Formación sacerdotal y pederastia

Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas

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SAN CRISTÓBAL DE LAS CASAS, lunes 6 de junio de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos el análisis que ha compartido monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, sobre la cuestión de la formación sacerdotal y la pederastia.

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Los obispos de México nos hemos reunido para actualizar las Normas Básicas para la formación sacerdotal en el país. Algunos medios informativos elucubran que sólo trataremos lo de la pederastia clerical. No es así.

La formación incluye muchos otros aspectos más fundamentales, como el proceso para lograr una profunda consolidación de la personalidad humana, configurada con la persona de Jesús. Se debe formar el corazón pastoral de los futuros y actuales presbíteros, para que sean capaces de sentir y reaccionar, como Jesús, ante niños, ancianos, hombres, mujeres, pobres, ricos, políticos, legisladores, migrantes, presos, creyentes y descreídos. La formación es integral y abarca lo humano, espiritual, intelectual y pastoral. Del Seminario deben salir verdaderos discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en El tengan Vida. Y de estos aspectos estamos reflexionando en asamblea.

En cuanto al grave delito de pederastia clerical, que no abunda entre nosotros, la Congregación para la Doctrina de la Fe, de parte del Papa, nos ha enviado una carta para que la conferencia episcopal elabore una guía sobre cómo proceder con más eficacia cuando se presenten esos casos. Hemos nombrado un comité que se encargará de hacer las consultas pertinentes y, en noviembre próximo, definiremos este procedimiento.

JUZGAR

Las Normas Básicas, que estamos actualizando, resaltan lo dicho por el Papa Juan Pablo II en la Exhortación Pastores dabo vobis: “Los presbíteros son llamados a prolongar la presencia de Cristo, único y supremo Pastor, siguiendo su estilo de vida y siendo como una transparencia suya en medio del rebaño que les ha sido confiado... Son una representación sacramental de Jesucristo Cabeza y Pastor... Existen y actúan para el anuncio del Evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo y actuando en su nombre”. Son una “imagen viva y transparente de Cristo sacerdote. La vida y ministerio del sacerdote son continuación de la vida y de la acción del mismo Cristo”. Por tanto, “el sacerdote está llamado a ser imagen viva de Jesucristo, Esposo de la Iglesia, instrumento vivo de la obra de Salvación, epifanía y transparencia del Buen Pastor que da la vida. Esta identidad está en la raíz de la naturaleza de la formación que debe darse en vista del sacerdocio y, por lo tanto, a lo largo de toda la vida sacerdotal”. Por ello, “los candidatos al sacerdocio deben prepararse con gran seriedad y acoger y vivir el don de Dios, conscientes de que la Iglesia y el mundo tienen absoluta necesidad de ellos; deben enamorarse de Cristo Buen Pastor; moldear el propio corazón a imagen del suyo; estar dispuestos a salir por los caminos del mundo como imagen suya, para proclamar a todos a Cristo, que es Camino, Verdad y Vida. Su vocación es un llamado a configurarse, por el sacramento del orden, con Cristo Cabeza y Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia” mediante una “ligazón ontológica específica”.

Esta fundamentación teológica del ministerio presbiteral nos obliga a formar sacerdotes que reflejen esa altísima vocación y misión.

ACTUAR

¿Qué hacer para evitar que haya sacerdotes pederastas? Las Normas Básicas dan criterios tajantes: Al concluir el Seminario Menor (bachillerato), el alumno debe haber “consolidado su identificación psico-sexual masculina”. En Filosofía y Teología, se pide poner “especial cuidado en la madurez afectiva de los seminaristas promoviendo la educación en el amor oblativo, en la afectividad y en la sexualidad, haciéndoles conscientes del papel determinante del amor en la existencia humana. Aprendan a relacionarse sin ambigüedades con toda clase de personas, empezando por la propia familia; sean capaces de vivir la amistad serena y profunda, habituándose a tratar a hombres y mujeres con el respeto y la prudencia que exige el celibato que abrazarán por el Reino de los cielos”.

Y con claridad se indica: “Los formadores estén atentos al proceso personal de cada formando, para acompañarlos adecuadamente y discernir a tiempo los casos de inadecuada identidad psicosexual o cualquier otro desequilibrio de la personalidad que los haga no aptos para abrazar y ejercer el ministerio sacerdotal. Téngase en cuenta que la promoción de estos candidatos compromete no sólo la responsabilidad del individuo, sino también la de la Iglesia, e incluso puede llegar a tener repercusiones civiles y legales en el futuro”.