Filipinas: Asesino de un misionero descubre el Evangelio en la cárcel

Gracias a la labor del capellán y de la Renovación Carismática

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MANILA, 8 feb 2001 (ZENIT.org).- Después de asesinar a un misionero, Edilberto Manero, ha descubierto el Evangelio en la cárcel y el perdón de Dios.



Lo revela el mismo asesino en una carta escrita detrás de los barrotes, donde pasará con toda probabilidad el resto de su vida por la muerte del padre Tullio Favali, misionero del Pontificio Instituto de las Misiones Extranjeras.

Ahora, su vida ha descubierto la esperanza gracias a la ayuda que le ha ofrecido el capellán de la cárcel, el padre Roberto Olaguer.

Manero, que no sabía que el padre Favali era un sacerdote, asesinó al misionero en una emboscada, pues veían en el trabajo de desarrollo integral promovido por el extranjero como un peligroso fenómeno subversivo.

Ahora bien, ya en la cárcel, explica en la carta «he comenzado a buscar el verdadero significado de la existencia».

La transformación pasa a través de la adhesión a la Renovación Carismática; después, a través de la oración, a la que se atribuye el poder de producir cambios positivos en la vida de su familia (tiene tres hijos) y a través de labor del padre Olaguer.

«El padre Robert --escribe el prisionero-- me ha ayudado en mi crecimiento espiritual. Me ha ayudado a abandonar mi vida anterior y a vivir según el Evangelio. Me ha ayudado a sentirme tocado por la idea de que alguien haya podido dar su vida y morir por mi salvación. Es por esto que tengo la esperanza de cambiar».