Fe y ciencia, un diálogo necesario

Coloquio entre monseñor Ravasi y el genetista Axel Kahn

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ROMA, martes 6 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- “Excluir la razón y no admitir nada más que la razón” son los dos excesos a evitar al confrontar fe y ciencia, afirmó el presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, monseñor Gianfranco Ravasi, tomando un pensamiento del filósofo Pascal.

Lo hizo en el transcurso de un debate con el genetista Axel Kahn, presidente de la Universidad París-Descartes, que tuvo lugar el pasado viernes en la embajada francesa ante la Santa Sede.

El evento se realizó por iniciativa de dicha embajada, en colaboración con la Delegación de la Comisión europea ante la Santa Sede.

Dos excesos que deben sustituirse por “dos miradas, la de la ciencia y la de la fe”, necesarias “para una visión completa de la realidad que se explora”, dijo monseñor Ravasi.

Para el arzobispo, la relación entre ciencia y fe debe darse “en la distinción y en el diálogo”.

Cada una de ellas cubre “ámbitos diferentes, con caminos autónomos y diferentes metodologías”, pero ambas “tienen necesidad la una de la otra para completarse en la mente de una persona que piensa”, afirmó.

Monseñor Ravasi dijo que “la tentación en Occidente es, por un lado burlarse viendo la teología como un producto de la paleontología cultural destinado a ser abandonado con el advenimiento de la ciencia y, por el otro, imponer a la ciencia unos límites fundamentados sobre afirmaciones teológicas”.

Objetos distintos

“La ciencia –prosiguió monseñor Ravasi- se interroga sobre el “cómo”, mientras que la metafísica y la religión se dedican a investigar los valores últimos, el ‘por qué’”.

Aunque ciertamente la teología y la ciencia tienen “gramáticas diversas”, explicó el arzobispo, “también tienen coincidencias metodológicas y expresivas”.

El lenguaje científico moderno, por ejemplo, “recurre mucho a la categoría del símbolo, acercándose al teológico”, dijo.

Por otra parte, “según San Agustín, la fe no es nada si no se piensa sobre ella”; la adhesión de fe no es sólo afectiva, sino que requiere una elaboración intelectual y la teología se sirve de categorías lógicas”, continuó.

Del mismo modo, si el conocimiento de fe se sitúa en un canal distinto al de la simple racionalidad “no es el único de este tipo experimentado por el hombre”, indicó.

Y explicó: “Se puede pensar en la experiencia del enamoramiento, en la que constantemente traspasamos lo que la ciencia nos ofrece y vemos en el rostro del otro la belleza más allá de la objetividad”.

“Se trata de un conocimiento verdadero, aunque no es el mismo que el de la geometría, el de la racionalidad”, afirmó.

No todo es ciencia

Por su parte, el genetista Kahn se preguntó: “¿Por qué es bello un cuadro?”. Y respondió: “No hay una respuesta científica a esta pregunta, pero es legítimo proponerla, así como preguntarse si algo está bien o mal”.

“La filosofía –prosiguió Kahn- es un método racional para buscar respuestas que no pueden ser afrontadas con la ciencia y la racionalidad”.

Y es a la filosofía, en lugar de a la fe, a la que se le exige un diálogo con la ciencia, opinó Kahn.

“El diálogo debe tener un vocabulario de conceptos comunes –añadió-: si los conceptos de la fe y de la ciencia son inconmensurables entre sí, el diálogo no puede ser intelectualmente fructífero”.

“El enfoque filosófico-científico presupone una cuestión abierta a la que se trata de responder –dijo-; si la hipótesis de inicio, después de la verificación, resulta ser falsa, se renuncia a ella”.

En cambio, un enfoque teológico “no puede renunciar a su premisa, que es la Revelación”.

Sin embargo, “el diálogo entre la fe y la ciencia es útil”, dijo el genetista.

“Sobre el humanismo, las posiciones convergen y estamos más de acuerdo que en desacuerdo”, afirmó.

En la investigación con embriones, por ejemplo, “la necesaria protección de la singularidad del embrión –que al desarrollarse se convierte en un ser humano- debe acordarse con o sin fe”, opinó.

“Por esto afirmo que ningún embrión debe ser creado para la investigación sino que podemos utilizar los que ya existen, tan numerosos”, indicó.

“Sobre la condena de los exámenes genéticos a los inmigrantes, pienso como la Iglesia francesa”, añadió.

Para Kahn, “nuestro mundo está fundado sobre los que creen y los que no creen, pero es necesario crear el futuro juntos; hay que dialogar sobre lo que unos y otros consideran el camino correcto”.

“La aparición de un ser humano es el resultado de dos condiciones: poseer un genoma humano y saber mirar al prójimo como a un interrogante, alguien a través de cuyo valor de ser humano percibo mi propio valor”, afirmó Kahn.

“La reciprocidad –concluyó Kahn, que se profesó “agnóstico pero no ateo”-, para un materialista, desde fuera de la Revelación, es la condición del pensamiento moral”.

Monseñor Ravasi recordó que “cuando el Génesis define la imagen de Dios en el hombre, afirma que “hombre y mujer los creó”, es decir, que la imagen de Dios es la relación de amor, la reciprocidad”.

“Para utilizar de nuevo un pensamiento de Pascal”, concluyó el presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, “si existe el amor, existe Dios”.

[Por Chiara Santomiero, traducción del italiano por Patricia Navas]