«Hablar de fe en Edith Stein es hablar de vida»

Según Sancho Fermín, un estudioso español de la filósofa

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ROMA, miércoles, 28 marzo 2007 (ZENIT.org).- La fe de Edith Stein (1891-1942), copatrona de Europa, filósofa, carmelita y mártir en Auschwitz, es una «fe vivida».



Lo afirmó el director del Centro Teresiano Sanjuanista de Ávila, Francisco Javier Sancho Fermín, en su intervención durante el Simposio Internacional «Fe y Mística en el Carmelo», clausurado el viernes pasado en la Facultad Teológica «Teresianum» de Roma.

«Edith Stein es una pensadora, pero sobre todo es una investigadora, una mujer que no se detiene en la investigación de la verdadera fe, sino que quiere vivir en conformidad con su fe. Hablar de la fe en Edith Stein es, por tanto, hablar de vida», dijo el coordinador de la edición de las obras de Edith Stein en español.

«Se podría decir que Edith Stein percibe lo que en el fondo ha sido la gran necesidad de la teología tras su separación de la vida: la recuperación de la dimensión existencial», añadió Sancho Fermín, uno de los mayores expertos en el pensamiento y la espiritualidad de Stein en España.

«En el caso del martirio de Edith Stein, una comprensión completa es sólo posible a la luz del desarrollo de su vida, sobre todo por la toma de conciencia de su misión de llevar la cruz», añadió hablando del martirio de Santa Teresa Benedicta de la Cruz.

«El martirio es un itinerario de fe, que frente a la realidad histórica no huye, sino que trata de dar una respuesta profundamente en comunión con Cristo y su mensaje», explicó durante el congreso en el «Teresianum».

Para el carmelita descalzo, «la experiencia de fe de Edith Stein, tanto frente a la verdad histórica del nazismo como frente a la realidad de los campos de concentración» deja una lección: «que Dios es el Dios siempre presente en la realidad, aunque esta realidad parezca contradecir muchas veces la imagen del Dios de la Providencia».

«El martirio nos pone frente a la realidad del abandono, como le sucedió a Cristo en la Cruz. Sí, es entrega, fruto de la confianza en Dios, pero es experiencia de la noche más oscura que pone a prueba la autenticidad de la fe», subrayó.