los musulmanes italianos-- se aplica el versículo del Corán, según el cual se salvará quien crea en Alá y los profetas, uno de los cuales es Jesús»

Amos Luzzatto, presidente de las Comunidades judías de Italia, es conciso: «El cardenal Ratzinger puede hacer todas las acrobacias verbales que quiera, pero en la práctica para los judíos el Nuevo Testamento ni siquiera existe. Además, decir que la única mediación posible para la salvación es Jesucristo, ¿no nos aparta de todo diálogo?».