Grito de dolor, condena y esperanza del Papa ante los atentados en EE. UU.

Hace de la audiencia general del miércoles una conmocionada plegaria

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CIUDAD DEL VATICANO, 12 septiembre 2001 (ZENIT.org).- Dolor, pocas palabras y largos minutos de silencio... En sus 23 años de pontificado, Juan Pablo II nunca había presidido una audiencia general como la de este miércoles, en la que quiso recordar a los muertos y heridos de los atentados contra Nueva York y Washington del martes pasado.



Con voz conmocionada, el pontífice utilizó palabras durísimas ante los más de quince mil peregrinos: «Ayer fue un día oscuro en la historia de la humanidad, una terrible afrenta contra la dignidad del hombre».

El mismo pontífice pidió a los presentes que evitaran los aplausos. Se le veía perturbado y así lo confesó: «Nada más recibir la noticia, seguí con participación intensa el desarrollo de la situación, elevando al Señor mi intensa oración».

«¿Cómo pueden verificarse episodios de tan salvaje crueldad?», se preguntó.

«El corazón del hombre es un abismo del que emergen en ocasiones designios de inaudita ferocidad --respondió--, capaces en un momento de trastornar la vida serena y laboriosa de un pueblo».

«Pero la fe nos sale al paso en estos momentos en los que todo comentario parece inadecuado --añadió el Papa Wojtyla--. La palabra de Cristo es la única que puede dar respuesta a los interrogantes que desasosiegan nuestro espíritu».

Por eso, continuó diciendo, «aunque la fuerza de las tinieblas parezca prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte no tienen la última palabra. Aquí encuentra su fundamento la esperanza cristiana; aquí se alimenta, en este momento, nuestra confianza orante».

La confianza de Juan Pablo II se transformó después en una emocionada plegaria. Desde la plaza de San Pedro del Vaticano todos los presentes se unieron en una especial Oración de los fieles por las víctimas del atentado, por los heridos y por sus familiares y por los líderes del mundo.

Todos los presentes junto al Papa elevaron su súplica «Por aquellos que lloran la pérdida violenta de parientes y amigos para que en esta hora de sufrimiento no se dejen poseer por el dolor, por la desesperación y la venganza, sino que más bien sigan manteniendo la fe en la victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte, y se comprometan en la construcción de un mundo mejor».

En memoria de las víctimas, la audiencia papal concluyó con las afligidas notas del «De Profundis» y con una nueva y emocionada oración del Papa.

«Dios omnipotente y misericordioso --rezó en voz alta y entrecortada--, no te puede comprender quien siembra discordia, no te puede acoger quien ama la violencia, mira nuestra dolorosa condición humana, probada por crueles actos de terror y de muerte, consuela a tus hijos y abre nuestros corazones a la esperanza para que nuestra época pueda conocer días de serenidad y paz».