Hacia la concordia y el reencuentro de la unidad nacional

El embajador de Costa de Marfil entregó al papa sus cartas credenciales

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 4 noviembre 2011 (ZENIT.org).- Este viernes, Benedicto XVI recibió en audiencia a Joseph Tebah-Klah, embajador de Costa de Marfil ante la Santa Sede, con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

El papa ha dirigido al embajador africano un discurso en francés, en el que agradece el mensaje de saludo cordial del presidente de Costa de Marfil Alassane Dramane Ouattara, y pide que le transmita sus mejores deseos para su persona y el cumplimiento de su responsabilidad en su alto cargo, al servicio del país.

Ruega el papa también al “Príncipe de la Paz” para que le “guíe y sostenga en sus esfuerzos de progreso por la vía de una paz duradera, a fin de que todos los que habitan en la tierra marfileña puedan llevar una vida calmada y digna, serena y feliz”.

A través del embajador, Benedicto XVI asegura al pueblo marfileño su amistad.

Se hace eco de las palabras del embajador en las que asegura, dice el papa, “la firme voluntad de los responsables de su país de no ahorrar ningún esfuerzo para llegar a una reconciliación nacional y a una cohesión social sólida y verdadera”.

En este sentido, se contratula de la creación de la Comisión Diálogo-Verdad-Reconciliación y expresa su deseo de que esta sea diligente en sus actividades y trabaje con total imparcialidad.

Asegura haber seguido “con gran preocupación” el “desarrollo dramático de la crisis postelectoral” de este país que atentó a la cohesión social y llevó a las divisiones actuales.

En este sentido, expresa su esperanza de que Costa de Marfil pueda “empeñarse con determinación en el camino de la concordia, de la promoción de la dignidad humana y reencontrar la unidad nacional”. Y cita el salmo 133, que dice “Cuán bueno y dulce para los hermanos es vivir juntos y permanecer unidos”. “Es necesario emprender este camino de reconciliación pues África y el mundo os miran con atención y confianza”, subraya el papa.

Y recuerda la grave crisis que Costa de Marfil acaba de atravesar que dió lugar “a violaciones graves de los derechos humanos, y a numerosas pérdidas de vidas humanas”. Por ello, anima al país “a promover todas las iniciativas que llevan a la paz y la justicia”. “No hay que tener miedo a la verdad sobre los crímenes y sobre todos los atentados cometidos contra los derechos de las personas”, remacha el pontífice.

“El vivir juntos no será posible ni armonioso sino a través de la búsqueda de la verdad y de la justicia. Y este vivir juntos pasa por el respeto de los derechos inalienables del otro que es, de hecho, otro yo, así como por el reconocimiento y el respeto del carácter sagrado de toda vida humana”, subraya.

Anima al embajador y a su país a “comprometerse con resolución en la vía de una gobernanza transparente y equitativa”, así como “a procurar que las riquezas del país beneficien equitativamente a cada ciudadano”.

Recuerda que, como muchos países africanos, Costa de Marfil cuenta con una diversidad de religiones y etnias, por lo que “vivir juntos debe ser ardientemente deseado y animado”.

Cita Benedicto XVI palabras de su encíclica Deus Caritas Est: “El Estado no puede imponer la religión, sino que debe garantizar la libertad, así como la paz entre los fieles de diferentes religiones. Por su parte, la Iglesia como expresión social de la fe cristiana tiene su independencia y, fundándose en su fe, vive su forma comunitaria, que el Estado debe respetar. Las dos esferas son distintas, pero siempre en relación de reciprocidad” (nº 28).

A este efecto, afirma el papa, “el buen funcionamiento de las escuelas y otras instituciones de carácter educativo es indispensable”, dado que son el porvenir y el desarrollo de un país, al enseñar los valores morales, intelectuales, humanos y espirituales.

Recuerda el pontífice que la Iglesia con su especificidad participa “en el esfuerzo de reconstrucción” y no desea “sustituir al Estado”.

Diplomático de larga experiencia

Joseph Tebah-Klah nació en Bouaflé, el 25 de mayo de 1948. Está casado y tiene tres hijos.
Tras el bachillerato en Filosofía, en el colegio Notre Dame d'Afrique, de Abidjan, en 1969, logró un master en Derecho Público en la universidad de Abidjan, en 1974.

Se especializó en Diplomacia, en el Instituto de Administración Pública y Relaciones Internacionales, de París, en 1975, obteniendo también un diploma en Diplomacia, en la Escuela Nacional de Administración de Abidjan, en 1976.

En su carrera diplomática, ha desempeñado los cargos de jefe de la división de Asuntos Consulares en el Ministerio de Asuntos Exteriores, (1976); jefe de gabinete de varios ministerios; primer consejero de embajada en Burkina Faso y Bélgica; consejero de embajada y encargado de Asuntos ante la Santa Sede (2003-2006); consejero, con el rango de embajador, en el Ministerio de Asuntos Exteriores (2008-2011).