Gonzalo Herraz: «Inglaterra debería dar marcha atrás»

Director del Departamento de Bioética de la Universidad de Navarra

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ROMA, 8 sep (ZENIT.org-AVVENIRE).- La noticia de la resolución del Parlamento Europeo contra la clonación humana tiene inmediata repercusión en el centro de la Universidad Católica de Roma donde se celebra el Congreso sobre «Los derechos de la persona en la perspectiva bioética y jurídica».



El profesor Gonzalo Herranz, director del Departamento de Bioética de la Universidad de Navarra, que preside el encuentro, se muestra satisfecho. Y explica el motivo: «Mi día más hermoso --aunque yo no lo podía festejar todavía-- fue el primero, cuando comenzó mi vida, en un embrión. Quien no respeta la vida que nace es como si no respetase tampoco la mía».

--¿Cómo juzga la decisión del Parlamento Europeo?

--Es un gesto lleno de sabiduría ética. De aquella amplitud de miras típica de la función de los parlamentos, que tienen la tarea de hacer oír la voz del pueblo. Es la responsabilidad que el Santo Padre confía a los científicos, en la «Redemptor Hominis», de preguntarse siempre si lo que se programa conduce a una sociedad más humana y justa. También la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial recuerda a todos que nunca los intereses de la ciencia pueden prevalecer sobre los intereses del individuo.

--La eliminación del texto de algún principio más riguroso sobre la dignidad del nascituro, ¿no reduce el alcance del resultado?

--Las decisiones políticas no son nunca perfectamente conformes al ideal. El arte político enseña que se debe ceder algo para salvar lo esencial.

--¿Cuáles son los aspectos que podrían ahora dar verdadera eficacia a esta resolución? ¿Las sanciones penales, el recorte a la financiación?

--Las sanciones están ya en las legislaciones francesa, alemana y española. Para ellos no es una novedad.

--¿A qué modelo en cambio debería mirar quien, como Italia, no ha legislado todavía?

--Pienso que al de Francia, que indica el respeto de la vida y del cuerpo humano, si bien la polémica ha llegado también hasta ese país. Pero también Inglaterra puede volver atrás: la ley ha sido enviada a la Autoridad británica sobre la fertilidad y la embriología humana, que tiene un poder prácticamente absoluto para decidir.

--Se habla incluso de recortes a la financiación.

--Estando atentos sin embargo a lo que ha sucedido en Estados Unidos donde, para esquivar la prohibición, los institutos públicos compran las células estaminales obtenidas de los embriones, así no se ensucian las manos...

--Es importante haber parado el proyecto de separar la clonación reproductiva de la terapéutica...

--Es un aspecto central. Cuando fue clonada la oveja Dolly, se estuvo de acuerdo en que la clonación no debía extenderse al hombre. El primero en decir que podía tener grandes resultados para la investigación fue Lord Wilson en Inglaterra. Luego la idea se ha abierto camino...

--Ahora se dirá que la Iglesia quiere frenar a la ciencia...

--Sería injusto, de fanáticos, pensarlo. La Iglesia defiende la dignidad del hombre, de cada hombre. Hay muchos caminos a seguir. Están las células estaminales presentes en la placenta, en el cordón umbilical, pero también en otros tejidos. Se deben continuar las investigaciones sobre las células madre presentes en la sangre, en la médula ósea. Podrían ser reconstituidos tejidos celulares perdidos, del cutis, del hígado, incluso del cerebro. Quien logre patentar este descubrimiento será multimillonario. Y en 6 u 8 años se puede llegar.

--Habiendo campos aceptables ¿por qué se quiere clonar embriones?

--Para hacerlo antes, porque con los que «sobran» no hace falta ni siquiera el permiso de los progenitores.

--¿El freno de Estrasburgo a la investigación tipo «bricolaje» será eficaz?

--Espero que sí. También los nazis usaban a los prisioneros de guerra para estudiar la muerte por aterimiento. Según ellos, no era sadismo, el objetivo era salvar la vida a los pilotos que caían en el mar. Pero ¿se puede contar con la muerte de un individuo para el progreso de la ciencia? Esta decisión provocará muchas reacciones contrapuestas en la comunidad científica. Pero es un freno útil para reflexionar sobre el camino que se estaba tomando. La gente es más consciente de que la gente siente repugnancia ante la investigación con embriones. Y el mundo político lo ha comprendido.