Frente al cientificismo ateo, reconocer el gran valor del hombre

Primera predicación de Adviento del padre Cantalamessa

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 3 de diciembre de 2010 (ZENIT.org).- Frente al cientificismo ateo, que despoja al hombre de toda superioridad sobre el resto de la naturaleza, es necesario restituir al ser humano su noble papel, basado sobre su ser a imagen y semejanza de Dios.

El padre Raniero Cantalamessa, OFM cap, predicador de la Casa Pontificia, lo recordó este viernes en su primera predicación de Adviento en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico Vaticano, en presencia del Papa.

El predicador confesó que el objetivo de sus tres meditaciones de este Adviento “es el de señalar algunos nudos u obstáculos de fondo que hacen a muchos países de antigua tradición cristiana 'refractarios' al mensaje evangélico”, sobre todo “el cientificismo, el secularismo y el racionalismo”.

Este viernes comenzó con el examen del cientificismo, que como decía Juan Pablo II se niega a “admitir como válidas formas de conocimiento distintas de las que son propias de las ciencias positivas”.

Cuando un científico ateo dice que Dios no existe, observó el padre Cantalamessa, “juzga un mundo que no conoce, aplica sus leyes a un objeto que está fuera de su alcance. Para ver a Dios es necesario abrir un ojo distinto”.

El rechazo del cientificismo, advirtió, “no nos debe naturalmente inducir al rechazo de la ciencia o a la desconfianza hacia ella”.

“Ejemplo luminoso” de “una actitud abierta y constructiva hacia la ciencia” es el nuevo beato John Henry Newman, cuya fe le permitía “mirar con gran serenidad los descubrimientos científicos presentes o futuros”, en los cuales veía “una relación indirecta con las opiniones religiosas”.

El lugar del hombre

Lejos de querer expresar “una crítica general del cientificismo”, el padre Cantalamessa quiso subrayar un aspecto particular que tiene “una incidencia directa y decisiva” sobre la evangelización: la posición que ocupa el hombre.

“La visión cientificista de la realidad, junto con el hombre, quita de golpe del centro del universo también a Cristo”, dijo. “Más que de 'humanismo ateo', al menos desde este punto de vista, se debería hablar, en mi opinión, de antihumanismo o incluso de inhumanismo ateo”.

“La creación del hombre a imagen de Dios tiene implicaciones para ciertos aspectos sorprendentes sobre la concepción del hombre que el debate actual nos impulsa a poner en claro”, prosiguió el predicador.

“El hombre es creado a imagen de Dios, lo que quiere decir que participa en la íntima esencia de Dios que es relación de amor entre Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

“Significa que él, en su esencia, aunque a un nivel de criatura, es lo que, a nivel increado, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en su esencia. La persona humana es 'persona' precisamente por este núcleo racional que la hace capaz de acoger la relación que Dios quiere establecer con ella, y al mismo tiempo se convierte en generador de las relaciones hacia los demás y hacia el mundo”.

Evangelización

Yendo al plano de la evangelización, el predicador de la Casa Pontificia observó que frente al cientificismo, el secularismo y el racionalismo la “exposición irenista de la visión cristiana” es más eficaz que la polémica.

“La expresión más alta de la dignidad y de la vocación del hombre según la visión cristiana se ha cristalizado en la doctrina de la divinización del hombre”, observó.

La Navidad, añadió, es la ocasión ideal para volver a proponernos a nosotros mismos y a los demás este ideal que es patrimonio común de la cristiandad, porque “es la encarnación del Verbo de donde los Padres griegos hacen derivar la posibilidad misma de la divinización”.

Con Cristo, de hecho, “es restaurado, o devuelto a la luz ese ser a imagen de Dios que funda la superioridad del hombre sobre el resto de la Creación”.

De la misma forma, la Navidad “es la antítesis más radical a la visión cientificista”, porque se escuchará proclamar solemnemente que “todo fue hecho por medio de él y sin él no se hizo nada de cuanto existe” (Jn 1,3).

“Volver a escuchar estas palabras, mientras a nuestro alrededor no se hace sino repetir 'El mundo se explica por sí solo, sin necesidad de la hipótesis de un creador', o también 'somos fruto de la casualidad y de la necesidad', provoca indudablemente un shock – reconoció –, pero es más fácil que una conversación y una fe surjan de un shock semejante que de una larga argumentación apologética”.

“La pregunta crucial es: ¿seremos capaces, nosotros que aspiramos a volver a evangelizar el mundo, de dilatar nuestra fe a estas dimensiones de vértigo? ¿Creemos verdaderamente, con todo el corazón, que 'todo fue hecho por medio de Cristo y en vista de Cristo'?”, preguntó el padre Cantalamessa.

Recordó el libro “Introducción al cristianismo”, en el que Joseph Ratzinger afirma que “con el segundo artículo del ‘Credo’ estamos ante el auténtico escándalo del cristianismo”, “constituido por la confesión de que el hombre-Jesús, un individuo ajusticiado hacia el año 30 en Palestina, sea el ‘Cristo’ (el ungido, el elegido) de Dios, es más, incluso el Hijo mismo de Dios, por tanto el punto central, el eje determinante de toda la historia humana”, y pregunta si “es verdaderamente lícito aferrarnos al frágil cabo de un único acontecimiento histórico”.

“Es posible, es liberador y es gozoso – respondió el predicador –. No por nuestras fuerzas, sino por el don inestimable de la fe que hemos recibido y por la que damos infinitas gracias a Dios”.