Genocidio armenio: Precisiones sobre la publicación de la Santa Sede

Para “hacer trabajo de historia”

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 7 de julio de 2011 (ZENIT.org).- La muerte de millones de armenios asesinados en 1915 por los turcos otomanos será objeto una publicación de los Archivos secretos vaticanos, anunció este martes el prefecto de estos archivos, monseñor Sergio Pagano (cf. ZENIT, 5 de julio de 2011).

Este miércoles, Radio Vaticano aportó unas precisiones sobre esta publicación de documentos inéditos destacando que no se publicarán “para crear polémica”, sino para “hacer trabajo de historia”.

El genocidio empezó el 24 de abril de 1915 en Estambul, capital del imperio otomano, con el asesinato de 600 notables armenios por orden del Gobierno.

A finales de verano de 1915, dos tercios de los armenios de Turquía habían muerto en condiciones generalmente terribles. Las autoridades turcas han estado hablando de “masacre”.

Juan Pablo II, en visita a Erevan en 2001, fue más preciso, indica Radio Vaticano.

Después de haber rezado ante el memorial de las víctimas, denunció que “el exterminio de 1,5 millones de cristianos armenios, en lo que se considera generalmente como el primer genocidio del siglo XX, y la aniquilación de otros miles de personas bajo el antiguo régimen totalitario (soviético) son tragedias que viven todavía en la memoria de la generación actual”.

En aquel momento, el Papa Benedicto XV había escrito al Sultán para implorar su clemencia.

Y durante su visita a Estambul en 2006, Benedicto XVI dio gracias a Dios “por la fe y el testimonio cristiano del pueblo armenio, transmitido de siglo en siglo y a veces en circunstancias trágicas, como la del siglo pasado”.

La biblioteca vaticana tiene pruebas y testimonios de estos acontecimientos trágicos, que serán objeto de un libro coeditado próximamente por el servicio de los Archivos del Vaticano.

Este volumen reunirá relatos que describen con detalle las torturas sufridas por las víctimas.

Radio Vaticano citó el hecho de que los soldados otomanos hacían “apuestas” sobre el sexo de los fetos de las mujeres embarazadas antes de descuartizarlas para saber el resultado.

Por Anita S. Bourdin