Guzmán Carriquiry: ¿Estados Unidos del Sur?

El subsecretario del Consejo para los Laicos y el proceso de integración

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ROMA, 2 abril 2003 (ZENIT.org).- El futuro de América Latina depende de su capacidad para avanzar en el proceso de integración, incluyendo la posibilidad de una Confederación Sudamericana, afirma Guzmán Carriquiry Lecour, uno de los laicos con mayores responsabilidades en la Santa Sede.



El subsecretario del Consejo Pontificio para los Laicos presenta su tesis en el libro «Un desafío para América Latina» («Una scommessa per l’America Latina», editorial «Le Lettere»), que fue presentado el 27 de marzo en el Senado de la República Italiana, y que en castellano se publicó en México, en agosto de 2002 con el título «Globalización e identidad católica de América Latina» (Plaza y Janés).

«La construcción de los Estados Unidos de Sudamérica se ha convertido en una exigencia primaria, un problema capital, cuestión ineludible», afirma Carriquiry, uruguayo, doctor en Derecho y Ciencias Sociales, llegado a Roma hace más de dos décadas para trabajar con el Papa.

«Hablar de América Latina significa reconocernos en una fraternidad singular que se fundamenta en orígenes comunes», explica subrayando que el proceso de integración no debe basarse sólo en los tratados de libre comercio, sino también en la riqueza cultural de sus gentes.

«América Latina debe decir basta a la letanía de denuncias inútiles, debe dejar de considerarse la “víctima” que le lleva a echar a los demás las culpas de sus fracasos --explica Guzmán Carriquiry--. Al mismo tiempo, deberá prestar atención para no renegar de sus raíces ibero-indoamericanas y cristianas para no caer en el engranaje de un libre mercado salvaje».

En este contexto, considera decisiva la reflexión sobre la relación de América Latina con los Estados Unidos, pues estos últimos tienen «con frecuencia la tentación de considerarla como el patio de su casa: terreno de caza para sus empresas privadas, o de intervenciones militares».

«Para América Latina nunca se ha dado un Plan Marshall, a pesar de que lo necesitaba», constata Carriquiry, que está convencido de que «el destino de América Latina pasa necesariamente por su relación con los Estados Unidos».

«Toda contraposición ideológica trasnochada entre los Estados Unidos y América Latina es estéril», asegura. «América Latina tiene necesidad de los Estados Unidos en un marco global de relaciones serias y dignas. En este sentido, es muy interesante saber cómo pretende involucrarse Washington en el ALCA (el Área de Libre Comercio de las Américas), que representaría para América Latina el acceso al mercado más importante del mundo».

«Los paladines del libre comercio, ¿mantendrán las barreras aduaneras a nuestros productos?», se pregunta. «Más que de ayudas, América Latina tiene necesidad de libre acceso a los mercados, aboliendo los proteccionismos».

«Al mismo tiempo, está claro que para negociar el ALCA, los latinoamericanos tendrán que presentarse unidos, de lo contrario parecerá que se trata de muchos enanos ante un gigante», insiste.

El MERCOSUR (Mercado Común del Sur: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay), según Carriquiry, tiene un papel fundamental para consolidar el eje
Brasil-Argentina, capaz de coagular a su alrededor a otros estados.

«Hoy Brasil tiene un papel central en el liderazgo y por este motivo tenemos que esperar que la presidencia de Lula logre sus objetivos», explica. «Del área de libre comercio se podrá pasar a una confederación y sucesivamente al nacimiento de los Estados Unidos del Sur de América».

Por último, Carriquiry subraya la decisiva contribución que los creyentes deben aportar en este proceso. «Nuestras raíces son cristianas. Nuestra cultura es cristiana. El catolicismo será el factor decisivo para la construcción nacional y para la integración de América Latina en la globalización mundial».