Fumata negrísima ante miles de fieles que oran por el nuevo papa en San Pedro

Con el 'extra omnes' inició el cónclave. En directa TV miles pudieron apreciar el ambiente existente

Ciudad del Vaticano, (Zenit.org) H. Sergio Mora | 2210 hits

Millones de personas siguieron atónitas la salida de la fumata de la chimenea de la Capilla Sixtina, a través de los medios de comunicación de todo el mundo. La primera fue negra, como se preveía. Pero esta vez no había duda, en una noche romana lluviosa y con la plaza llena de los paraguas de los fieles que oraban, el humo era negro, negrísimo.

Tras la experiencia de otros cónclaves, los técnicos de El Vaticano prepararon sustancias químicas para añadir a la estufa que anuncia con una fumarola blanca o negra, la elección del nuevo papa o su contrario. El humo continuó saliendo durante un buen espacio de tiempo, de tal modo que ocultaba incluso la chimenea y asustó a dos palomas que estaban sobre el tejado de la Capilla Sixtina. No hay duda, los purpurados seguirán "bajo llave".

Los 115 cardenales reunidos en el cónclave iniciaron hoy por la tarde el camino de reflexión y maduración que llevará a elegir al futuro papa, con una particular asistencia del Espíritu Santo.

Con el extra omnes, (todos afuera) pronunciado por monseñor Guido Marini, encargado de las ceremonias pontificias, a las 17,37 horas la Capilla Sixtina cerró sus puertas. Dentro quedaron los cardenales electores, más algunos encargados como el cardenal Prosper Grech, fraile agustino, que hizo la predicación de rito.

La ceremonia de ingreso al cónclave que inició con el cortejo que partió de la Capilla Paulina y llegó a la Capilla Sixtina, así como el juramento de los purpurados, fue visto en transmisión directa televisiva hasta en los lugares más remotos del planeta.

El clima de recogimiento que allí se vivía acompañado por el canto de las letanías de todos los santos, entonado por el coro de la Capilla Sixtina, y el Veni Sancte Spiritus --parte en gregoriano, parte en polifónico- pudo hacer sentir a los espectadores el verdadero clima de fe que se vive en la Iglesia, desmintiendo las imágenes negativas descritas por diversos medios de comunicación.

Tomó el juramento el cardenal Giovanni Battista Re, el más cercano en edad al decano, el cardenal Angelo Sodano que entretanto no entró en la Sixtina por haber superado los ochenta años, como previsto por la ley de la Iglesia que se ocupa del cónclave, la constitución apostólica Universi Dominici Gregi.

Nosotros, Cardenales de la Santa Iglesia Romana, del Orden de los Obispos, del de los Presbíteros y del de los Diáconos, prometemos, nos obligamos y juramos, todos y cada uno, observar exacta y fielmente todas las normas contenidas en la Constitución apostólica Universi Dominici Gregis del Sumo Pontífice Juan Pablo II, y mantener escrupulosamente el secreto sobre cualquier cosa que de algún modo tenga que ver con la elección del Romano Pontífice, o que por su naturaleza, durante la vacante de la Sede Apostólica, requiera el mismo secreto”, fue leído en alta voz.

Seguidamente cada cardenal diciendo su nombre y apellido dijo: “Prometo, me obligo y juro". Y poniendo la mano sobre los Evangelios, añadió: "Así me ayude Dios y estos Santos Evangelios que toco con mi mano”.

Los ceremoniarios entregaron a los purpurados ya situados en sus lugares, todos reunidos a los pies de fresco del Juicio Final pintado por Miguel Ángel, las fichas con las que deberán votar indicando su preferencia para el futuro pontífice.

La primera votación --explicó los días pasados el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi- lleva más tiempo, porque la mayoría de los cardenales electores participa por primera vez en un cónclave y le deben explicar cómo se expresan las preferencias, la ceremonia que requiere, etc.

A través de los siglos y con el crecimiento del Colegio Cardenalicio, el área de clausura que supone el cónclave se fue ampliando, y con Juan Pablo II se integró en la zona la residencia de Santa Marta, situada a unos 500 metros de distancia y con un escudo electromagnético para evitar cualquier tipo de comunicaciones. El ampliarse de la zona hizo que la Gendarmería Vaticana deba sellar unas treinta puertas.

Los Museos del Vaticano, en donde se sitúa la Capilla Sixtina, siguen abiertos, al menos en buena parte, y los turistas saben que están pasando a solo algunos metros de donde se está decidiendo el nombre del futuro máximo líder la Iglesia.