Francisco va a la isla de los desembarques

En Lampedusa rezará por las decenas de miles de migrantes ahogados en los naufragios

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 1079 hits

El lunes 8 de julio el papa Francisco estará a la isla de Lampedusa, situada en el sur de Italia y muy cerca de África. Allí rezará por los miles de migrantes que murieron ahogados intentando cruzar el mar Mediterráneo, sea para escapar de los conflictos armados, que para emigrar buscando mejores condiciones de vida.

El santo padre ha tomado la decisión de este viaje tras haber recibido la noticia de un reciente naufragio. “El papa Francisco, profundamente tocado por el reciente naufragio de una embarcación que transportaba migrantes provenientes desde África, el último de una serie de análogas tragedias, va a rezar por quienes perdieron la vida en el mar”, indicó hoy el director de la Oficina de Prensa, padre Federico Lombardi a los periodistas allí presentes.

Y añadió que “visitará a los sobrevivientes, a los prófugos, animará a los habitantes de la isla y hará un apelo a la responsabilidad de todos para que se tomen los cuidados necesarios para estos hermanos y hermanas en situación de extrema necesidad”.

Dadas las particulares circunstancias, precisó el portavoz, “la visita se realizará del modo más discreto posible y en el respeto del los obispos y autoridades civiles de la región”.

El papa irá a la isla en un vuelo de Alitalia y regresará el mismo día. 

Las informaciones en los medios de comunicación sobre prófugos o migrantes que llegan en situación desesperada a las costas de Italia son muy frecuentes, aunque no suelen hacer noticia. Generalmente parten desde el norte de África, aunque muchos son originarios de otros países de dicho continente o del Medio Oriente, que llegan al norte del África ya en malas condiciones para desde allí embarcarse hacia Europa.

La isla de Lampedusa, que tiene poco más de seis mil habitantes, se volvió una de las metas de los traficantes de personas, en particular provenientes de Túnez y Libia, especialmente en el período de verano cuando el mar está más calmo. Allí hay un centro de identificación en donde los clandestinos permanecen detenidos hasta que son identificados, proceso que puede llevar muchos meses. En marzo y abril del 2011 el número de detenidos llegó a más de seis mil, superando el número de habitantes de la isla.

En los países limítrofes o cercanos a los europeos los refugiados o migrantes suelen pagar fuertes sumas para que barcos les lleven a Europa en donde entrarán como clandestinos. La mayoría de estas embarcaciones de medio y pequeño tamaño, son naves destinadas a ser desarmadas o en mal estado, y allí hacinan a los pasajeros y los dejan muchas veces en el mar, delante de las costas europeas, o hunden a las embarcaciones. Otras veces las abandonan a la deriva y piden auxilio por radio a las fuerzas navales de los países a los cuales se dirigen.

Entonces como en el caso italiano, los pasajeros de estas barcazas son llevados a centros de acogida, en donde permaneces detenidos hasta que son identificados y pueden obtener asilo o ser regresados a sus países de origen.

Las llamadas carretas del mar han producido miles de víctimas y el tráfico de seres humanos ha sido calificado como un negocio más lucrativo que el mismo tráfico de drogas. Las mafias y traficantes en la última década, se calcula que lleven al menos unas 35 mil personas al año hacia Europa provenientes de países pobres. Los datos de los muertos en las travesías parecen un boletín de guerra.

Aunque la mayor vía de entrada de los clandestinos en el viejo continente no es el la de los desembarques, sino la de personas con visa turística que después se quedan a trabajar, intentando en algún modo de obtener una regularización, aunque las mismas están prohibidas en la Unión Europea.

La trata y el tráfico de personas son delitos que se han incrementado en forma alarmante en los últimos años, debido a las difíciles condiciones de vida en los países menos desarrollados, al endurecimiento de las políticas migratorias en los países industrializados y al hecho de que por mucho tiempo estos fenómenos no fueron considerados como un problema estructural sino como una serie de episodios aislados, indica la agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

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