Fallece en Roma el obispo congoleño que acababa de regresar del destierro

Participaba en el Simposio de las Conferencias Episcopales de África

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CIUDAD DEL VATICANO, 3 oct (ZENIT.org).- La Iglesia en África pierde a uno de sus pastores más comprometidos y coherentes, monseñor Emmanuel Kataliko, arzobispo congoleño de Bukavu, fallecido esta noche tras padecer un ataque de corazón en Rocca di Papa, localidad cercana de Roma, donde se encontraba participando en la reunión del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM).



En medio de las atrocidades de la guerra civil que vive su país, monseñor Kataliko denunció sin medias tintas las violencias y los abusos cometidos tanto por las milicias gubernamentales como por la guerrilla. Una valentía que le valió la hostilidad abierta de los rebeldes de la Coalición democrática congoleña (RCD), quienes le desterraron durante meses de su misma diócesis (cf. «Congo: regresa el obispo de Bukavu tras siete meses de exilio»).

Monseñor Kataliko había nacido en Lukale, diócesis de Butembo-Beni, en 1932. Ordenado sacerdote en 1958, fue consagrado obispo en 1966, y nombrado arzobispo de Bukavu en 1977.

El arzobispo de la ciudad congoleña de Kisangani, monseñor Laurent Monsengwo Pasinya, protagonista en todos los procesos de paz que han tenido lugar en el país, ha declarado a los micrófonos de «Radio Vaticano»: «Me parece que esta muerte, que ha tenido lugar aquí, en Roma, durante la plenaria del SECAM, que está afrontando precisamente el tema de la Iglesia como lugar e instrumento de paz, de perdón y de reconciliación en África, es como un signo del Señor que nos indica el modelo de este servidor suyo, cuyos méritos han sido reconocidos por la Conferencia Episcopal del Congo y por su arquidiócesis, que celebró su regreso con una alegría increíble».

La emoción y las lágrimas se apoderaron esta mañana de los obispos que están participando en esta cumbre de la Iglesia africana, al anunciarse la muerte de monseñor Kataliko, quien era, además, vicepresidente de la Conferencia Episcopal del Congo. El prelado, había intervenido en la tarde de ayer en el aula, concelebró la eucaristía y cenó con todos los demás obispos. Algunos de los presentes han informado a la agencia misionera «Fides» que se le veía cansado y «con mala cara».

Esta mañana, el cardenal Jozef Tomko, prefecto de la Congregación vaticana para la Evangelización de los Pueblos, tomó la palabra ante la asamblea para recordar la valentía y la fidelidad de monseñor Kataliko, quien tuvo que soportar no sólo la prueba del exilio, sino también la de la prisión de su amigo, monseñor Augustin Misago, obispo de Gikongoro (Ruanda). El purpurado pidió a todos los obispos que sean, como Kataliko, valientes heraldos de la paz en ese continente ensangrentado.

En la tarde de hoy, antes de que volvieran a comenzar las sesiones de trabajo, todos los participantes se recogieron en oración ante el cuerpo de monseñor Kataliko. Los funerales solemnes tendrán lugar en la Capilla del Colegio Urbano de Propaganda Fide, en Roma. El cuerpo del obispo será trasladado a Bukavu en la noche del sábado, 7 de octubre.