Francisco en St. Marta: Dios tiene una relación personal con su pueblo

El Santo Padre en la homilía recuerda que la fidelidad cristiana es simplemente mantener nuestra pequeñez para poder dialogar con el Señor

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) Redacción | 2402 hits

El Santo Padre ha afirmado que "protegemos nuestra pequeñez para dialogar con la grandeza del Señor". En la homilía de hoy martes en Santa Marta, Francisco ha subrayado que el Señor tiene una relación personal con nosotros, no es un diálogo con la masa. Asimismo, ha recordado que el Señor elige siempre a los pequeños, quien tiene menos poder porque mira nuestra humildad.

Francisco ha centrado su homilía en la idea de "el Señor y los pequeños" afirmando que "la relación del Señor con su pueblo es una relación personal" es "siempre de tú a tú".

Por ello ha explicado que "en un pueblo, cada uno tiene su sitio. Pero el Señor habla a la gente así, a la masa, nunca. Siempre habla personalmente, con los nombres. Y elige personalmente. El pasaje de la creación es una figura que hace ver esto: es el mismo Señor que con sus manos artesanalmente hace al hombre y le da nombre: 'tú te llamas Adán'. Y así comienza esa relación entre Dios y la persona. Y hay otra cosa, hay una relación entre Dios y nosotros pequeños: Dios, el grande y nosotros pequeños. Dios, cuando debe elegir a las personas, también a su pueblo, siempre elige a los pequeños". Dios, ha continuado Francisco en su homilía, elige a su pueblo porque es "el más pequeño", tiene "menos poder" que los otros pueblos. Hay un "diálogo entre Dios y la pequeñaza humana". También la Virgen María dijo: "El Señor ha mirado la humillación de su sierva". El Señor "ha elegido a los pequeños".

El Papa se ha detenido en la Primera Lectura de hoy para reflexionar sobre esta actitud del Señor, que "se ve claramente". El papa Francisco ha explicado que el profeta Samuel está delante del más grande de los hijos de Jesé y pensó que era "su consagrado, porque era un hombre alto, grande". Pero el Señor le dice que "no mire su aspecto ni su estatura" y añade: "yo lo he descartado, porque no cuenta lo que ve el hombre". De hecho, ha proseguido el Pontífice: "el hombre ve la apariencia, pero el Señor ve el corazón. El Señor elige según sus criterios". Y elige a "los débiles y los humildes, para confundir a los poderosos de la tierra". Así como "el Señor elige a David, el más pequeño" que "no contaba para su padre", el que no estaba en casa porque cuidaba a las ovejas, ha recordado Francisco. Y David fue elegido.

El Santo Padre ha afirmado que "todos nosotros con el bautismo somos elegidos por el Señor. Todos somos elegidos. Nos ha elegido uno a uno. Nos ha dado un nombre y nos mira. Hay un diálogo, porque así ama el Señor. También David después se convirtió en rey y se equivocó. Quizá ha hecho muchos, pero la Biblia cuenta dos errores grandes, dos errores de esos importantes. ¿Qué hizo David? Se ha humillado. Ha vuelto a su pequeñez y ha dicho: 'Soy un pecador'. Y ha pedido perdón y ha hecho penitencia".

Y continúa el Santo Padres señalando que después llega el segundo pecado, David dijo al Señor: "Castígame, no al pueblo. El pueblo no tiene la culpa, yo soy culpable". David, ha reflexionado el Papa, " ha guardado su pequeñez, con arrepentimiento, con oración, con llanto". Prosigue el Santo Padre: "pensando en estas cosas, en este diálogo entre el Señor y nuestra pequeñez me pregunto donde está la fidelidad cristiana".

Y así ha finalizado el Pontífice: "la fidelidad cristiana, nuestra fidelidad, es simplemente mantener nuestra pequeñez, para poder dialogar con el Señor. Mantener nuestra pequeñez. Por esto la humildad, la mansedumbre son tan importantes en la vida del cristiano, porque guarda la pequeñez, a la que le gusta mirar al Señor. Y será siempre el diálogo entre nuestra pequeñez y la grandeza del Señor. Nos dé el Señor, por intercesión de san David - también por intercesión de la Virgen que cantaba gozosa al Dios, porque había mirado su humildad - nos dé el Señor la gracia de mantener nuestra pequeñez delante de Él".

Texto traducido y adaptado de Radio Vaticano por Rocío Lancho García